La Letra Ausente
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SECCIÓN: COLOQUIO DE SOLILOQUIOS
¿Y SI UNO ES UN VIDRIO ROTO?
Por: DIANA GÓMEZ
Planeta Tierra, Marzo de 2010
Este, como todos los escritos de Antígona es muy personal, quizás demasiado personal para aquellos acostumbrados a que lo público y lo privado no se mezclen. Este texto es personal pero al mismo tiempo colectivo, quizás una incoherencia para algunos otros. Estas palabras están plagadas de sentimientos: tristeza, dolor, rabia, ilusión, pero también de aquello que algunos reconocen como razón. Este texto va y viene, no es blanco ni es negro, porque reconoce que los grises también existen y no quiere hacer ni de lo negro, ni de lo privado, ni de lo colectivo, ni de la emocionalidad la parte devaluada del dualismo.
Estas letras recuerdan a mi padre, a Jaime Gómez,1 1 luego de cuatro años de haber sido desaparecido. Sí, este es mi ritual, un ritual al que me veo avocada por la decisión sucia y absurda de otros, pero que asumo como mi deber de amor y de matria. Estas palabras hiladas en una continua pregunta por Colombia, expresan mi sensación de ser un vidrio roto, un vidrio al que una piedra lanzada con las manos del poder, de lo injusto y lo violento lo desmorona, lo hacen añicos, pero cuyas partes constitutivas siguen regadas en la madre tierra. Y estas palabras también son escritas desde mis múltiples seres, desde mis múltiples pedazos de vidrio desarticulado en los que no ha dejado de asomar la esperanza por otro país.
Uno es un vidrio roto, y supongo que no soy la única, cuando la violencia, pero también la desesperanza y la desilusión lo tocan, cuando uno ve que el país parece sumirse en un continuo de represión, de dictadura, de miedo, de cooptación y de falta de alternativas. Uno es un vidrio roto cuando observa que mucha gente, demasiada, finca sus esperanzas en una sola persona, en un Creonte desfachatado que ya sabe guardar la postura. Pero uno no sabe si es un vidrio roto o demasiado pisoteado cuando Creonte se aferra al poder, incluso figurándose su propio subordinado, buscando burlar las normas, la Constitución, y al pueblo soberano. Creonte no quiere ser más Creonte sino que incluso ha querido ser vicepresidente! Dictadura humana que se aferra al poder hasta sin decencia!
Pero el problema no es sólo Creonte, sino su proyecto. Un proyecto fincado en lo que es una incoherencia para la libertad humana: la Seguridad Democrática. Una Seguridad que desaparece, asesina, acribilla para construir falsos positivos y perdonar criminales. Un proyecto asentado en la pretensión, aún no lograda, de controlar todas las instituciones del Estado, de cambiar el modelo de gobierno, de formalizar una dictadura disfrazaba de democracia y sustentada en un Estado de opinión, que no opina, repite. Un proyecto que no asume a los ciudadanos como seres pensante, que no fomenta el ciudadano deliberativo sino el ciudadano sapo y pone quejas.
El proyecto de Uribe en su Estado de opinión es que todo colombiano crea que es pensante y autónomo llamando a quejarse de los servicios de salud, pero sin poder transformar realmente la situación estructural que ha hecho de ese derecho un privilegio. Es la noción del ciudadano hegemónico construido desde la simplona idea de la igualdad liberal que delata y ayuda a construir la censura con la que nos han educado, la disciplina que limita la libertad humana, el miedo y el señalamiento internalizado que permite que los proyectos fascistas se internalice en todos, un ciudadano convencido de que Creonte y su proyecto son sagrados.
Creonte y su proyecto, que se extiende en Santos, en Arias, en el Partido de la U, es un proyecto construido a base de mentiras, de trampa, de sangre, de miedo. Entiéndase bien: miedo. A nosotros y a nosotras nos han interiorizado el miedo de manera directa como en cualquier dictadura desde estrategias cotidianas, institucionalizadas, algunas explícitas y otras menos evidentes. De la construcción de una sociedad miedosa y autoritaria hacen parte las estrategias del DAS y las chuzadas, los seguimientos, las amenazas, los montajes y la intromisión a la vida privada de las que muchos hemos sido objeto, incluido tú, padre. Pero esta sociedad que ha construido un sentido común del miedo: el miedo a la guerra, al conflicto, a la otredad, a las guerrillas, no se da cuenta que ese sentido común no es tan común porque es impuesto. El sentido común del proyecto uribista dice que la paz se consigue con guerra. ¡En ocho años Uribe no logró acabar con las guerrillas y ni siquiera con los paramilitares! ¿Será que ese si es el camino? ¿Será que el camino es la disciplina de la desconfianza y el señalamiento al que nos obligan los derechistas? ¿Será que la emancipación humana, la libertad, se consiguen por esos caminos?
