La Letra Ausente
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SECCIÓN: DE CUERPO PRESENTE
CONSECUENCIAS PSICOSOCIALES DE LA DESAPARICIÓN FORZADA
Por: CLEMENCIA CORREA
Plan de exterminio: arrasar la hierba, arrancar de raíz hasta la última plantita viva, regar la tierra con sal. Después matar la memoria de la hierba. Para colonizar las conciencias, suprimirlas; vaciarlas del pasado. Aniquilar todo testimonio de que en la comarca hubo algo más que silencio, cárceles y tumbas. Esta prohibido recordar.
Eduardo Galeano:
EL SISTEMA
I. Introducción
La desaparición forzada debe ubicarse como producto de una política continental de dominación y en la lógica de "guerra preventiva" donde los estados autoritarios, dictatoriales y terroristas utilizan diversos mecanismos represivos para sostener sus intereses y estatus quo, el caso de las desapariciones no son un rasgo exclusivo de las dictaduras militares. Países como México, Colombia y Perú, con gobiernos supuestamente democráticos han sido escenarios de la misma.1 1
Para abordar las consecuencias psicosociales de la desaparición hay que tener en cuenta los contextos socio-políticos concretos; dónde y cuándo se ejecutan las desapariciones, condiciones y particularidades de las personas desaparecidas y de las organizaciones de las cuales son parte, así como los mecanismos de afrontamiento. La intención de este articulo es compartir algunas características generales que he ido encontrado desde la experiencia del dialogo con familiares tanto en Colombia como en México y con las aportaciones de pensadores en America Latina.
Inicialmente es importante comprender, como punto de partida, el concepto de represión política como un acto o conjunto de actos violentos ejercidos desde el poder de los Estados contra sus ciudadanos para controlar, o castigar actividades políticas y/o sociales de oposición:
Al respecto, Martín Baró, Jesuita, psicólogo, asesinado en El Salvador, afirma que “Bajo la sombra de la impunidad, los Estados desarrollan toda una estrategia tanto militar como psicológica por medio de la cual se busca dominar a la población a través de una represión aterrorizante, es decir, de la ejecución visible de actos crueles que desencadenan en la población un miedo masivo e incontenible y de una represión manipuladora, en la que “ya no se trata de paralizar completamente a la población civil, pero sí de inhibir su rebeldía potencial o de impedir al menos su apoyo efectivo al enemigo”.
La metodología de la tortura como herramienta de los agentes del Estado es muy antigua, y la desaparición forzada es una variante represiva más moderna, como instrumento para aplicar políticas de terror. Dice Lucrecia Molina Theissen2 2 que cuando los militares latinoamericanos empezaron a utilizar la práctica de la desaparición forzada de personas como un método represivo, creyeron que habían descubierto el crimen perfecto: dentro de su inhumana lógica, no hay víctimas, por ende, no hay victimarios ni delito.
Si bien la práctica de la desaparición es muy antigua, es importante no perder de vista que los Estados han ido creando y sofisticando su estrategia, haciéndola cada vez más integral, involucrando diferentes instancias y perfeccionando los mecanismos de impunidad para cumplir sus objetivos. Hoy en México la desaparición pareciera reactivarse, diversificando sus víctimas y mostrando las desapariciones como hechos aislados, por ejemplo podemos ilustrar con tres casos conocidos, pues hay que tener en cuenta además que muchos no son denunciados por el temor a las represalias.
Los dos militantes del EPR3 3 Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, detenidos y desaparecidos en Oaxaca el 25 de mayo del 2007. Dos indígenas Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce Rosas, presidente y secretario de la Organización para el Futuro del Pueblo Mixteco (OFPM) quienes fueron desaparecidos el 13 de febrero, en Ayutla de los Libres, Guerrero y encontrados asesinados el 22 de febrero de 2009.4 4 Y el caso del estudiante y activista social de Puebla Fermín Mariano Matías, quien fue desaparecido el 24 de julio del 2009 y encontrado asesinado el 28 de Julio del 2009 en Tlaxcala.55
Intencionalidades y consecuencias psicosociales de la represión.
