inicio

 No.11 OCTUBRE-DICIEMBRE  2008    TEMA: LOS ENGENDROS DE LA SERPIENTE:  Reinventando el fascismo
La letra ausente. revista de micropolítica y subjetividad. Psicoanálisis, FACISMO; Alain Toureain: Pacto Social

 

Enlaces   

 

 

SECCIÓN: LA TRAMA DEL OTRO

UNA LECTURA SINTOMÁTICA DE “PEGAN A UN NIÑO”*

Por: JUAN CARLOS MUÑOZ BOJALIL

 

 

 

si queremos gozar el más breve momento de placer –si deseamos plantar ocasionalmente una rosa en el rocoso sendero de la vida- tendremos que sacrificarlo todo a las exigencias de nuestros sentidos. Tal es la lección de los filósofos de la alcoba.”
Sade “La filosofía de la alcoba”… p186

 

 

 

 

Fue en el año de 1919, entre el mes de junio y agosto, cuando Freud, escribió el texto intitulado: “Pegan a un niño (Contribución al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales)” esto, según la revisión hecha por James Strachey, y vieron en este mismo año la luz pública, otros textos de no menor importancia en la producción freudiana, siendo estos: “Introducción al Simposio sobre las neurosis de guerra”, con otro texto no menos fulgurante: “Lo ominoso” (Das unheimliche); junto con otros textos más, y sin dejar de considerar también que el texto “Pegan a un niño” es una especie de introducción a “Tres ensayos de teoría sexual” y que se articula con otro más “El problema económico del masoquismo”, y aún otro más, el que empezó a trabajar en marzo de ese 1919, el borrador de “Más allá del Principio de Placer” pero sin negar el peso específico que cada texto tiene para el psicoanálisis, y casi puedo decir que mencionar más textos implicados sería aquí excesivo, salvo que los aquí citados ofrecen un soporte a su argumentación clínica, y en lo general sobre la sexualidad y la violencia, que por otra parte y sin dejar de notar que ambas, serían develaciones de actitudes primarias o básicas de comportamiento, hasta para pensarlo como Freud, desde la potencia de un registro evolutivo de la especie, postulado que exige a su vez, su problematización, pero que para el psicoanálisis, lo atraviesa casi todo.

 

Reconozco de una vez, que esta podría ser una de las lecturas sintomáticas que mi escrito pudiera tener, sin negar su cantidad de virulencia. Es por eso que mostraré una perspectiva “muy personal” o mejor dicho subjetiva, por tanto en falta, e influida de manera abierta por ese (O) otro que me convoca. Podría decir que también es sintomática, dado que la relación entre la violencia, sexualidad, agresividad, identidad como demás cuestiones siguen siendo unas de las razones a problematizar a sus casi 90 años de escrito tal texto. Hecho que a algunos no deja de horrorizar, pues suponen que referencias como éstas dejan de lado lo que suponen debiera ser la institucionalización de la actualización, cuando la historia nos dice que si bien hace algo el llamado ser humano, es reproducir, donde en otro extremo la repetición creo que no falta decir que es la cara del síntoma; y de que es claro que el síntoma es una re-petición, o bien, petición reiterada de eso que hace falta.

 

Una de las mostraciones que el psicoanálisis ha develado es precisamente la naturaleza propia de lo inconsciente, como si emergiese para la ciencia como para la consciencia bajo el recurso de la negación, de su producción, más que de su presencia in situ e in corpus vivo, por que sólo así cumple con la exigencia impuesta para pasar la prueba de factibilidad y tener así el “privilegio” de ser finalmente un requisito científico nominable para la realidad, pero como éste está fuera de este orden, precisamente por su eterno carácter  metonímico, y por si ello aún fuera poco, se muestra lo inconsciente en una actitud tal como sí ningún sentido faltara ahí; además de que, por ser de tal oposición esta contrariedad, que confronta cada vez, como en cada oportunidad, su razonable verdad histórica, es decir valdría un reconocimiento para la consciencia, por su cronicidad como por su respaldo social, el del Otro claro está; y por eso, me supongo que ésta, la consciencia hace de tal su síntoma, su división, y por tanto su goce, donde no podrá olvidarse que estas tendrán como telón de fondo a la pulsión de muerte.