Papi, sí, a veces me siento un vidrio roto, ¡pero he descubierto que uno puede reconstruirse! Primero empezando por uno mismo, deshaciéndose y haciéndose de otro modo, juntando las partes, pensando distinto. Sí, me dirás, los vidrios nunca después de rotos se juntan, pero yo creo que sí, que eso es posible, ¡esa es mi utopia, mi posibilidad, mi anhelo! Todos los vidrios rotos pueden reconstruirse desde el querer, desde lo individual y lo colectivo, desde los sueños, desde la posibilidad de pensar que otro mundo es posible. Los vidrios pueden rehacerse desde la práctica, desde las decisiones, como la de seguir luchando, la de buscar alternativas, la de deconstruir esa manera en que nos educan y nos siguen educando. Uno se reconstruye cuando abre posibilidades a otras formas de relacionarse con la diferencia, con la naturaleza, cuando repiensa el capitalismo y su proyecto económico devorador del medio ambiente y de los excluidos. Uno se vuelve a juntar como un vidrio, y hacerse lo más limpio posible hasta que pueda ver de manera más transparente la realidad en la que vive, cuando uno puede pensar por uno mismo y se junta con otros vidrios rotos que también quieren reconstruirse, cuando desde el dolor decide actuar y se piensa su proyecto de vida, su futuro y el de generaciones enteras. El vidrio/los vidrios se reconstruyen cuando al individualismo capitalista, liberal, moderno, se le ponen alternativas subvertoras que no se dejan tragar por la hegemonía del poder que incluso, a más de uno de izquierda lo seducen.
Papi, pasaron cuatro años desde que te llevaron y para mi este país sigue igual e incluso peor. La justicia en el caso de tu desaparición y asesinato no asomaron, ¡pero cómo hacerlo si tu partida tiene relación con el proyecto fascista que permitió a Uribe subir al poder por segunda vez! Junto a ti y a las y los otros asesinados, que siguen vivos, que siguen presentes, que rondan nuestros pensamientos y construyen con nosotras y nosotros, vuelvo a decir y a convocar: NI UN VOTO POR LA PROFUNDIZACION DE LA GUERRA NI LA CONSOLIDACION DEL FASCISMO Y LA DERECHA!
Antígona Gómez
Florida, 21 de marzo de 2009
Hola papi, permíteme un diálogo entre esa ilusión que eres tú y ésta que sigo siendo yo. Ya vamos para tres años en que te fuiste a caminar la montaña de la ciudad que amaste desde tus entrañas y en la que te asaltaron unos cuantos asesinos. Ahora sólo tú y unos pocos saben quiénes te mataron, y nosotros intuimos por qué lo hicieron. Seguimos trabajando por saber quién dio la orden y las razones para hacerlo. Es demasiado injusto que alguien como tú, académico, sindicalista, pensador, soñador, político, haya muerto de una manera tan asquerosa (muchos otros mueren como tú o peor).
¿Me preguntas por la familia? Estamos bien. Con un dolor grande cruzado en el corazón, pero llenos de energía y ganas por seguir adelante. Nos reunimos, reímos, te recordamos. ¿La izquierda? ¿Cuál izquierda? Perdón, sí, la izquierda, anda desatada en tantas discusiones que me parecen a veces sólo rencillas por poder y protagonismo. De eso sufren varios, no sólo de los partidos sino también de los movimientos sociales. De las iniciativas ciudadanas. A veces me pregunto cómo hace la gente para ser tan camaleónica, para cambiar de acuerdo a las necesidades.
También me pregunto cómo hacen otros tantos para seguir andando la vida olvidando, sin asumir responsabilidades. En un momento tan decisivo siento que lo que podría ser la alternativa pierde el tiempo luchando intestinamente entre sí. O están mirando quién se puede quedar con el poder, un poder que aún es difícil de conquistar, ensillando la silla sin tener el caballo; o repitiendo discursos viejos que no llevan a nada; o sucumbiendo a la tentación de parecerse a las élites, cooptados, cambiando el discurso ahora tan radicalmente que son otros, o no son nadie.