Los mecanismos de represión al ser sistemáticos, duraderos y colectivos dejan efectos psicosociales muy profundos. En algunos casos son visibles de manera inmediata; en otros tardan en aparecer, pero lo cierto es que dejan una huella traumática física y psicológica en la persona, su familia, la organización y la sociedad en general.
La desaparición forzada toca esferas estructurales dejando efectos destructivos e incalculables y como han dicho algunos de sus familiares son muchas veces indescriptibles.
En relación con la víctima directa:
Las personas desaparecidas generalmente son aisladas, sometidas a técnicas brutales de tortura con el objetivo de obtener la información o ponerse al servicio de los victimarios.
Se busca crear en la víctima sentimientos de impotencia y sometimiento generando en ocasiones efectos despersonalizantes que llegan a cuestionar su identidad. Se busca que la persona que esta siendo torturada sienta el límite de la vida para que se ponga al servicio de los victimarios. La persona desaparecida se esfuma para el mundo y el mundo también es esfumado para ella.
Un testimonio de un sobreviviente en Argentina, citado por Molina Theissen relata lo que decía uno de los torturadores: “'Nadie sabe que estás acá, 'Vos estás desaparecido', 'Vos no existís, no estás ni con los vivos ni con los muertos”.
Cuando la víctima ha sido desaparecida es deshumanizado, se muestra como delincuente e inadaptado para así justificar la acción represiva del Estado.
Para el desaparecido hay un irrespeto abominable a su identidad, a su nombre a su historia. Se quiere borrarlo de la sociedad como si nunca hubiera existido. Dejarlo en anonimato.
Que sean puestas en duda las convicciones personales y colectivas, que quienes trabajaban con la persona desaparecida, duden continuar en la lucha o que sus familiares se cuestionen de quien era entonces su ser querido.
El desaparecido no es, un preso político; tampoco es, como quiere el Estado un muerto. "Se niega a las personas desaparecidas un lugar entre los vivos, así como un lugar entre los muertos"
La víctima es anulada, se le hace ver que no tiene nada, que el dueño de su vida y hasta de su muerte es el victimario. Casos como en la dictadura argentina que algunos querían suicidarse pero no les fue permitido, porque los victimario tiene el poder para decir cuando, donde y como se muere su víctima.
2. Sobre las consecuencias para su familia y grupos cercanos:
Los problemas que deben afrontar los familiares de personas desaparecidas son muy complejos. Existe una incertidumbre permanente. No saber si el familiar está vivo o muerto, genera una ambigüedad extremadamente angustiante.
El no saber el destino y estado del ser querido, les provoca situaciones límite al pensar una y otra vez sobre la posibilidad de que el ser querido esta siendo torturado.
Permanentemente esta el deseo de liberar al desaparecido del sufrimiento; se presentan ilusiones, ideas recurrentes del deseo del reencuentro donde los familiares creen por ejemplo que lo han visto entre la gente.
Las familias suelen tener problemas económicos, sociales y jurídicos que deben enfrentar durante tiempos indefinidos. Hay una tendencia a la desestructuración familiar por la tensión cotidiana, porque existen diversas opiniones de qué es lo que les toca hacer, porque la vida ya no es como antes. Cambian las formas de relacionarse con los demás (hermanos, hijos, parejas), por miedo a una nueva pérdida o por desconfianza.
Las secuelas del temor permanente se reflejan en las situaciones más cotidianas como dejar la puerta con seguro, la luz encendida si sales de casa, tomar los números de las placas de los carros, esperar una llamado cuando algún ser querido sale de viaje.
El miedo produce alteración del sueño en donde se representan situaciones de persecución, como si el victimario se metiera también en los sueños para recordarte que eres vulnerable y que es él quien decide sobre tu vida.
No se sabe qué hacer, a quién recurrir, porque se duda de que la búsqueda sea fructífera. Las autoridades siempre niegan el paradero de sus familiares y la responsabilidad de sus actos.
A pesar de todos los obstáculos, muchas familias continúan su búsqueda porque generalmente esta la esperanza de encontrarlo. La espera puede durar años. Madres cuyos hijos han desaparecido y que, después de treinta años, aún siguen esperando su aparición a la hora que siempre llegaba.