 

Por ello, vale decir que, hay ahí una relación de compromiso, y lo propongo así porque ésta podría hacerle saber al sujeto; sobre un saber que no se sabe, sobre su deseo, como de  su goce, así, de una forma u otra, es innegable su relación de éstas con la violencia, con ese masoquismo primordial, ahí donde la apuesta es notable por la emergencia evidenciada, para que el otro, como un tercero en exclusión, ese si, no supiese nada al respecto, sobre todo para la asunción social de este veredicto, en este caso de la violencia articulada con la sexualidad, como con la identificación; por que ello a final de cuentas sería responsabilidad del sujeto o bien culpa del yo, la digestión de este malestar, síntoma claro de la llamada justicia social; donde éste es sobre todo, un producto objetivo para la cultura; cosa que nunca parece fácil de asumir; ya que tal parece que pudiera proveerse de un lugar de reserva de una supuesta seguridad para la consciencia ahora en tanto función yoica, y este yo lo hace, dicho en pocas palabras, para no saber de si, ni del otro, así su apuesta está dirigida a no saber, pues este saber castra, aun y cuando ofrezca un posicionamiento subjetivo en su singularidad, compromiso que anticipa al sujeto cartesiano, que como diría Lacan en el Seminario 11: “…aparece en el momento en que se reconoce la duda como certidumbre”.

 

Pero por otra parte, esto no puede dejar de ser un encargo a resolver por y para el sujeto de lo inconsciente como de la enunciación, por el hecho mismo de su pronunciación (sobre quién es y qué quiere principalmente); y sin embargo, como sí con tales argumentaciones aún no fueran validación suficiente, valdría acaso, para su constitución subjetiva, apostar a un ejercicio que mostrase diferencias, donde el yo desde su registro imaginario, se deje engatusar como suele suceder; cabría aquí decir que esto lo pervierte una vez más (¿?), al pensar que podría posicionarse desde si, y sin el reconocimiento estructural que el (O )otro le confiere, es decir, que parta solo desde su imagen como fiel de balanza para la discriminación de la verdad social o hasta de su realidad psíquica, en el entendido de que ésta se redujese a procesos conscientes, eso para con este registro y por otra, para con el caso que nos ocupa, donde se privilegian actos transgresores para conservar su calidad de objeto a la mirada del (O) otro, convocando de esta manera a una forma de anticipo estructural, a la denegación de la falta, de su subjetividad, como de la primacía de lo inconsciente. Por eso, las perversiones como las neurosis y psicosis en tanto manifestaciones evidentes de al menos una fractura en su aparente solidez moral como de la realidad, así, éstas presencias no serían tan ajenas a la conformación de la consciencia, como esta lo supone para si y para lo que supondría como consciente en el (O)otro, y esto es así, gracias al veredicto que del deber ser quedó impuesto a partir de la instauración del (O)otro, porque curiosamente se pervertiría el orden por El establecido, y que además haría suponérsele como si fuera un antecedente natural, para el árbol genealógico de la humanidad. Quizás por ello diría Lacan, que lo inconsciente no necesariamente se reduciría a lo reprimido. Puesto que sí así fuera, lo inconsciente sería tan identificable como reprimible, precisamente, y otra es que ello supondría también que podría ser identificable o legible como tal, un imposible resuelto así, desharía el sentido y el lugar de la interpretación.

 

Así, esta presentación, está basada en una secuencia de sucesos, tales que por su variedad podrían leerse como un collage, pero espero que su hilo conductor, sea notable simplemente por su persistencia.

 

