La Letra Ausente
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SECCIÓN: DE CUERPO PRESENTE
MADRES DE LA CANDELARIA
“LOS QUEREMOS VIVOS, LIBRES Y EN PAZ”:
MEMORIA Y MATERNIDAD EN LAS MADRES DE LA CANDELARIA DE MEDELLÍN,1999-2008
Por: CRISTINA ECHEVERRI Y ELENA CORTÉS
Cristina Echeverri Pineda
Estudiante de pregrado
Universidad Nacional de Colombia
cechevep@unal.edu.co
Elena Cortés Arango
Estudiante de pregrado
Universidad de Antioquia
Resumen
El artículo pretende mostrar el caso del movimiento de mujeres Madres de la Candelaria de Medellín, contextualizándolas dentro del conflicto armado y en el movimiento social pacifico de mujeres en Colombia. Se analiza la simbología de la memoria y noción de maternidad que es puesta en escena en sus diferentes manifestaciones públicas. El artículo se inscribe en el modelo historiográfico de la historia del tiempo presente.
Introducción
Mujer, Madre, Colombia, un conflicto con miles de rostros, voces que se pronuncian en el centro, los miércoles que las encuentran y las invisibilizan en medio de la ruidosa ciudad, una iglesia que las congrega, un dios que parece olvidarlas y un Estado que les da paliativos para sus dolores de madres. El presente texto pretende acercarse desde la disciplina histórica al movimiento social de mujeres, Madres de la Candelaria de Medellín. En este proceso se despliegan significados como la construcción de una memoria que busca dar cuenta del dolor causado por el conflicto armado colombiano, así como la reinterpretación del rol materno dentro de la sociedad.
La motivación de profundizar en este tema obedece, por un lado a tratar de comprender la complejidad del conflicto armado y el papel que juegan las mujeres dentro de él; por el otro a la preocupación de vincular las inquietudes cotidianas con el quehacer académico, conjugando las diferentes disciplinas sociales como una herramienta que permita explicar mejor los procesos sociales.
Este tema, sin embargo, nos planteaba la duda del quehacer específicamente historiográfico por las dificultades que significan para el historiador acercarse a objetos de estudio muy cercanos en el tiempo, y porque la historia se ha configurado, por el carácter mismo de la disciplina de estudiar el pasado, como una disciplina distante de su objeto de estudio.
Esta preocupación ha sido considerada por otros historiadores, es el caso de Julio Aróstegui quien en su texto La historia vivida sobre la historia del presente plantea que el pasado cercano puede constituirse en un discurso y modelo historiográfico con rasgos propios y distintivos, en el cual se estudia la historia de las generaciones vivas. Este modelo historiográfico que está aún en construcción, busca una reconstrucción histórica en el testimonio directo de las gentes que viven tal historia: “Si el hombre vive la historia en presente, puede hacer de ese vivir una historiografía en cuanto su experiencia vital forma ya parte de la historia misma, mediante la historización de aquella experiencia […] Lo importante es que al hablar del presente se lo haga siempre desde su debida relativización, desde su remisión a la percepción de los sujetos que lo viven: quienes lo viven delimitan su presente y nadie vive un tiempo que no sea el presente, mientras que el propio pasado queda aprehendido en él”
El texto se construyó con base en la rastreo de la Revista Semana entre el año 2000 y 2008, en el cual se observó que información de las Madres de la Candelaria en los primeros años aparecía de manera aislada, y para mediados del período se realizaban reportajes y artículos que profundizaban en su situación, lo que evidencia su consolidación en la escena pública. Así mismo en la revisión de libro Las Madres de la Candelaria, editado por la Organización de Estados Americanos –OEA- donde se publican memorias y testimonios de este grupo de mujeres; así como observaciones de sus manifestaciones públicas. Esto con el objetivo de analizar la manera como las Madres se muestran y dirigen a la sociedad, en qué consiste su accionar político y simbólico. El análisis se apoyó en la lectura de textos históricos, antropológicos y sociológicos, como sustento conceptual y teórico.
El texto se desarrollará en cuatro tiempos. Inicialmente se contextualizará el conflicto armado colombiano procurando señalar sus diversos factores; posteriormente se hará una reseña del movimiento social de mujeres en Colombia, y el papel que ocupan las Madres de la Candelaria dentro de él; seguidamente, se analizará las simbología de la memoria que se despliega y las funciones sociales de ésta; y finalmente estudiará la maternidad como accionar político.