En la búsqueda en las instituciones se generan rumores de posibles paraderos, lo que crea constantes situaciones de esperanza, se llega hasta recrear el momento del regreso; pero al final siempre termina en un repetido momento de frustración.
Si no hay comprensión de los motivos e intencionalidades de la desaparición, los familiares pueden dudar de qué hacía y quién era el desaparecido.
Además, por ser la desaparición un fenómeno sin lógica posible, generalmente se desarrollan sentimientos de culpabilidad por lo que se hizo y por lo que se hace. Nada es suficiente. Siempre se puede ser algo más, pero al final todo queda en el vacío, como si nada se hubiera hecho.
Existe una alteración del proceso de duelo: No es posible el entierro del familiar pues no está muerto; no hay cuerpo para enterrar, pero tampoco la certeza de que está vivo. Hasta que no aparezca y se sepa de su paradero siempre se tendrá la esperanza de encontrarlo.
Esta alteración al proceso de duelo genera crisis emocionales o niegan los efectos de la pérdida. Como consecuencia, se generan bloqueos para desarrollar proyectos personales, se dificulta seguir con las actividades habituales del trabajo y del hogar: cuestionamientos como ¿puedo o no volver a tener una pareja? Y si aparece mi compañero, lo he traicionado.
Hacia la organización y sociedad en general:
Para Carlos Beristain, la represión política tiene cuatro objetivos: 1. Romper el tejido colectivo y solidario, ya que el poder necesita la sumisión de la población tanto de manera colectiva como individual; 2. Controlar al enemigo interno; 3. Intimidar a la población, creando miedo, mediante acciones de violencia y 4. Implantar la impunidad para sustentar los crímenes más atroces.
1. La intimidación de la población:
Una de las finalidades más claras de la represión política es inculcar el miedo, no sólo en las víctimas directas de la represión, sino también en sus familiares y en su entorno social. El acto violento de la desaparición lleva de por sí la intención de generar terror.
El terror y el miedo crean parálisis en las personas, en las comunidades y la sociedad. El miedo, crea la sensación de vulnerabilidad, impotencia y desprotección. Da la sensación de que no se puede hacer nada.
En la desaparición se crea terror, además, por el destino desconocido y por la convicción de que toda persona y que por cualquier motivo puede ser desaparecida. En la desaparición forzada se paraliza tanto la acción opositora de la víctima y en especial a los más cercanos del desparecido.
Se busca con la desaparición generar aislamiento y silenciamiento de aquellos relacionados con el desaparecido. Frecuentemente, los vecinos, los amigos y otros miembros de la comunidad evitan el contacto con los familiares de personas desaparecidas.
2. En relación con la ruptura del tejido social y de la identidad:
En el caso de desaparecidos que formaban parte de procesos organizativos, políticos por ejemplo para luchar por sus derechos, la represión busca la ruptura de las relaciones al interior, generar conflictos entre miembros por diferencias de cómo afrontar la situación o de la comprensión del hecho.
La perversión de las estrategias del Estado para estos fines es inadmisible. Por ejemplo, Cuando se detienen a varios miembros de organizaciones y dejan en libertad a algunos y desaparecer a otros buscan que los que han sido liberados sean culpabilizados y señalados de traidores por sus propios compañeros.
Se busca generar desconfianza en los grupos de referencia y en las relaciones sociales. Con la desaparición se busca la pérdida, o cuestionamiento de la identidad del desaparecido y de la organización o movimiento que hacia parte.
5. Sobre algunos efectos de la impunidad:
En la Desaparición forzada, todos los derechos humanos son violentados no hay posibilidad de que se investigue, juzgue y castigue a los responsables de estos aberrantes crímenes.
Los efectos más visibles se dan en el ámbito jurídico y político en particular con la negación del Estado de derecho:
-Si el Estado es quien aplica las políticas de represión y ejerce la impunidad, está negando abiertamente su razón de ser: la instancia encargada de garantizar los derechos humanos, de ejercer justicia.
