
SECCIÓN: EL NICHO DE LO ABSURDO
El MALESTAR Y LA MISERIA DE LA INTERVENCIÓN1
Por: JOSÉ ANTINIO MEJÍA CORIA Y MARLENE RAMÍREZ SANABRIA
“¿Por qué la droga Víctor?....Porque el mundo es culero carnal ¡¡¡Ja ja ja!!”
(Fragmento de un breve diálogo con Víctor –nuestro “informante”-)
“La morfina pega primero en la parte de atrás de las piernas, luego en la nuca, y después se extiende una gran relajación que despega los músculos de los huesos y parece que uno flota sin límites, como si estuviera tendido sobre agua salada caliente. Cuando esta relajación se extendió por mis tejidos, experimenté un fuerte sentimiento de miedo. Tenía la sensación de que una imagen horrible estaba allí, más allá de mi campo de visión, moviéndose en cuanto volvía la cabeza de modo que nunca podía verla. Sentí náuseas; me tumbé y cerré los ojos. Pasaron una serie de imágenes, como si estuviera viendo una película: un enorme bar con luces de neón que se hacía más y más grande hasta que calles y tráfico quedaron incluidos en él; una camarera traía una calavera en una bandeja; estrellas en el cielo claro. El impacto físico del miedo a la muerte; el corte de la respiración; la detención de la sangre”.
(Burroughs, W. Fragmento de Yonqui)
En el decir sobre las adiciones se juegan muchos, múltiples discursos, cada quien opina desde su posición, desde el malestar que la cuestión del enlace entre los fármacos y el sujeto como apuesta por la vida, o por la muerte, le producen al “observador” del fenómeno de la adicción. Cada cual aborda desde sus discursos enaltecedores o de afán normalizador la condición del adicto, a veces por simple ocio, a veces con el empeño de conocer esa condición “otra” que es la condición del susodicho adicto, a veces (en la mayoría de los casos) por “ayudar”; pero siempre con el “objetivo” de dar cuenta de lo peligroso, de lo terrorífico (¿ominoso?) de estar como outsider, de estar como no estando en el engranaje social, el terreno de la ahora famosa “exclusión”.
Creemos pertinente en este estudio dar cuenta, aproximarnos a la cuestión de la adicción desde la postura del psicoanálisis, postura en la que quizá podamos acercarnos al decir del sujeto, desde una escucha un poco distinta , una “escucha del texto”(y decimos un poco ya que no creemos que el abordaje de la adicción, sea cual sea la interpretación que se le de, no sea la de la normalización, la de meter al sujeto en una lógica de funcionalidad acorde con lo estipulado por las “normas sociales” -¿cuáles?-).
Desde los llamados textos sociales de Freud (El malestar en la cultura, Psicología de las masas y análisis del Yo, El porvenir de una ilusión, etc.), entre otros textos de otros autores, hacemos un acercamiento al malestar “actual” de la cultura, malestar que abordamos de manera específica dando una vuelta hacia la llamada adicción y todo el entramado construido alrededor de ella. Por medio de la revisión de la reflexión que hace nuestro “informante”, tratamos de dar cuenta de algunos aspectos interesantes que rodean, se entrelazan, y producen sentido al consumo de la droga.
Intervención, rehabilitación, cura, etc., son los imperativos que bombardean desde el discurso sobre la adicción, desde el “inofensivo” ¡Vive sin drogas!, hasta los más sangrientos operativos de “desintegración de bandas de narcotraficantes”, toda la estructura social va dirigida, enfocada a un sólo fin: aparentar destruir el síntoma, pero con el único fin de desnudar al sujeto, de mostrarlo indefenso ante el dispositivo de normalización, para así poder hablar de una prevención que cura, que saca del dolor a ese “sufriente” “preso en las manos de las drogas”. La implicación que creemos evidente, y la cual nos convoca a realizar este breve estudio es la desaparición del sujeto en el discurso de la “destitución del malestar”, en el cual, la pregunta por el sujeto es algo que ni por casualidad podría presentarse como posibilidad ante la locura y el vértigo del tiempo de militarización que vive el país. Por este lado se dará cuenta de que no hay tal “sufriente”, de que quizá sí hay un “preso en las manos de las drogas”, y de muchas cosas más, esto desde el texto mismo, sí es goce o no es goce, pues eso lo dejaremos a las consideraciones del lector de éste pequeño trabajo. Por tanto, prosigamos.
