La letra ausente. revista de micropolítica y subjetividad. Psicoanálisis, FACISMO; Alain Toureain Pacto Social
Presentación
La letra ausente. Revista de micropolítica y subjetividad
Visos de un incendio
POR: OCTAVIO PATIÑO
El “mundo”, experiencia personal, íntima, siniestra. La fosa del deshecho, la catapulta del éxtasis, lo sublime, lo abyecto, los claroscuros que rompen la dualidad. Dialéctica rota por su sombra. El “mundo” y el “serestar” (Silén), en la ruleta. Tiempo sin cronómetros. Escapatoria y extrañamiento. El “mundo” es la foto, el porvenir del recuerdo donde se gesta la utopía, la embriaguez. Dionisios paseando con flores en el pelo, dejando un hilo de humo enamorado. Extrañarse del “mundo” es amarlo porque se le extraña, para hacerlo lazo, escenario psicodélico, metaforizarlo, el “mundo” es la metáfora, y en el descarnado rostro de la guerra, la mundial, el Vietnam de la infamia y el desnudamiento de los jóvenes Hippies, se piensa la posibilidad de otro anudamiento. Desnudarse para anudarse, y re-volverse a través de la sustancia-droga.
No hay denuncia en la jeringa, pero es lanza que engaña el dolor, y funda el color mientras las estructuras palidecen. Suena vida, ondas de rumores juveniles. Los 60’s, los 70’s entrañando la sustancia de la fuga ¿trasgresión? tal vez, pero con desembocaduras contemplativas. Pero también es la herencia Beat, que en su golpeteo deja el eco apasionado de los rumbos dispares, creadores, punzantes.
Nunca antes se había presenciado con tanta degradación la operación del llamado “crimen organizado”. El narcotráfico decapitando, deshaciendo cuerpos en ácido, ejecutando masivamente familias, policías, militares. Arremetiendo contra sus adversarios reales o imaginarios, creados o heredados, llega como la manifestación de la descomposición social. En sus prácticas se evidencia el lugar que el cuerpo tiene ahora en este “mundo” del neoliberalismo económico y rapaz. El cuerpo, como la vida, pasó a ser un asunto insignificante, es decir, sin significar, convirtiéndose en deshecho, resto, el cuerpo es lo que cae frente a la obturación del mundo. Cae en forma de cabeza, mutilado, empacado en bolsas de supermercado, deshecho en la pobreza en la que han convertido la vida.
La droga-mercancía, viene a taponar todo resquicio, todo agujero que pudiera ser fuente de deseo. La droga-mercancía, ha venido a ser lo que precisamente negaba: taponamiento de la vida. Pero son las drogas-mercancía en general, no sólo las del narcotráfico sino también las de las grandes farmacéuticas. La droga es ahora la mercancía objeto de felicidad, de plusvalía, y de sentido de vida dentro de la muerte, de la salud dentro de la enfermedad. Obturadora de malestares sin precedentes. El adicto, ese del que se dice que no tiene palabra, es ahora un ejemplo del mejor consumidor, cuya demanda es inagotable, pues siempre habrá después de una pastilla, de un pinchazo, de una inhalada, nuevos malestares, otros huecos. Abismos cada vez más inmensos que buscan ser tapados, puesto que en este “mundo” no debe haber malestares.
Las drogas, llegaron a ser desde el movimiento Beat de los años 50’s y la generación de las flores de los años 60’s sustancias de la protesta, de la inconformidad, de la rebeldía, del extrañamiento del “mundo”. Sexo, drogas y rock, fórmula conocida y evocada que ha perdido su influencia en las generaciones presentes. Sexo, drogas y rock and roll, trinidad del anudamiento psicodélico ante un “mundo” militarizado, nudo que hacía posible la contracultura que pugnaba contra la vida de consumo que llegaría a ser lo que hoy padecemos como la hegemonía del mercado.
Con el surgimiento de la dictaduras latinoamericanas, con los miles de desaparecidos, se mutilaba aún más la utopía y la droga-sustancia cada vez más limitada en sus propiedades que atizaban los viajes de de la psicodélica, se iba resbalando hacia las manos del crimen organizado, la sustancia ya no era un posible punto de restauración de la experiencia mística del “mundo”, vehículo fundamental para lograr las fusiones con la naturaleza. El hongo alucinante era mejor que el hongo de la bomba atómica.
La droga deja de ser un artilugio que hacía proliferar los viajes astrales, la creación, el arte y el posible lazo de amor. La droga convertida en objeto de mercado se trasforma en la mercancía que hace posible alcanzar el enriquecimiento con o sin las complicidades entre gobiernos y cárteles. Las drogas, incluidas y con mayor razón, las distribuidas por las grandes farmacéuticas que operan como los cárteles pero con un respaldo “científico”, son las potentes obturadoras de malestares.
Quienes gozan de la droga ya no son aquellos jóvenes de corazón eterno, con el cabello largo y la barba crecida, las chicas desnudas teniendo como bandera el sexo, hablando de la paz y el amor, los profetas alucinados de las bandas de rock, el trovador embelezado llamando a las puertas del cielo, queriendo el mundo para ahora. No. Quienes gozan de la droga ahora son los que a la sombra de un mundo clausurado para el deseo, intentan afanosamente mostrarse, sumergiéndose para ello, en el mercado del narco. Pero no sólo hay droga en el mercado del narcotráfico, los tecnócratas drogan, las televisoras drogan, las universidades drogan. Vivimos en un mundo adicto. Legalizar las drogas, no es debilitar al crimen organizado, como no lo ha sido la proliferación de los medicamentos “alternativos” y de los discursos farsantes de la democracia. No puede haber creación y deseo cuando el “mundo”, se ha convertido en un insaciable picadero. Legalizar o no legalizar, ese no es el debate, ¿por qué hasta ahora les preocupa que un joven se meta kilos de cocaína, que se dé más pinchazos que un cuerpo en acupunturas? ¿cuando les ha importado que un joven sea reclutado por el narcotráfico aún siendo menor de edad y muera en menos de un año ajusticiado por sus propios caínes?, les ha importado que los pederastas anden sueltos dejando su marca con la bendición del episcopado?, ¿que los niños consuman videojuegos mientras sus padres pasan la mayor parte del día encapsulados en las cadenas de producción? Que la población se narcotice con las televisoras? La economía de mercado es el Amo, y podrá adormecer, anestesiar el tiempo que así lo permitamos. El imperativo drógate, no está lejano del endrógate, es el mercado quien dirige los rumbos de estos tiempos y de cualquier manera buscará que siempre le estemos en deuda.
Sean pues los hilos de humo que emanan de estos textos, visos de un incendio ahí donde se le han quemado las patas al diablo y no la amenaza de un cuerno de chivo que acaba de vomitar su hegemonía, o la hebra del desgarramiento democrático en el que se disfrazan los cinismos.