Parece entonces que lo inconsciente, siendo de naturaleza tal que, al parecer es necesariamente contradictoria para el orden que rige a la consciencia (concebida aquí como ése registro de organización social, hasta con la llamada autoconciencia hegeliana, fundamento princeps para las psicologías), y eso resulta ser muy útil, porque muestra los desvíos de las normas, ya que con base en ello, se le supondría la categoría de normal para no confundirla con la que le es natural, esto en el entendido de que el hombre sería esa especie única, por ser la más antinatural de la naturaleza, por tanto en contraposición de la cultura, o hasta ahora, como ese único animal sujeto al lenguaje, y por consecuencia, efecto de sus equívocos como de sus determinaciones, en cada período de la historia, como de la moral imperante. Por esto, es que no habría nada dado como hecho e incontroversial, sino más bien, su diferencia, en la emergencia constante de la duda, como del desconcierto y de la incertidumbre, argumentos indispensables para dar cuenta de si, pues están más allá o más acá de las certezas, por el simple hecho de tener un rango más amplio de discurso como de actividad en el plano de la realidad, de la fantasía, como de lo real del sujeto, ya que ofrecen la diversidad de estar advertido de las diferentes lenguas como de sus variaciones, en los diferentes tiempos, en los desplazamientos significantes del deseo como de su más allá. Del sexo, como de la vida y la muerte, de la magia, como del amor, de las diferencias como del tiempo, por todo esto, es tal el trabajo de análisis, que es como hacer poesía, pues desde tiempos inmemoriales es un recurso que ofrece al menos otro sentido, de lo establecido como del deber ser. Es entonces un trabajo con y de la lengua.

 

Creo entonces como ya lo han dicho muchos otros antes que yo, que en realidad, no estamos solos nunca, pues hasta en la locura, el (O)otro está ahí, con toda su pre-esencia, como herencias, y por tanto imprescindible en la función de soporte del fantasma particular de cada sujeto, y no sólo por su efecto simbolizable, apalabrable, también está en ese otro lugar, en tanto extremo, donde ese (O)otro, es posible que también se presencié como un deshecho desilusionante por medio de un acto proyectivo, pero el caso, es que no puede no haber ese (O)otro, pues de serlo tampoco habría historia pública ni privada, ni antes, ni después; así, sin el (O)otro claro está que sí se quisiese afanosamente escuchar o dar cuenta de que la vida tendría que ser plena, en su otro extremo, ése el de no estar “solos”, tendría que necesariamente ser algo lindo, pero resulta que tampoco esa convivencia con ese (O)otro, es siempre fácil, ni del todo amable, sino y en el mejor de casos diversa como problemática, y con consecuencias alternas sobre eso mismo, pues ahí estaría uno de los sentidos del devenir humano, en su plena incertidumbre, que muchas veces es detestable, pero por otra, ofrece la oportunidad de la pregunta, como de la inquietud sobre sí, y esto en su relación con ese (O)otro. Y ahí está una de laçs vías para problematizar la idea de mal-estar. .

 

Por tanto, el resultado se presenta francamente problemático, dado que apostar para ocupar el lugar del perverso, no se tendría que ir más allá de la categoría de objeto de goce del (O)otro y nada más, pero eso se califica de regresivo, cuasiautístico y/o francamente infantil (perverso polimorfo), Así, el que en este contexto histórico y social, el golpear a un niño, no estaría en tal acto resumiendo, más bien, una parte importante de la naturaleza como de la historia humana (¿?), esto suena perverso, cuando ello nos habita (¿?), pues la violencia como el sexo, no pueden anularse o siquiera negarse de nuestro devenir como sujetos, y esto dicho en el mejor de los destinos, pues por ello, la castración es como un recurso insoslayable de y al orden, pero también de la agresividad (que no de la violencia), seria considerada hasta cierto punto necesaria, con toda la ambigüedad y riesgo que tal designación convoca y justo por ello, se podría conjeturar, que en el cálculo de la eficacia como de su eficiencia, estaría el secreto como la respuesta del destino de tal acto; pero considero que ni así, sería fiable, el éxito de tal empresa, como normalización de tal aparato. Habría que preguntarnos entonces a quién serviría, como a quién le haría sentido, directamente (¿?). Sería como volver a empezar ahora nuestra historia, por medio de ese dios artificioso de la ciencia como de la tecnología y religión (¿?), y seguir pensando que estos dioses (padres), tendrían el encargo eterno de hacerse cargo de nosotros (¿?).