Aparentar destruir el síntoma, para fortalecerlo, para fortalecer la condición del adicto como “mal social”, para darle continuidad a la producción de curas, de soluciones rápidas, de ejércitos de buena voluntad y manos ensangrentadas, eso es la “erradicación del síntoma”, fortalecimiento de la condición del desconocimiento, bueno, al menos es la hipótesis de la que partimos (sobre todo dos integrantes del equipo) para iniciar la vuelta hacia los textos que le darán forma a éste estudio. Pero primero, realizaremos una breve aproximación a los significados e historia de la adicción.
De acuerdo a Thomas Szazs (1990), la cuestión de la droga y el drogadicto, adicto o drogodependiente se remite a hace miles de años en los cuales la religión y la medicina eran una empresa común e indiferenciada, ambas estaban aliadas estrechamente con el gobierno y la política, y el interés en común de ambas era mantener la integridad de la comunidad y la de sus miembros individuales. Ellos, sacerdotes y médicos protegían a sus tribus de las plagas, escasez, y de los peligros resultantes de las contiendas militares a través de ciertas ceremonias religiosas, por ejemplo en la antigua Grecia, una de esas ceremonias consistía en sacrificios humanos. La selección, bautizo, tratamiento especial y, finalmente, destrucción ritualizada del chivo expiatorio, constituía la más importante y potente intervención “terapéutica” conocida por el hombre “primitivo”. En la Grecia arcaica, la persona sacrificada como chivo expiatorio era llamada el pharmakós. ¡De ahí que la raíz de términos modernos como farmacología y farmacopea no sea “medicina”, “droga” y “veneno”, como afirman erróneamente la mayoría de los diccionarios, sino “chivo expiatorio”! Sin duda, una vez que la práctica de sacrificios humanos fue abandonada en Grecia, probablemente alrededor del siglo vi a. C., la palabra pasó a significar “medicina”, “droga” y “veneno” (Szasz, 1990).
Cuando los antiguos veían a un chivo expiatorio, eran por lo menos capaces de reconocerlo en cuanto tal: un pharmakós, un sacrificio humano. Cuando el hombre moderno ve a un chivo expiatorio, no lo reconoce, o se niega a reconocerlo en cuanto tal; en lugar de ello busca explicaciones científicas para explicar lo obvio. la larga lista de chivos expiatorios suscitada por apetito humano de pharmakós, al parecer insaciable, uno de los más importantes hoy en día son ciertas substancias llamadas “drogas peligrosas” y “estupefacientes”, ciertos empresarios llamados “traficantes” o “inductores”, y ciertas personas que consumen ciertas sustancias prohibidas, llamadas “toxicómanos”, “personas que abusan de las drogas” o “drogodependientes”. Este lenguaje seudocientífico y seudomédico es al mismo tiempo causa y resultado de la bochornosa insensibilidad actual en lo que concierne a sacrificar seres humanos, y de la ceguera ante los chivos expiatorios mismos (1990). La vida ha perdido su parte sagrada, el erotismo se ha extinguido dentro del afán discursivo-científico “moderno” y “posmoderno” de completud humana, pero adelante.
El farmacón en Grecia tenía estrecha relación con el orden de la polis, es decir, el sacrificio tenía como misión producir efectos positivos para el funcionamiento de la ciudad, es interesante observar las confusiones actuales, que parten desde una confusión en el sentido de las palabras, por ejemplo, la dimensión que a la droga se le da en la época actual es la de fármaco (derivado de la farmacología), es decir la de un agente que hace dependiente a un organismo para sus subsistencia, pero cabe señalar que la implicación que tiene la droga en relación al organismo no se puede reducir a un aspecto puramente biológico, pues la droga y el consumidor de la misma, tienen la función que el pharmakon tenía en la antigua Grecia, sólo que en el discurso médico-psiquiátrico la dimensión del sujeto y la polis son absurdos que no merecen ser abordados por los estudios científicos, pero que sin embargo tiene una significación importante en cuanto que esta relación (droga-sujeto) se encuentra atravesada por infinidad de significantes que al ser remitidos al olvido, parece que nada tienen que ver con la sociedad en la que son creados, y por tanto son borrados, conceptos indiferentes que carecen de validez universal, y que, aún así hacen que el aparato de normalización subsista y tenga pretextos para funcionar.