Acerca del movimiento de mujeres
“Yo a pesar de todo sigo siendo Margarita, la bajita, la de pelo crespo y ojos caramelo. La que usa gafas para poder seguir buscando. La que quiere mantenerse bonita, porque sabe que renunciar a su ser de mujer sería traicionarse. Sería condenarse a no hacer parte de esas otras cuyo dolor y esperanza se llaman Madres de la Candelaria” .
El historiador Mauricio Archila entiende los movimientos sociales como formas de acción colectiva con algún grado de permanencia, que resisten a cualquier tipo de dominación y que exigen transformaciones sociales . En lo que respecta al movimiento social de mujeres en Colombia, Archila plantea que es un tema poco investigado y existe un vacío historiográfico . Según la politóloga Sandra Hincapié, el movimiento social de mujeres colombiano es más o menos permanente y se puede clasificar en tres ciclos de protesta, cada uno definido y desarrollado en condiciones sociales y políticas particulares.
El primer ciclo de protesta se presentó con la lucha por el derecho al voto antes de los cincuenta. Tuvo como características fundamentales: su composición elitista y el logro del status de ciudadanas para todas las mujeres colombianas. La composición del movimiento sufragista fue en su mayoría de mujeres con una educación privilegiada, pues hasta ese momento, eran precarias la condiciones para la inserción de las mujeres en el sistema educativo y sólo una minoría, accedían a la educación universitaria . Largos años de lucha política, de manifestaciones, de debate público en diferentes revistas y folletines creadas para la causa sufragista, lo cual dio como resultado el logro de la ciudadanía universal .
En el segundo ciclo de protesta entre los sesenta y los noventa se buscó el uso efectivo de los derechos políticos adquiridos anteriormente. Se formaron nuevos movimientos de mujeres, y se subdividió en dos etapas: una primera fase entre 1975 a 1982 y la segunda fase de 1983 a 1991. La primera se ubica en un contexto de auge de los movimientos sociales y de nacimientos de grupos feministas; la segunda marca el inicio de la reforma del Estado, los intentos de negociación con los grupos insurgentes y una serie de transformaciones políticas que desembocaron en la Constitución de 1991 . Este segundo ciclo de protesta representó una ampliación del movimiento social de mujeres en Colombia. El auge de los movimientos sociales y el ambiente revolucionario permitió la difusión del discurso feminista a amplios sectores de capas medias donde más mujeres, marcharon, agitaron sus consignas y dieron vida a organizaciones feministas para trabajar por y para las mujeres colombianas. En la segunda, las mujeres recrearon el discurso ciudadano a través de la búsqueda por el derecho a la igualdad .
El tercer ciclo se desarrolla desde la década del noventa al presente, caracterizado por la violación de los derechos humanos y después de la criminalización de la protesta social en los ochenta. Los movimientos de mujeres aparecen con toda su fuerza en medio de una sociedad en guerra con el escalamiento y degradación del conflicto armado; se caracteriza por la participación a favor de una solución negociada al conflicto interno, entre otras demandas de índole social y económica. Ha sido en el marco del tercer ciclo de protesta, donde más mujeres, de todos los estratos socieconómicos, se han reconocido como sujetos políticos, han incorporado el discurso de la ciudadanía y han reclamado un lugar en la comunidad política. Las mujeres hoy tienen los dispositivos jurídicos para participar y existe una expresión institucional del reconocimiento.
En el contexto de guerra las mujeres han tejido solidaridades que se han fortalecido en la medida que han trabajado en redes de apoyo, comunicación y construcción de un sujeto colectivo que busca su reconocimiento en lo público. La acción colectiva de las mujeres se articula en pequeños grupos, barriales, municipales y regionales, que se conectan con organizaciones nacionales e internacionales.
La movilización y la protesta pacífica fueron los medios a través de los cuales las mujeres se han erigido, en esta última década, como representantes de intereses universales y han puesto en escena las “heridas morales” que ocasiona la guerra; la puesta en el escenario político del dolor y el sufrimiento ha sido una de las formas por medio de las cuales, la acción colectiva de las mujeres se ha constituido como transformadora de realidades bélicas .