 

Por tanto, creo que la tragedia como tal, siempre tendrá su lugar de privilegio, aunque a veces sea soterrada, o mejor dicho inconsciente, por reprimida, pues justificaciones al malestar como accidentes y dificultades que se prometen resolver mediante religión, ciencia o arte, en el mejor de los casos, pues son nuestros alicientes, pues soportar el devenir trágico de la vida, por eso in-tranquiliza la idea de que la felicidad dura lo que dura, tanto como una relación sexual, pues al final de la historia, la búsqueda afanosa de víctimas como de victimarios es tan maniquea que los responsables quedan disueltos entre las leyes como entre la moral adquirida en el ejercicio de la exención de hacerse cargo, como sí eso fuera “lo bueno para si”. Por eso quizá resolvemos como cultura que el victimario, no puede no ser también una víctima crónica de su padre, como éste por el padre de su padre... Porque estuvo o porque no estuvo, porque aunque le diera su apellido, no fue ni será suficiente, la suficiencia, es un encargo de la cultura para la insatisfacción de los apetitos. Y utilizo la palabra siempre, en el inicio de este párrafo, porque sí de tragedia se trata, la sentencia que tal palabra evoca, no es sino para reconfirmar tal efecto en la especie humana, aunque eso si no toda.

 

Pero volviendo a la escena que nos trae a hablar de ella, sobre todo cuando es un niño el golpeado o abusado, la cosa se complica, dado que la cultura nos obliga a dar con él, la o los directamente implicado(s) para señalarlo como culpable o bien que asuma las consecuencias de tales actos, de manera responsable, se dice. Porque está el entendido social, de que el niño, por su condición natural de vulnerabilidad, en casi todos los aspectos, insiste en posicionar al adulto, como su responsabilidad, su protector como benefactor, en el ideal establecido, y que su goce infantil, no lo hace por ello corresponsable ni culpable de tal acto, sino como un receptor de goce que a posteriori asumiría o no, su posición subjetiva en tal acto, como de los adultos que se supone tendrían su cuidado o custodia; por no decir la parte correspondiente a su paternaje o maternaje o su atención como infante institucionalizado. De ello no hay garantías, sólo que fue, o que aún lo es, objeto de goce del (O)otro, y que por ello, le dejará marcas indelebles, aunque paradójicamente le prometa la ficción de un saber sobre tal goce, como la posibilidad de que de tal acto lo reproduzca o repita buscando algún sentido, placer, goce o hasta su verdad en ello, por tanto la apuesta a la perversión es franca de algún modo, aunque no sea la única. Pero cuando en la realidad social, es precisamente en esta realidad donde se reproduce incesantemente la denegación o falta de la aplicación de la ley, el agredido sea un menor o un adulto, queda  fuera del discurso su defensa como cualquier alegato, queda con pena, muerte y ausencias de confrontación necesaria para la reivindicación de la ley misma. Ello pareciera ser una representación en acto, que nuestra posmodernidad nos ha heredado ya, y que no es otra cosa que la repetición como reproducción del malestar en la cultura.

 

Así, la misma aplicación de la ley es tan desproporcionada en tal cálculo temporal como en su congruencia interna como en su coherencia social, de tales responsabilidades o culpas, arguyendo que rebasando cierta cantidad de tiempo del acto transgresor, que, el juicio quedaría proscrito, y no porque hayan faltado denuncias o demandas jurídicamente hablando; pero tanta es su falta, que a nivel social salta a la vista esta forclusión tanto como denegación y hasta represión de la ley, y como muestra queda registrado, el 2 de Octubre del 68 como denuncia de esa herida abierta al tiempo. Problema difícil a resolver, con base en diagnósticos, dado que la psicopatología se ve aquí rebasada entre psicópatas y/o perversos, como paranoias; y donde las neurosis son en este caso, artificio de enajenación y tristeza; y por otra las dificultades propias en el ejercicio del poder, sobre todo en su relación con el saber. A la fecha, aún no existe el dictamen de culpables y/o responsables materiales ni intelectuales, y aunque estén públicamente identificados, estos aún no existen para la ley, y las víctimas de tal atropello, genocidio o cómo se le llame, aún les queda abierto su juicio,  donde los directamente señalados como también los afectados, están muriéndose ya, pero de los victimarios, dicho literalmente: se hacen los locos, o bien siendo congruentes con la nominación psiquiátrica, ahora estos sufren de Alzheimer. Porque además, la ley dirá que aún como no se ha trabajado en ese detalle, no sabrá que hacer con ellos, aún y cuando se sostengan como verdaderos locos, como se-dice. Quizá por que los del poder legislativo, del judicial como del ejecutivo, dirán que con el tiempo se cura todo, hasta la memoria.