Después de las líneas anteriores es necesario mencionar el texto que nuestro informante (a petición de mostrar su reflexión sobre las drogas en lugar de la entrevista que le realizamos) otorga para hacer un breve análisis sobre diversos aspectos de la adicción como malestar actual de la denominada civilización.
El texto que nos presenta nuestro “informante”, es un reflejo de lo que los llamados adictos viven en el entramado social: la policía, la familia, la escuela, los medios, todos hablan, dicen, balbucean sobre el estado de las cosas; pero lo no permitido es que el adicto hable, cuando habla la discursividad parece estar condenada a oídos sordos, a promesas de cambio, a un confinamiento en la oscuridad del underground, Assoun da cuenta de manera puntual sobre el estado del excluido, aunque a través de la escucha de la mierda podemos ir más allá de los seductores escritos de la explicación del daño, del perjuicio, este punto lo analizaremos en las conclusiones, donde enlazaremos el discurso de Víctor con los fragmentos del Yonqui, esto con el único objetivo de darle continuidad a la locura, a la dispersión de las palabras en la vuelta hacia el sujeto, hacia el indomable sujeto en eterna búsqueda del imposible encuentro.
Acudamos a Freud (1929) quien menciona a las drogas como quitapenas, uno de los tres grandes recursos para soportar la vida “no se les debe solamente un goce inmediato sino también un grado de independencia ardientemente anhelado respecto del mundo exterior”. Esas quitapenas dan la ilusión de mantenerse de pie cuando todo se derrumba, y ante la falta de posibilidades de ser en el mundo aparecen como una de las alternativas que se tienen para trascender los límites de una sociedad que aparece con los ideales muertos y enterrados en un pasado del que nada se quiere saber.
Por otro lado remitámonos a la cuestión del cuerpo en la adicción. Dice Braunstein (2003) que el cuerpo se juega de manera singular en la toxicomanía, pues el consumo de tóxicos por parte del sujeto no se revela como una estructura clínica propiamente dicha, y esto posiciona al adicto como “cuestionador” específico del discurso psicoanalítico, ya que el hecho de ser toxicómano implica un deslinde de la pregunta por el ser, en el cual la droga viene a ocupar el lugar del objeto que permitiría una vía de acceso privilegiada e inmediata hacia el goce así como un modo de impugnar al Otro. La droga llega a ser ese objeto de una necesidad imperiosa. La satisfacción no acepta ni postergación ni sustitución del objeto.
Y el cuestionamiento que parte de las palabras del adicto trae a colación lo determinante que generalmente puede llegar a ser el discurso posicionado como discurso del amo (en relación a la postura anterior):
“La jungla de asfalto es de lo mas densa y exclusiva, es en ella donde cada quien, le encuentra un sentido de ser a esa masa de carne nombrada por muchos teóricos “cuerpo”. El cuerpo dentro de la cotidianeidad, “la vida”, podría terminar siendo un medio o conducto para llegar a otro lugar; nuestra nave espacio-temporal ó cuerpo es el gran templo, “refugio de la erupción de Pandora”. Siendo el cuerpo la sede de lo privado y lo publico (por ahora me enfocare a lo privado), se convierte éste en una herramienta para “fiestear”.”
Proponemos que un cuerpo que fiestea es un cuerpo que desea, y que de manera frontal se coloca en las puertas de la muerte, linda con los rituales sagrados que dan cuenta del sentido de la ruptura de las reglas, ida y vuelta que permite al sujeto transgredir las pautas de lo establecido, por lo tanto creemos que la adicción es una reflexión sobre los avatares de la vida y la circunstancia de la muerte que nos habita. En el decir de Víctor es evidente que hay algo que lo habita y que lo hace mover el cuerpo, la vida como conducto para llegar a otro lugar, el lugar de la droga, la eterna fiesta, el goce, exceder el deseo no quiere decir que no haya deseo.