-Si es el Estado el responsable de procurar y administrar la justicia y es él mismo el que crea los mecanismos de impunidad, en quién creer? Si cuando se denuncia se es involucrado en procesos judiciales, entonces a dónde acudir para denunciar y exigir el castigo a los responsables, la reparación de los daños?
El Estado pone la falta en las víctimas para evadir sus responsabilidades y en vez de investigar y sancionar a los culpables, crea procesos judiciales contra quienes denuncian.6 6 También los familiares de desparecidos que buscan justicia son señalados, amenazados, judicializados y en algunos casos asesinados. Se generan nuevas violaciones, hostigamientos, amenazas incluso asesinatos. Es decir, la víctima se convierte en victimario: se genera un proceso penal contra el denunciante.
La impunidad con que se beneficia el Estado, asegura que se puedan seguir repitiendo actos contra la dignidad de los seres humanos. Así, la impunidad asegura y alienta la criminalidad de Estado.
La pretensión de olvidar los crímenes cometidos, implica minimizarlos y considerarlos como una manifestación más de una larga tradición de violencia política y promueve la repetición de estos crímenes al obstaculizar el recuerdo de la destrucción social. La impunidad condiciona a la sociedad frente al futuro, haciendo que sea moldeada fundamentalmente de acuerdo con los principios, con la ideología, con el modelo de ordenamiento social queridos por los victimarios. Podemos afirmar, retomando las palabras de Javier Giraldo,7 7 que la consecuencia más importante en el orden político de la impunidad es el condicionamiento a la sociedad frente al futuro, haciendo que ese futuro sea moldeado fundamentalmente de acuerdo con los principios, con la ideología y con el modelo de ordenamiento social deseados por los victimarios.
Al implantar la impunidad como uno de los ejes de la represión política se busca que en las personas, los grupos, las sociedades convivan en el silencio; con palabras no dichas, por temor a revivir el dolor del pasado, con palabras coartadas por la imposibilidad de decir la verdad, con el silencio y temor entretejido desde las relaciones más cotidianas hasta las más estructurales.
Cuando revivimos los sentimientos que nos han dejado las injusticias, cuando recordamos que los victimarios recorren las calles, cuando rozamos nuestras heridas y sabemos que están vivas, constatamos que la huella de dolor, del poder, de la barbarie esta todavía en nuestra memoria; Una memoria política, afectiva, ética y también corporal.
Si no existe la posibilidad de la reparación social, moral ni jurídica de las víctimas se convierte en mentira su tragedia. Cómo si lo que paso, lo que vivieron y siguen viviendo fuera un invento.
Finalmente, entonces, cómo reparar el daño moral, ético, psicosocial? Cómo reparar el dolor, la incertidumbre, el miedo de tantos años? Es posible un pago material para sanar estos efectos en la dignidad del ser humano? Acaso el desaparecido puede tener un precio? La dignidad ni se compra ni se vende.
La reparación del daño sólo es posible con la lucha por la verdad, para que no prevalezca la mentira, para que no reine el ocultamiento de la barbarie de los crímenes de Lesa Humanidad:
Con la verdad se reconfigura quien era el desaparecido, con ello es posible que salga de su anonimato.
Con la verdad del reconocimiento de las consecuencias psicosociales causadas a sus familiares. Con la verdad pública para que la sociedad reconozca los hechos y no olvide, para que no se convierta en cómplice de la injusticia.
Con la verdad sobre las causas que ocasionaron la comisión de este crimen. Con la verdad sobre el paradero de las personas desaparecidas… hasta encontrarlos. Con la verdad jurídica y política de la responsabilidad del Estado en la violación a todos los derechos humanos.
Con la justicia que se esclarezcan totalmente los hechos. Se investiguen a los responsables intelectuales y materiales. Se les procese y castigue con penas proporcionales a la gravedad de los crímenes cometidos.
La diferencias de otros mecanismos de represión en la desaparición forzada esta la búsqueda del ser querido y por ello la búsqueda y entrega de los restos de sus seres queridos se convierte como uno de los fines últimos de la reparación, en ocasiones, las familias han dedicado a ello una gran parte de su vida.