 

Todo esto para nombrar al sujeto perverso, que trato de no reducirlo al sádico o masoquista, ni siquiera en su posición infantil (como perverso polimorfo), como resultado de su inmadurez psíquica, rebeldía o producto de la disfuncionalidad social como familiar, claro que haría falta personalizarle, o al menos subjetivarle, dado que ha adquirido la faz, más bien del Otro, bajo su pseudónimo revelador de Sociedad Anónima de manera tal que lo único que se transmite es confusión de posiciones como de funciones desde el gobierno en su plena administración pública; pero aún así, “se resuelven” tales conflictos, con otros personajes y con otros más identificables, algunos los llaman y reconocen como personeros; y serían estos visibles a los medios como al ojo inmediato, religioso, moralino, paranoico como perverso y  que desde óptica donde todo lo podría ver, así, este ocuparía ahora su lugar caprino, es decir desde chivo expiatorio hasta macho cabrío; pues sería él y sólo él, el único culpable, ya que socialmente requiere de un sujeto a tal proceso; pues sería ése a quien se tendría que castigar, según los criterios de nuestra cultura y ley, en su contexto ampliado, y sabemos que ejemplos no faltan.

 

Por otra parte, particularidades tales como el caso de la psiquiatría y el de algunas otras ciencias llamadas de la conducta, como es el caso de la neurología,  que al parecer se vinculan bastante bien, con todo lo institucional como de cierta imagen social en la atención y rehabilitación de las locuras; así, podría decir que la psiquiatría se pone al orden de la cultura como de las instituciones, pero no del sujeto, pues este no forma parte de su registro laboral; y sería esa una de las representaciones que dieran validez a este proceso de escrutinio, sin que falte citar, que tal denominación conlleva toda la carga moral, difícil de presentar como de articular aquí, sin que evite con ello, el riesgo, de algún desliz a determinar, por simple consecuencia. Sin embargo, ahora en estas instituciones psiquiátricas, y con base en ese supuesto reconocimiento social, ahora le pegan curiosamente al único hospital psiquiátrico dedicado a la atención de niños y adolescentes del país, el Hospital Psiquiátrico Infantil “Juan N. Navarro”. Así, la frase “Pegan a un niño” es tan repetitiva como contundente, pues arguyen que la toma de espacios, corresponde al desarrollo propio de las instituciones de salud, pero no importa que los niños queden desplazados de su territorio, una vez más.  

 

Y esa, es una de las posibles vías para verse caer, cuando de estos menesteres se habla; en este ejercicio que me lleva de algún modo u otro, a ese lugar de la nominación, del nominador como de la sanción, y de eso que aún se llama diagnóstico, pues sin éste el orden se perdería; el orden establecido necesariamente por el Otro; y ahí se produce una caída de sentido como de la corresponsabilidad, que no siempre es escuchada, y quizás porque no necesariamente es legible (al menos, desde la economía psíquica), por lo transmisible, y por ello soportable como discurso. Así mi nominación no sería otra que el sostén de la emergencia del discurso de la diferencia, apuesta de lo más insoportable la mayoría de las veces, quizá por ex-céntrica, y de esto lo único a rescatar parece que se muestra en forma de borrador, como de esa pizarra mágica freudiana.

 

Pero por otra parte, en el supuesto de que se ofertara la escucha, para que la manifestación de la posición perversa tuviera lugar, obligaría este hecho tanto al Otro, como al otro, a tomar una postura definida, además de lo increíble que se antoja esta supuesta oportunidad, pues sería en sí misma una forma de acreditar su posición; donde el (O)otro asumiría, al menos por un instante eso imposible a enunciar, su supuesta demanda, pero dado que no habría tal de facto, puesto que no habría nada que resolverle, salvo que el otro se someta a su ley, ya que él sería como perverso, el centro de atención, de miradas como de crítica ante su postura; y por tal hecho, ganaría algo con ello, o acaso, ya ganó este lugar tiempo ha (¿?); por otra parte, cómo saber a quién pertenecería tal posición (¿?), a la Sociedad Anónima, S.A. (¿?) y, otra vez, quién autorizaría esta confrontación histerizante (¿?), puesto que es la ley y el orden, como los preceptos morales que soportan la dirección de la cultura, son éstas las figuras que estarían en juego, en esta ficción; por eso creo que desde el psicoanálisis sería precisamente, la de posibilitar que él denominado como perverso pudiera no sólo hablar, sino que de su ser y hacer, pudiera reconocerse, al menos en algo, esto se dice fácil, pero, de inmediato surgiría la retroacción que supondría que tal acto, aún clínicamente, sería difícil o imposible de sostener, salvo para dar cuenta, como caería todo este dispositivo, arguyendo así, que la falta podría denegarse, al menos por un instante; como también el de hacerse cargo de sí. En esta alegoría fantástica, que por serlo remite a problematizar no sólo la posición del perverso, sino el de la sociedad, como de sus directrices. Y ahí, estaría evidenciada otra imposibilidad de discurso, porque la construcción de tal parlamento, va más allá de lo que como sociedad estaríamos dispuestos a soportar como a sostener.