La sociedad como tal y el sistema organizacional de ésta no pueden permanecer estáticos. El movimiento y el fluir, antítesis del mantenimiento, son necesarios. Es en este caso que la fiesta se convierte en un espacio donde se puede cuestionar, transformar e inclusive anular parte integral de un sistema de verdades bellas ó rancias. El cuerpo farmacodependiente, un templo en constante festejo, por llegar a ser esa parte molesta y evidente del engranaje social (una mirada distorsionada de lo aparentemente real), termina por ser excluida a lo más recóndito de la moral “pitera”, de la ética, de lo más malo, de lo pervertido y lo feo (con lo anterior no quiero decir que se tenga que odiar al padre).
Víctor toma a la droga como la oportunidad de festejar, de retar al sistema social, se abre un espacio otro en el que es posible decir de lo que está pasando; y sin embargo parecería que es hablado por esas voces de las cuales se queja. Su discurso está permeado de palabras que nombran la condición del adicto: pervertido, feo, farmacodependiente, lo aparentemente real, odiar al padre. El discurso viene de otro lugar, las palabras no dan cuenta de manera exclusiva de la situación de Víctor, sino de un sinfín de entramados discursivos que apelan a lo dicho por otros para poder dar cuenta del efecto producido en el sentir individual.
El andar fiestero puede llegar a convertirse realmente en eso… en una fiesta. Poder probar los colores por instantes mágicos, sentir un miedo escalofriante entregándose a la incertidumbre, beber y beber, son estados que muchos engranes no llegarían a entender ni siquiera entrándole a la misma fiesta. El melancólico alcohólico, el niño “monoso” del metro, el joven de las mandíbulas trabadas por la piedra, el homicida de la lengua azul, todos ellos engranes “defectuosos”, claro ejemplo de lo que no se debe ser y hacer, todos ellos SOMOS necesarios para el mantenimiento óptimo del poder inconsciente y pervertido, que busca por medios desesperados, sobrevivir acosta de pretextos; SOMOS UN PRETEXTO.
Somos un pre-texto la incertidumbre es la condición del sujeto, pero es complicado escucharlo, sobre todo desde el imperativo del orden sería absurdo escuchar lo anterior, pero como estamos en el terreno de lo absurdo, pues demos cuenta de eso, de las lenguas azules, el argumento es coherente, desde las viñetas anteriores Víctor no hace sino una cosa: dar cuenta de su posición. Evidentemente es hablado por los discursos otros sobre la droga (¿y quién no lo es?), sobre la condición de la fiesta, del delirio, de lo que se debe y no se debe hacer, pero evidentemente da cuenta de a ruptura con la ilusión de perfección que el constructo social deposita “en su juventud”, da cuenta de la falla, de que algo no anda del todo bien en el orden de las cosas: somos un pre-texto. Algo previo al texto, que sin embargo es texto que se coloca en el mundo. Somos poemas más que poetas, diría Heidegger, entonces apelemos a eso a colocarnos como habitantes de este mundo de lenguaje, casa del ser. Escuchemos por lo tanto las discursividades.
Dice Braunstein, (2003) “la droga llega a enmascarar o sustituir el deseo de carácter inconsciente. Al suceder esto el deseo queda a un más desconocido que nunca detrás del sujeto de la droga. Existe el goce o existe la nada” “…la necesidad es absoluta. La droga llega a ser la pareja que sucede al divorcio del sujeto con el orden fálico, con la introducción de la falta” "No hay otra definición de la droga que ésta: es lo que permite romper el casamiento con el pipí" (J. Lacan citado por Braunstein, 2003).El toxicómano se muestra como una máquina sin deseos, así como la negativa del fantasma de la castración a través de la negación del falo.
Cuestionable lo anterior, en verdad, parece demasiado determinante el decir que de Braunstein parte para la posición del adicto “máquina sin deseos”, en principio, porque nos parece que el deseo por la droga es deseo, no sabemos si más o menos deseo que otro, pero es deseo, que lo transgrede, cierto, pero no se puede hablar de una anulación radical de la cuestión que sostiene al sujet, es decir, su deseo, en fin, mejor darle una vuelta a lo dicho por nuestro informante en su texto:
“La anterior definición, bonita y chingona, acaba por desmadrar a la bandita que como yo, han terminado muchas veces hasta el culo de borrachos, pachecos o X estado. Hoy día, echando un vistazo dentro de esa cosa llamada internet, podemos encontrar infinidad de definiciones, que encasillando a un fenómeno tan complejo y extraño, lo terminan por desvalorar, limitándolo a esquemas, verdades legales reciclables. No es extraño encontrar rolando por la calle a “vagos” fumando mota, “borrachines” tirados en el suelo, niños inhalándose unas “monas”, etc.”