Las Madres de la Candelaria están ubicadas dentro del tercer ciclo. Sus acciones se dirigen a la resistencia frente a los diferentes actores armados, visibilizando la situación de cientos de mujeres y sus familias víctimas de guerra en condiciones de desplazamiento forzado, reclamando la participación política, la necesidad de los diálogos de paz y exigiendo se hagan públicos los debates en torno al tema de “verdad, justicia y reparación”.
Esta organización agrupa familiares, amigos, pero principalmente a madres de personas secuestradas y desaparecidas en el conflicto armado de Colombia. El antecedente de las Madres es una asociación de familiares de policías secuestrados –Asfamipaz-, que logró el intercambio de retenidos enfermos por guerrilleros presos, y liberaciones unilaterales por parte de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y del ELN (Ejército de Liberación Nacional) –Asfamipaz marchaba los miércoles en la noche, se plantaban al frente del Banco de la República como imagen del Estado en Medellín. Dolly Castañeda a quien le habían secuestrado una hija, una civil, se unió a las marchas realizadas por Asfamipaz llevando el blasón que llevaba impresa la imagen de su hija, una cartelera artesanal y los cantos que se constituyeron en los medios de comunicación e información más utilizados y representativos del movimiento.
Para entonces un periodista regional que cubría los eventos de Paz y Derechos Humanos les habló de la existencia del movimiento social argentino llamado Madres de la Plaza de Mayo. Reunió a las Madres y les mostró un video que contaba la organización, y de la estrategia del plantón. Invitó entonces a las madres a salir de día y situarse en un espacio más representativo. De este modo empezaron a buscar un lugar, y se decidieron por el atrio de la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria patrona de Medellín pues pasaba mucha gente al mediodía. Así, después de conocer la tenacidad de las Madres de Mayo salieron en las horas del día a un lugar bien visto y concurrido el 17 de marzo de 1999.
Inicialmente fueron tres o cuatro madres que se llamaron a sí mismas Esperanza Viva, luego cambiaron a Madres de la Candelaria por el símil con las Madres de la Plaza de Mayo. Tuvieron varios intentos para organizarse. Fue el 24 de octubre de 1999, con el nombre Corporación Madres de la Candelaria cuando el movimiento de 60 mujeres tomó fuerza en Medellín. A partir de entonces, se reúnen todos los miércoles en el atrio de la Iglesia La Candelaria, ubicada en el Parque Berrio con el propósito de hacer un llamado a la indiferencia de todas las personas y así mismo de implorarle a todos los grupos armados que: quieren a sus hijos, familiares y amigos “Vivos, libres y en paz” .
La participación de las Madres en actos públicos empezó a ser una constante. El 17 de marzo de 1999 setenta madres de militares secuestrados por las FARC, se tomaron las instalaciones de la Comisión Primera de la Cámara de Representantes en Bogotá, exigiendo respuesta pronta del gobierno central. El segundo acto importante fue la marcha por la libertad y la esperanza, “no al secuestro” realizada en las calles de Medellín durante la cual se portaron mensajes para los desaparecidos y secuestrados. Luego con ayuda del entonces gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria se formó un comité con Derechos Humanos, Asfamipaz, la Personería, tres delegadas del movimiento de Madres, dos de Asopaz y una inspectora de la Alcaldía; el objetivo del comité era hacer más visibles las víctimas en Antioquia. De esta manera las Madres empezaron a aparecer en diferentes espacios y recibiendo el reconocimiento de diferentes organizaciones. Posteriormente, gracias al acuerdo entre el ex presidente Andrés Pastrana y el ELN y las FARC, muchos soldados y policías quedaron libres quedando sólo en el atrio el grupo de familiares de la población civil secuestrada y desaparecida.
Las Madres exigen ser escuchadas por los diferentes actores relacionados con el conflicto, no ser discriminadas por razones sociales o políticas, pruebas de supervivencia de sus familiares, no ser amenazadas por su condición de víctimas, respeto de sus derechos humanos y la aparición de sus seres queridos. Las Madres manifiestan Que no han sido escuchadas y por ese motivo las entidades gubernamentales no tienen conocimiento de la población secuestrada y desaparecida en Medellín y Antioquia.
En la actualidad, el Movimiento Madres de la Candelaria está dividido en dos facciones: Corporación Madres de la Candelaria –Línea Fundadora- y la Asociación Caminos de la Esperanza –Madres de