Otros siguen justificando la guerra, la lucha armada, como dando la espalda a la realidad, a la Colombia que somos hoy. Yo me pregunto, como te preguntaba antes, ¿recuerdas?, ¿esas otras necesidades de Colombia como el reconocimiento de las diferencias, de las desigualdades que vivimos las mujeres, los indígenas, los afros, los LGTB, tendrán resonancia en las guerrillas? Son tantas cosas por discutir, por transformar, por cambiar.
¿Los partidos políticos, dices? Sí, siguen en las mismas, en Colombia son un botín, o un trampolín o una escalera que trepan los políticos con tanta rapidez que quedan a años luz del pueblo, del pueblito que los eligió. Los liberales, los conservadores, los uribistas siguen en lo mismo. Quieren el poder, quieren el premio mayor, saben que desde allí consolidan o retoman la hegemonía. Cada uno va discutiendo cómo lo hace, cómo lo consigue más fácil. Hay varios asustados por la hiper consolidación de una derecha que nos quite esa mentirosa tradición del país más democrático de América Latina. En las ciencias sociales están algunos tan casados con los modelos, que mientras en la forma parezcamos no importa el contenido.
¡Ah!, ¿esos?, esos siguen en lo mismo, los paramilitares siguen actuando; han matado una cantidad de personas desde que comenzó su legalización (perdón, la desmovilización, perdón, el proceso de paz). También han tenido fracturas, tensiones, discusiones. En un cofrecito muy bien guardado tienen muchas verdades, las verdades de más peso. Ellos optaron por decidir qué contaban y qué no. Y esa verdad les ha servido de chantaje hasta cierto punto. Claro, estoy de acuerdo contigo, no a todos les fue igual. Todo proceso que se negocia entre élites (del gobierno, guerrillas, paras, partidos, movimientos sociales), tiende a ser ilegítimo y a resquebrajarse pronto.
Lo siento papi, pero no sirvió de mucho el proyecto alternativo al de la Ley de Justicia y Paz que redactaste. No, no te asustes, no te desanimes, no te pongas triste, no todo lo que hiciste fue en vano. Tú siempre fuiste digno, siempre fuiste claro, transparente. Recuerdo lo que decías de andar buscando puesto con los amigos. Todo lo que te oliera a clientelismo te daba asco. Tampoco quisiste aprovecharte de tu historia política, ningún cargo a la fuerza, sólo por consenso y al que no se le dio la gana de reconocer lo que eras, ¡pa’l carajo!
Fuiste consecuente. Incluso con tus ideas locas, o las que yo no compartía. No todo ha sido en vano, hay mucha gente que sigue luchando por un país justo, por un país alegre, por un país con memoria, por un país que no sea capitalista salvaje, por un país más social, más equitativo, revolucionario, subvertor, transformador y humanista. Pero es un país por construir, y el tiempo que tomará será un poco largo. Por eso te extraño, les extrañamos a todos esos pensadores que se ha llevado la guerra sucia, el terrorismo de Estado, por eso hacen falta tus compas, los que siguen parados en la dignidad y uno entonces se pregunta: ¿cómo es que otros tantos se largan de la lucha?
Antígona Gómez
Bogotá, 21 de marzo de 2008
Hola Papi. Hoy es viernes santo, hace dos años te desaparecieron. Es extraño, sabes, en un país tan católico como éste la gente vive violando los mandamientos. Los creyentes se alegran con la muerte de algunos, celebran cuando ven sangre, cuando los cuerpos son estrenados al mundo público como trofeo.
Pero también es el país de la doble moral. Se escandalizan por algunas cosas pero con otras son pasivos, no les importa. El hambre de la gente pasa como si nada. Creo que a veces pecan de estupidez. Para algunos no hay pobres o los hay porque lo quieren. Yo pienso que es que no han ido a Ciudad Bolívar, o a un municipio del Chocó o la Costa, o cualquier rincón del país que esté sitiado por los corruptos que se comen la plata del erario público para su propio gusto.