Culminamos éste apartado diciendo que es desde el lugar del que vive la adicción desde donde se podría hacer una aproximación a la cuestión del malestar, para a partir de esto preguntarnos de quién es el malestar, de quién son los lamentos, de quién es el sufrimiento, de quién es el afán por desnudar, desanudar al sujeto, anularlo para poder dar cuenta de que eerror es inaceptable. Creemos que el apartado siguiente puede dar algunas respuestas a las anteriores preguntas.
“Es cagado observar que la mayor parte de la policía judicial que existe en el país, es de lo más brutal que tenemos. Ellos son gorilas preservadores del orden, todo síntoma público debe ser erradicado. Los llamados operativos contra el narcotráfico, y en especial los que se hacen por “Ecatepunk”, han sido la caída de mucha bandita fiestera. Últimamente, los que se hacen pasar por guardianes del orden público, bienestar y progreso, les han dado literalmente “en la madre” a varia bandita pacheca con lo que me gustaría llamar secuestros exprés.”
La violencia de la intervención cuestión complicada, ya ni siquiera pensemos en lo que nos propone Mier ( ) en relación al acto antropológico, pues entramos en una lógica pornográfica en donde el más grande se coge al más pequeño, el más poderoso al menos poderoso, el maestro poderoso a la alumna o alumno precioso (y débiles, ambos), el culto a la verga invade los medios, y la droga es buen pretexto para dar cuenta de quién es el más, quién la tiene más grande, en fin, hablamos del acto pornográfico, para nada del acto antropológico. Lo abordado por Foucault en Vigilar y Castigar, o en el Poder Psiquiátrico sólo parecen vislumbrar un poco de lo que pasa en nuestra condición social actual, en la cual la pregunta por el otro se ha diseminado entre cultos a la estulticia y a la fuerza brutal:
“Estos gorilas, con el poder en las manos y los dedos, son capaces de meter su dedo en el culo de la bandita. Su propósito ultimo, el varo. Ya salir a la calle con un toque, prenderlo, fumarlo, pedalearlo, es sinónimo de aventura y peligro. Los predadores asechan a lo lejos disfrazados de la abuelita que vende tortas, Bon Ice, etc, ellos rastrean tu andar, su mirada no la apartan, miras alrededor y miras si relativamente no hay pedo, prendes el toque, ellos esperan a que te des unas cuantas fumadas para agarrarte bien pacheco, tu paladeas, ojos de gato, catorrazos en la espalda, tu compita en la pared abierto de patas y sin tenis.”
El espejo social pierde su capacidad conformadora, la droga y sus avatares fragmentan el cuerpo que refleja el espejo, la especularidad truena, sólo quedan fragmentos diseminados en decires atorados, taponados por los efectos de la fuerza brutal, la diseminación es paradójica, el sujeto de adicción existe a partir de la droga, antes de eso sólo nos encontramos con un no-dicho, con algo no-minado, no-mirado. Por eso el adicto cuestiona con su apuesta la lógica discursiva, no hay espejo, pero se busca una mirada, no hay conformación lógica del cuerpo, pero hay un goce que le da sentido a la existencia del sujeto, en fin, es en los litorales de la muerte donde el “adicto” da de qué decir, pues es en ese lugar donde la mirada del otro envuelve y hace notoria la existencia del que parte de la nada para llegar a ser adicto, aquí quizá podríamos hablar de un “síntoma social”, el predominio de lo imaginario (invasión mediática) y lo real (la pornografía: los cuerpos decapitados, los narcotraficantes fusilados, los secuestrados mutilados, los muertos en accidente aéreo presentados en bolsas de plástico, etc., etc.) nada dejan para que lo simbólico produzca efectos de sentido en una sociedad que cae en pedazos.