 

Ello, suena verdaderamente fantástico, porque lo es, en tanto su fantasma, manifestaría como se sostendría o dejarse caer, con tales imaginarios. Quizá, por ello, mucho de los actos perversos, quedan bajo el resguardo de lo privado, de lo íntimo, aunque a veces provoque ir más allá con su extimidad, pues el recurso de la mascarada se sostiene en cada lance, sobre todo, porque habría al menos uno, que fungiera como su súbdito, como su esclavo del goce. Y la otra apuesta a considerar, sería aquella, del lado del analista, estaría, en como podría éste, en condiciones tales, el dar cuenta de tal emergencia como de tal producción, o ésta fantasía pertenecería al campo propio de un análisis contrafactual, sería eso otra cosa, que no fuese producción de un saber (¿?), de su lugar, como de su función (¿?). Aunque suene aberrante, esta enunciación, no es ya, acaso, una demanda social (¿?)

 

Ahora bien, y sí todo lo dicho anteriormente pudiera decirse que con la violencia, como esa transgresión en acto de uno para con otro, y que es este nuestro hilo conductor, si nos lo tomamos en serio, tal pareciera indispensable para nosotros como humanos, pues partiendo a nivel macro o social, las guerras nos ofrecen esa tendencia que pareciera natural, y lo digo en este sentido, porque bien sabemos que la historia humana, está marcada principalmente, por las diversas guerras como luchas intestinas, revoluciones y demás en todo su devenir social, ello, en independencia de los motivos como de las ideologías que soportan tales actos, pues aún y con la emergencia de la consciencia como de sus compañeras supuestamente racionales: la inteligencia y la memoria, aún no han representado diferencia alguna para con su contraparte o etapa o característica denominada como menos evolucionada, primitiva o hasta inconsciente, con todo el tono peyorativo posible,sino más bien, que, con base en ellas la violencia se ha vuelto cada vez más elaborada, sofisticada, cínica o quizá perversa podría decir ya (¿?), tanto que también se le dice inteligente, concepto que ya no sé bien a qué cosa se refiere.

 

Por otra parte, si hablamos desde la naturaleza propia de lo inconsciente, para expresar así, esta violencia social, no sólo desde su ejercicio de poder, sino además como una manifestación negativa y abierta a la existencia de la diferencia, como del consecuente sometimiento en todos los ámbitos para el vencido, sometido, esclavo, víctima, capturando en éste registro a los que supuestamente les hace gozar el violentador, así como la posesión de sus tierras y sus mujeres, ideales, como figuras representativas y sí es posible, el abuso como la muerte obligada de niños, como parte del botín a gozar, como Júpiter con sus hijos, aún y cuando los compromisos establecidos principalmente, entre las llamadas grandes potencias; han pasado muy por encima de las leyes impuestas por la O.N.U., como por demás organizaciones de este estilo a nivel mundial supuestamente diseñadas para proteger a los pueblos de tales atrocidades, por eso pareciera otra vez una mostración perversa (¿?), dado que sus autores intelectuales como los de hecho, negarían tales corresponsabilidades, porque argumentarían la defensa de sus derechos históricos, como de sus posiciones e intereses políticos o ideológicos, o dicho llanamente, ejercicio de poder; aunque unos y otros (que no son sino a fin de cuenta, los mismos) fuesen conscientes de que la violencia, no reduciría en nada la escalada de mayor violencia, sino que más bien, la incentiva como si fuera una transmisión genealógica de ira y terror; pero aún así la violencia como la violación del lugar como de su semejante, es pasto seco para hacer arder, con todo el poder que esta pasión contiene y representa. Y de esto, del re-cuento de estas calamidades, no creo que haga falta citarlas, pues aún no han terminado las que ya son crónicas, cuando, hay ya otras que se están cocinando, como lo es el caso de Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, y un etcétera interminable nacional como mundial, hasta llegar a Morelia, en este fatídico 15 de Septiembre, y precisamente en el mes de La Patria; aunque para el mercado de almas como de armas, es sólo un evento más.