Claro, Papi, sé que a algunos sólo les importa su pequeño mundo, sus comodidades, sus propias cosas, tener una casa o un apartamento, carro, las salidas al pueblo cercano sin que se hable de secuestros. Este es el país de los egoístas, por que cada quien piensa en lo que le da comodidad pero no tiene la posibilidad de pensar en los que no viven igual que ellos. A los que hacemos eso nos dicen de izquierda o “resentidos”, y ellos viven cómodos con su moral católica que les da para actos de caridad y con eso salvar culpas.
Total, su situación va en mejora, no se preocupan porque cambie de una vez por todas las cosas de los otros (para algunos debe ser así porque sobre el trabajo de esos viven cómodos). A ti que te reivindicaste de izquierda, o uno que lo sigue diciendo a pesar de que eso parece significar ponerse la lapida en la espalda, nos tachan de “comunistas”, de “guerrilleros”, y, o nos matan, como hicieron contigo, o nos intimidan hasta que el miedo logra desterrar la dignidad que en nosotros anida.
Hoy tomé agua café, de esa que pedías donde la abuela, al ton de ese café charlamos, nos reímos, bromeamos, gozamos, porque sabes, seguimos riendo, seguimos viviendo, proyectando futuro a pesar de la desesperanza que produce un país que se percibe a veces tan paramilitarizado en las mentes y los corazones de la gente.
Si me preguntas te tendré que decir, como sabías, que la paz no está a la vuelta de la esquina. Tú conocías que aquí las élites, los sectores económicos y los militares le ponen todas las cortapisas del caso a la resolución negociada del conflicto. Tú sabías que la paz cuesta, y que es un largo camino. Cuesta tanto que se ponen todos los obstáculos para conseguirla. Cuesta tanto que se impide un intercambio humanitario, que se cierran las puertas, se obstruyen las posibilidades, se envenena al pueblo y se le miente. Se le llena de esperanzas falsas. Algunos creen que gritando no más o paz, o dando de “baja” a algunos “enemigos” eso se consigue. No son concientes que eso implica negociar, hablar, ceder, explorar opciones.
Sí, sigo tu consejo, leo más y veo menos televisión. Ahora más que nunca he podido constatar todo lo que ese aparato embrutece. Te construye tu opinión, te moldea lo que sientes, lo que quieres. Te dice, por ejemplo, que a pesar de que tu país fue sancionado por un organismo internacional salió bien librado, que fue todo un triunfo. Pero claro Papi, la gente se lo cree, lo repite, se esfuerza por contribuir a un falso patriotismo que elimina la diferencia y a todos nos homogeniza.
Agradezco tanto todo lo que me enseñaste. Aunque esta conciencia histórica pesa a veces mucho, prefiero ese peso al que te da ser cómplice silencioso, cómplice de rebaño de lo que está pasando y el para donde vamos. Sabes, en esta Colombia tan católica, unos muertos valen más que otros, unos malos son menos malos que otros, y el odio impera. Para algunas cosas los criterios religiosos funcionan a la perfección: hay que perdonar (cuando los asesinos son paramilitares), hay que poner la otra mejilla (cuando el gobierno nacional te quita derechos como la educación, la salud, el trabajo).
Yo te extraño, como muchos extrañamos a los padres y madres que se llevaron las balas asesinas, los serruchos, las motosierras, las torturas, y aunque a veces te siento distante, en días como hoy te percibo muy cerca, tan cerca que pareces vivo, vivo en las palabras de esperanza, de análisis, de lucha, que escuchas salir de muchas personas de tu edad, de jóvenes, de campesinos, de desplazados, de mujeres, de gente que quiere otra cosa para Colombia. Me acuerdo de ti, de tu risa loca, de tus palabras profundas, de tu humor negro. Y, sabes, hablo contigo en sueños, ¡como esos aún no los han chuzado! Ahí ratifico que la dignidad es lo mío, lo que jamás me quitarán y lo que no se exilia aunque pises otro suelo. Te quiero, te queremos, y seguimos buscando verdad y justicia. ¿Será eso lo que les molesta?
Antígona “Bellota” Gómez
Planeta Tierra, 21 de marzo de 2007
Hay días en que desesperadamente me pregunto por qué te mataron. Por qué estoy viviendo este dolor tan intenso. Por qué no puedo disfrutar más de tu compañía, de tus enseñanzas. Por qué no estás en casa dispuesto a contestar una llamada mía. Porque estuviste tan sólo en nuestros corazones y en la gran foto que tiene la abuela en casa el 31 de diciembre, cuando era nuestro día favorito.