Por eso la apuesta por la fiesta, por el disfrute (no sabemos si en forma de goce o de deseo), por la creación de efectos multicolores son una apuesta de rescate emergente de la cuestión simbólica. Pensamos que si la embriaguez puede dar efectos de creación, es preferible a la condición de muerte que estamos viviendo. Esto nos llevaría a cuestionar algunas de las posiciones que de algunos autores del psicoanálisis parten sobre la explicación de la adicción como un goce todo, como sujeto máquina, o n referencias sobre el asunto.
Dentro del imperativo de la esclavitud, el denominado adicto se presenta como aquel que puede llegar a transgredir los limites del deseo, y ubicarse en un ida y vuelta como amo, lidiar con el goce y regresar para dar cuenta de que el sí puede ser amo en el lugar en el que la esclavitud ha permeado el deseo del no-adicto. Se sustrae de las conveniencias, se coloca en posición de reto ante la muerte, de control y prestancia, el acto cuestiona, provoca malestar y una exclusión previamente anunciada. La apuesta es peligrosa, evidentemente, pero quizá de la incoherencia todavía se puedan tomar alguna partes que puedan darle una dimensión otra a la condición de ser en el mundo, no sólo del adicto, sino de aquel llamado sujeto de deseo (que insistimos que el adicto lo es).
Dice Raymundo Mier que la violencia de la intervención es necesaria para producir efecto de sentido en el “intervenido”, y estamos de acuerdo, pero cuando las herramientas de lo social han sido reducidas a la aplicación de la fuerza, de la artimaña, qué pasa cuando al referirnos a la historia de la humanidad sólo podemos dar cuenta de que es la historia de la perfección del crimen, del abuso contra el otro, y como consecuencia obtenemos otra pregunta: ¿de qué intervención estamos hablando?, sí en México el sistema psiquiátrico sigue instalado en el savoir faire, en las técnicas policiacas de extracción de información y de castigo para erradicar el “síntoma”, entonces qué podemos esperar de aquellos encargados de “erradicar” el mal-estar:
Pero no hay pedo… los guardianes del orden con su gran sentido de compasión y benevolencia te dicen: pues háblales a tus jefes, solo va a ver paro de esa forma, ECHÁLES una llamadita, mira güerito, tú me caíste bien, te voy a hacer el paro, tú solo háblales a tus jefes y arreglamos esto en corto. El negocio de oro por excelencia de la policía judicial ha sido siempre ese, el de la cacería, y actualmente en estos años de crisis, mas aún. Los precios suben, los juguetes o tanga para la esposa también suben de precio. Las tarifas de rescate andan alrededor de los cinco y diez mil pesitos, entonces podríamos hablar que el salario de esos chingones estaría en un promedio de diez a quince mil por día jodido, mas comisión…la policía judicial y federal, como nuevas herramientas para combatir el narcotráfico son solo nuevas formas de lucrar. Siento que esta nueva forma de lucro esta llevando a la banda fiestera a lugares mas escondidos de la esfera social, la irreverencia y la hipocresía social son inevitables.
Malestar vaticinado por Freud, muerte de la ilusión también vaticinada por el susodicho; cacería de adictos ante la imposibilidad de entablar un diálogo; secuestros exprés ante el radical desconocimiento del ser, el adicto no se posiciona en el lugar del sufriente, y por lo tanto todas las acciones entabladas en contra de ellos son aceptadas, validadas y promovidas con el imperativo estúpido de la búsqueda de la salud mental.