 

Y por otra parte, a nivel particular, del lado de lo singular, pareciera, que tal ejercicio se radicaliza aún más para dar cuenta de el establecimiento de un supuesto orden que en este caso, no es otra que transgresión vil, que algunos llamarían a estas como muestras y resultado exclusivo de la pobreza, resentimiento, envidia, frustración y demás adjetivos, dispuestos ad hoc, para su explicación como justificación. Se imponen como un nuevo código de la regulación de conductas a cumplir para ese (O)otro, que no sería otra cosa, que la operatividad de su orden, de carácter imperativo y particular; por el poder que le confiere ese momento, de sujeción y de sometimiento; cuál sea que presente signos de estas características, y, esto desde un punto de vista superficial.

 

Pero más en el fondo de este acto, se presencia una complejidad afectiva, de identidades como de roles, hasta para con la definición, por decirlo de algún modo en las estructuras clínicas; así, lo inconsciente, nos señala claramente su destinación en estos avatares, pues es justo por eso que al parecer se ejerce sin realmente saber algo conscientemente de ello, donde el hacerse responsable de los actos cometidos, convoca a una moral, como a un deber ser, que no siempre o más bien, muy pocas veces, sería bienvenida tal postura o aplicación, y menos aún de manera particular, pues desde que la apuesta por ser único, como el mejor, y/o el peor, el más grande, o el más temido y/o detestable, que nuestra cultura propicia, también su contraparte, la ilicitud, la falta de afecto, de reconocimiento, como de orden, tanto en la falla de la asunción de responsabilidades como de culpas, pues ahí donde debiera existir un (O)otro, que se encargase de tal ejecución, sin cara alguna (es decir, sin poder ver, como símbolo de equidad, sin distinción alguna entre las partes), precisamente para ser justo, y ahí, es donde tal aparato sigue sin consistencia, pues no corresponde al tamaño de nuestras exigencias neuróticas (culturales) como de desarrollo psíquico como social, pues el abandono, el rechazo, pero también por la astucia, el engaño, como la mentira y demás argucias y artificios varios, son recursos innegables para no hacerse responsables, sin que falte el recurso de la pobreza extrema o de la locura, real o ficticia, y de haber sido golpeado o abusado cuando niño, claro está; ya que de estas posibilidades están cargadas las demandas como las denuncias, pero también las defensas por la supuesta posesión de la verdad. Pero todo esto, es no sólo por esa defensa natural de la supuesta libertad física y moral, sino porque por si fuera poco, la figura del (O)otro como representante de la autoridad como de la ley, es verdaderamente increíble.

 