En el caso de la desaparición forzada no hay que olvidar como lo dice Carlos Berestain que.” pesar de que haya otras medidas, que pueden resultar reparadoras, y un cumplimiento efectivo para las víctimas, la no entrega de los restos no es intercambiable, porque tiene un efecto único que ninguna otra medida puede sustituir. Una casa puede restituirse, o darse una indemnización para reemplazarla. La medida de salud puede otorgarse mediante atención específica, seguro médico o dinero para los servicios. Pero la entrega de los restos, no”.
Por todo lo anterior, LA REPARACIÓN de las víctimas sólo es posible si hay JUSTICIA y para que exista justicia tiene que existir la VERDAD de los hechos. La reparación debe ser integral: moral, psicológica, social, política y por último económica; no para pagar un precio por el desaparecido, sino para reintegrarle a sus familiares el derecho de rehacer una vida digna.
En palabras del Padre Javier Giraldo: “Nuestra memoria y verdad histórica, única manera de desesterilizar a nuestras víctimas frente al futuro; único antídoto que nos impediría asimilar desde el inconsciente el modelo de sociedad que imponen los victimarios; único lente que nos permite contemplar los destrozos y las ruinas de humanidad que es necesario y urgente reconstruir.8 8”
BIBLIOGRAFÍA.
Andreu Guzmán Federico. Algunas reflexiones sobre impunidad. Seminario Internacional: "Impunidad y sus Efectos en los Procesos Democráticos". Santiago de Chile, 14 de diciembre de 1996.http://www.derechos.org/koaga/xi/2/andreu.html
Baró, Ignacio Martín. Psicología social de la guerra. San Salvador. Universidad Centroamericana José Simeón. 1990
Beristain Carlos Martín. Riera Frances. Salud Mental: La comunidad como apoyo. Virus Editorial. San Salvador El Salvador. 1992
Correa Clemencia. ¿Por qué y para qué mecanismos alternativos de justicia? En el diplomado: la defensa y promoción de los derechos humanos: una necesidad del siglo XXI. Universidad Autónoma de la ciudad de México. 2004.
Correa Clemencia. La impunidad y sus efectos en la sociedad. Revista revuelta. Número 15. Septiembre-Octubre-Noviembre México. 2009
Giraldo Javier M.S.J. Consecuencias jurídicas y políticas de la impunidad. Desde los márgenes Javier Giraldo moreno SJ. www.javiergirlado.ong. 26 de abril de 1997.
Molina Theissen Ana Lucrecia. La desaparición forzada de personas en América Latina. http://www.museodelamemoria.gov.ar/img/contenidos/biblioteca/
desaparicionforzada.pdf
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1 1 Ver: http://www.derechos.org/koaga/vii/molina.html#N_3_
2 2 Ver. Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Molina Teisen vs. Guatemala. Sentencia de 4 de mayo de 2004.
3 3 Para lo cual solicitan la creación de una Comisión de mediación para el diálogo con el gobierno nacional. Ver http://www.serapaz.org.mx/paginas/Mediacion.htm
4 4 Ver. http://www.tlachinollan.org/notbp/notbp090222_win.html
5 5 Ver http://cinoticias.com/2009/07/29/encuentran-muerto-a-activista-desaparecido-en-puebla/
6 6 Abel Barrera Hernández director de Tlachinollan organización de Derechos Humanos en Guerrero, México, revela que en tres años y medio de gobierno perredista la cifra ha marcado un récord en cuanto al número de casos de defensores que se encuentran sometidos a un proceso penal. “Desde 2005, este centro ha documentado 201 acciones penales emprendidas contra defensores de estos derechos; hay 73 procesos penales que se encuentran en trámite, 75 órdenes de aprehensión pendientes por ejecutarse, nueve expedientes cerrados por resoluciones favorables y 44 averiguaciones previas”. (Mendoza Flores, 2009).
7 7 Jesuita, defensor de Derechos Humanos en Colombia
8 8 Ver http://www.javiergiraldo.org/spip.php?article52