Es evidente que la manera de remitirse a un pasado que se muestra como huella imborrable de lo denominado presente en relación a la cuestión de la locura, de la droga, se da de manera explícita, la narrativa, el inicio, el final, el acto autobiográfico de un adicto, las palabras fluyen, la reflexión de Víctor, apuesta de vida, historia encadenada al mundo de la droga, multiplicidad de sentidos, lo sagrado y la vida como un ritual, como algo para contarse, continuemos entonces con la invasión necesaria de citas a la reflexión de Víctor, esto para darle sentido al apartado que corresponde a los medios implicados en el negocio que la droga es:
“Según la OMS existen dos tipos de droga. La mala y buena. Dentro del marco de las drogas legales tenemos una gran cantidad de fármacos y productos sintéticos, producidos en masa para la masa. Haciendo un análisis del grado adictivo de las drogas legales, tenemos por ejemplo que el tabaco y el alcohol son de las más corrosivas que existen en el mercado. Es en este caso que el consumo en masa se convierte en negociazo redondo que no solo beneficia a las empresas que las producen (drogas), sino también son pauta para que se creen nuevas necesidades y con ello nuevos mercados; el caso de los tratamientos para dejar de fumar y beber es el mas obvio. Actualmente en el mercado un tratamiento de parches nicotinosos se cotiza alrededor de los 460$. Lo anterior suele ser una burla. Las personas engañadas piensan que realmente esas cosas la van a ayudar, pagan y pagan, tratamientos que como mínimo duran tres meses…al parecer las adicciones, en pleno siglo XXX (no es error de dedo y literalmente es XXX), son la gallina de los huevos de oro”
La gallina de los huevos de oro, las personas engañadas, las drogas legales, los tratamientos legales, la legalidad del Estado, Víctor “conoce” el terreno que pisa, y de una u otra manera trata de dar cuenta, a través de su narrativa del estado de las cosas desde su situación particular en la droga. De la misma forma la perspectiva que Víctor tiene sobre la cuestión de los medios es un tanto lapidaria, como a continuación aparece:
Hoy día es fácil encontrar en la televisión, programas de debate “intelectual” donde los actores dejan mucho que desear; un payaso vestido de payaso (Víctor Trujillo), un hombre vestido de mujer ex conductora del reality show Big Brother (Adela Micha), un viejo maniquí cubierto de plastas y plastas de maquillaje (López Dóriga), en fin, todos ellos, hablando de temáticas de impacto social, pero nada pasa de ahí, de solo parlotear…sería interesante analizar la postura de cada uno de los personajes que con “amable entrega” nos hacen llegar hasta nuestros hogares, las hazañas del poder.
El malestar de la cultura nos remite al malestar del sujeto, a la imposibilidad de relacionarse con otro, a apelar a la alteridad que nos habita. Pero acá nos preguntamos quién habla, y después todo toma un rumbo orwelliano, parecería que el Gran Hermano nos vigila, “nos habla” (en el sentido de que “nos” habita), nos dirige, y quien caiga en tentación de dirigirse por sí será expulsado de la comunidad de la perfección (¿cuál?). La droga y su artificio “parafernario”:
“Es cagado ver por ejemplo como los conductores de ciertos noticieros de televisión al cierre de cada noticia vomitada a los oídos de los Televidentes, hacen algún gesto de aprobación y desaprobación, como si en éste se insinuara a la audiencia un juicio de moral pitera. Hay que observar con sospecha cómo desde que el gobierno Panista se instalo en el poder, las noticias acerca del narcotráfico han ido en aumento. La mayoría de las noticias transmitidas por medios informáticos abordan la “temática” con más énfasis de lo que se ha acostumbrado anteriormente”
Todo apunta a una descomposición, a apelar a la mentira para así poder dar cuenta de que no todo está tan mal, de que el malestar es sólo un delirio “pacheco” o una paranoia producida por el exceso de lecturas; pero de lo que si podemos hablar es de dejar hablar al texto de otro, aunque sea en éste ejercicio académico, saber cuál es la posición, el discurso, el informe sobre el estado de los tiempo de un llamado adicto, pero que lo llamamos Víctor (Víctor es amigo de Antonio, muy amigo), por consecuencia, dejémoslo hablar:
Todo apunta a una descomposición, a apelar a la mentira para así poder dar cuenta de que no todo está tan mal, de que el malestar es sólo un delirio “pacheco” o una paranoia producida por el exceso de lecturas; pero de lo que si podemos hablar es de dejar hablar al texto de otro, aunque sea en éste ejercicio académico, podemos tratar de encontrar un saber sobre cuál es la posición, el discurso, el informe sobre el estado de los tiempos de un llamado adicto (pero que lo llamamos Víctor, amigo de Antonio, muy amigo), por consecuencia, que diga:
“Es fácil implantar el miedo a las mamáses y a los papáses que preocupados por el bienestar y salud de sus hijos, votaran en perfecto sentido de bienestar y progreso, por un candidato que abogue por la vida “sana”, el deporte y la disciplina escolar (cagado escuchar: ¡pruebas de dopaje para todos los jóvenes de primarias y secundarias!).