Ahora bien, donde la víctima, el golpeado sigue siendo ése niño, que en este momento infantil, no supo, ni pudo argumentar defensa ninguna. Salvo que al crecer, sí es que sobrevive, se le señala que fue abusado, con el estigma de que podría haber participado gozosamente en ello, pues sin duda, no dejaría de tener un resto de placer tal transgresión; así sin demanda de cura ninguna, sería a la postre un excelente elemento de la policía, como de la “justicia”, como de la Santa Iglesia, donde ciertos prelados se han distinguido por ser pederastas, o bien de una banda de narcotraficantes, como de posibles “estudiantes” demandando un espacio en la escuela, porque según esto, se lo merecen dado que obtuvieron una calificación exigua de 7 aciertos en un examen de 80 reactivos, por ejemplo; éste como demás casos, han dejado de ser ejemplares, por el simple hecho de que ya no son excepcionales; esto en el amplio sentido de la palabra. Y después en una marcha más, buscarán febrilmente a su golpeador, para que les otorgue de manera eficaz un grado suficiente de víctima, pues así, el sacrificio en público será requisito indispensable para su redención; es decir, para hacerse ver por el (O)otro, como receptor de su violencia, y para que sus carencias, cuáles sean éstas, tengan en su imaginario, una excusa para sí, pero también el hacerse golpear como liberación y pago de su culpa, por su no entrega, por no estudiar, puede parecer esta lectura, tendenciosa como reprobatoria de la pobreza, como sí ellos, no tuvieran el derecho a estudiar, cuando precisamente ese dejó de ser el punto a discutir. Así, dirigirá su cuerpo como carne en exposición a que los golpes por fin den algún sentido, para que ese otro, su golpeador re-querido como preferido, para que se haga cargo de tal acto, para queen ese acting-out, dirigido realmente a ese padre faltante, que no supo o no pudo escuchar sus plegarias de amor como de rescate; y por otra tendrán a sus enemigos, por antonomasia, los que si pasaron el examen, aún y cuando haya sido con la calificación más baja, los identifican como privilegiados, porque estos tuvieron esas oportunidades que éste no, y que seguramente no tendrá, porque además pensaría que bien podría ser la señal de los pobres, que esa sería su identidad como su estatura. Así, su ser devendría como golpeado, y por tanto, razón suficiente para que a posteriori, golpear a otros.

 

En estos tiempos posmodernos, han caído tantos íconos de manera estrepitosa, que antes fueron imágenes de respeto, con autoridad civil o moral, y que socialmente tenían logrado cierto prestigio, pero ahora queda como tarea el de recomenzar, como trabajo pendiente, para algunos casi al estilo retro, de esa herencia que queda como deuda paterna a saldar por sus hijos, una reconstrucción sintomática, si acaso, o bien una reflexión como problematización sobre esta caída como declinación de la función paterna en sus tres registros como en sus diferentes père-versiones, y que no deja de tener efectos, al parecer en todos o la mayoría de los ámbitos donde los humanos tenemos presencia. Así, creo que los golpes, no son sólo repeticiones contemporáneas. Parece más bien, que también son crónicas, que tienen una historia añeja de goce como de ignominia, llegando a ser vitalmente trágico-cómicos.

 

Además podemos argüir, que de nuestros aparatos de justicia y legalidad, pareciera que en el mejor de los casos, éstas están en función de la aplicación administrativa de la ley, donde la supuesta disposición de las leyes para servicio del hombre y sus circunstancias se vuelven contra si y contra la cultura, como un boomerang, recibiendo así, su mensaje en forma invertida, esto es así, quizá porque su aplicación plena, sería irreal, ideal como que sus jueces fueran sólo máquinas de procedimientos, o sea, no sujetos a corrupción. Estas puntualizaciones, no son aquí sino una visión retroactiva, a la violencia identificada por quien lo enuncie o muestre como la primera agresión, por eso consideraría como un importante dato clínico-jurídico a investigar, y por ende reportada como agresión; así es difícil dar con el responsable de tales actos transgresores, que en este caso, no sólo es el de ese niño golpeado, pues creo que también sería el del hombre en la historia. Y esto sólo como una de tantas posibilidades de presentación, y de esta referencia es quizá en el mejor de los casos hipotéticamente hablando.

 

Desgraciada o afortunadamente, para esto no hay un final, pues no se trata de finalizar nada, ya que se trata más bien de esa corresponsabilidad, que dicha así no sólo suena ideal sino irreal, y es la de cada quien se haga cargo de si, como en función de lo de su estatura social, y de uno por uno, desde lo singular hasta lo social; de eso que en tanto sujetos deseamos, pero con el agregado de la asunción de sus consecuencias, el deseo es justo eso que invita, pero no siempre se acepta su naturaleza, ni el encargo que genera esa verdad, la verdad del sujeto.

 

 

 

       

                          Ciudad Universitaria a 17 de octubre de 2008

La Letra Ausente
 www.laletraausente.com

 

 

LA TRAMA DEL OTRO
del Otro
AULIDO
ullido
EL NICHO DE LO ABSURDO
de lo absurdo
DE CUERPO PRESENTE
COLOQUIO DE SOLILOQUIOS
de soliloquios
EL OMBLIGO DEL PODER
del Poder
Presente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Javier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier AnzuresJavier Anzures