En esos instantes me lleno de un dolor profundo, desgarrador, desconcertante, un dolor que sabe a rabia en los labios cuando trato de verbalizarlo. Me duele más cuando te pienso hace un año, riendo, con tu cabello largo. La boca se me hace agua cuando te pienso en vida, se torna áspera cuando arribo al martes en que te llevaron. No entiendo, que alguien me explique, que alguien me de razones, que estoy gritando callada a todo viento: ¿Por qué te mataron, quién les dio permiso? ¿Quiénes son acaso? ¿Cuál es el poder especial que los reviste? ¡No entiendo! ¡No entiendo! Luego de un año sigo sin entender.
No estoy en el mismo lugar de siempre, el duelo me lleva por parajes distintos, pero olvidar no puedo. En mi camino el olvido me es ajeno. Está distante de mi convicción de vida. ¿Donde estás? ¿Por qué te han llevado? Me interrogo inútilmente. Por qué no hay respuestas, por qué en Colombia hay tantos oídos sordos. Padre, me haces falta. A veces ni llorar puedo. Es que no entiendo, no comprendo, no acepto. Renuncio a seguir viviendo en un país con tanta mierda. Renuncio al país del despotismo, de la violencia, de la sangre, de los difuntos. Renuncio a dejar que sueños y proyectos políticos queden destinados al olvido. Renuncio. Ya lo he hecho.
Odio las mentiras, me asquea el olvido. Me producen náuseas los que venden nuestra patria, más náuseas que las que sentí el domingo que encontraron tus restos. Náuseas más terribles que las que experimenté cuando me fui haciendo lavado cerebral para aceptar que quizás estabas muerto. Náuseas más viscerales que las que sentí al verte sólo en pedazos en la morgue. Náuseas que asquean. Náuseas y rabia. Más rabia que aquella de saber lo que decía de tu muerte el Presidente, el Ministro, el director de Medicina Legal, la periodista aquella. Es mi derecho sentir rabia, estar dolida, querer la verdad, soñar con imposibles como la justicia. Es mi derecho querer construir una mejor patria sin tantas mentiras.
Un año ha pasado y no sabemos nada de quienes te mataron. Para nosotros, los que aquí quedamos cuando a ustedes se los llevan, la paciencia resulta una obligación. Obligada a esperar un tanto más, así, te digo de nuevo que te extraño, te añoro, te recuerdo, te dibujo en sueños… Eso al menos sigue siendo mío: ¡los sueños!
Antígona Gómez – Nacida el 21 de marzo de 2006
1 1 Mi padre, Jaime Gómez, fue desaparecido el 21 de marzo de 2006. Sus restos fueron encontrados el 23 de abril del mismo año en la zona del Parque Nacional, parte céntrica de Bogotá. Sus despojos mortales fueron extrañamente encontrados en un lugar por el cual habíamos buscado previamente con varios cuerpos de seguridad y rastreo especializados. Durante su búsqueda y luego que se encontraron los restos, las instituciones de seguridad del Estado encargadas de vigilar por los derechos de las y los ciudadanos cometieron serias irregularidades que se constituyeron en acciones deliberadas por parte del Estado colombiano para obstruir su búsqueda con vida y luego avanzar en el reconocimiento de que se trato de un asesinato y encontrar y penalizar a los culpables. A pesar de estar abierta una investigación formal en Fiscalía desde mayo de 2006, como familia no hemos encontrado avances significativos en la investigación. Solo hasta octubre de 2007 se reconoció públicamente que la muerte de Jaime Gómez había sido resultado de un asesinato, que desde luego fue político. Mi padre tenía una amplia trayectoria como dirigente político. Desde muy joven se vinculó a las luchas de la izquierda colombiana; fue presidente del Sindicato de Teléfonos de Bogotá; co-fundador de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT; Concejal de Bogotá; docente, investigador y un bacán. Cuando lo desaparecieron era integrante del Equipo de Asesores de Poder Ciudadano, ala de izquierda del Partido Liberal, liderado por la Senadora Piedad Córdoba. Contribuyó con la redacción del proyecto alternativo al de la Ley de Justicia y Paz presentada por el gobierno nacional para la desmovilización de los paramilitares y en la campaña de elección para el Senado 2006. Su nombre aparece en la listas del DAS, señalado como una de las personas de izquierda a las cuales debía hacérsele seguimiento.