Felipón Vs. Drogas
Todo es una mamada, un pinche pretexto pitero.”
La cuestión de la adicción no sólo es un “problema” que implique al sujeto, a su subjetividad, a los dolores o disfrutes que de la condición resultan, sino que, además da cuenta de una condición de dominio exterior al sujeto de la adicción, el control del teatro de las drogas es una arma del estado, un negocio de la gallina de los huevos de oro, como menciona Víctor, en sí, un malestar que involucra a todo el espectro social, a su “célula básica” (la familia), a su “órgano básico” (el adicto)., pero el otro correlato acá apela a la pregunta por el sujeto, por sus “medios”, en fin la creción lograda en ese espacio de la desventura: en el decir sobre la fiesta, en el decir sobre la exclusión, no importando que el discurso dominante haya borrado de sus categorías el decir del marginal, sin embargo (se mueve…) la piedra sigue rodando, y en cada giro derrocha palabras y sentidos que involucran al sujeto, lo colocan frente a su deseo, a su condición indomable, deseo de muerte, pulsión de destrucción, a fin de cuentas la vida sigue, aunque a veces parezca que todo se extingue:
“Lo cruel del asunto es que la droga cuesta, y en estos tiempos más.
Mí diplomado por internet, Astrología Tarotista, me faculta para hacer la siguiente predicción: la banda se extingue…
Entonces…
¿Así acaba todo?
CHA…
¡…!”
Las palabras continúan insistiendo, insistirán independientemente de las categorías hermosas que se utilicen para dar cuenta de su desaparición.
Conclusiones
De acuerdo al texto de Víctor podemos decir que no hay demanda de cura, hay demanda de fiesta. Bien, concluyendo, se cree pertinente mencionar a De Certeau, (con la invención de lo cotidiano) no literalmente, quizá parafrasearlo, cuando menciona que el sujeto no es efecto del orden social, apelamos a este breve comentario para decir que si algo pudiera escapar del entramado de la producción social podría ser la fiesta, el “sujeto de la fiesta”. El sujeto que da cuenta de sí a través del ritual de la droga, del ritual del outsider, del cuestionamiento radical de todo el entramado social: el sujeto que pone el cuerpo, más que para dar cuenta de lo evidente de la “exclusividad” de su condición, para “sintomatizar”, para hacer efectos en una sociedad que se derrumba, pregunta por el ser desde lo real del desconocimiento del cuerpo hacia una política inexistente en la que se pierden las palabras. Hablemos de la intervención, concluyamos en que el acto violento ha excedido los parámetros que se tenían en la medicina y en la psiquiatría, hablemos de una barbarie generalizada, en la que la intervención sólo puede ser efectiva si destruye al sujeto, si lo elimina, ya no sólo del discurso, sino que ahora la desaparición es completa, el sujeto eliminado desde su carne, desaparecido, desintegrado. La droga es sólo un pretexto para dar cuenta de lo siniestro del hombre, uno más, el lugar del beat fue ocupado por el yonqui, mantenido y bien politizado llegó al momento cumbre de la vigilancia, momento en el que la creatividad se ahoga en los discursos de legalización o no legalización, en los discursos de las carretadas de muertos dejadas por el narco, momento en el poco de lo que pasa en el campo de la adicción es escuchado y retomado como acto de otro tipo de creación, etapa de anulación del sujeto: la droga en estos momentos poca poesía produce, ahora produce toneladas de metal y polvora, toneladas de ignominia docta, kilos de cuerpos bajo tierra de los que sólo el eco de la muerte queda.
Daniel Gerber (2002) trae a colación parte de eso que después de Freud fue denominado “malestar en la cultura”, menciona que, a pesar de haber surgido de las luces de la ciencia y la modernidad, el psicoanálisis permite precisamente cuestionar ese saber supuesto de la racionalidad, este cuestionamiento va dirigido a la pretendida formalización del todo, formalización científica que tiene como objetivo eliminar del todo la otredad del sujeto, la falla constitutiva. Al ocuparse de la dimensión de lo inmundo, el psicoanálisis se las tiene que ver con eso no hablado, con el síntoma, con lo que no anda, y qué esto que Víctor nos presenta sino parte de lo inmundo, de lo que nada se quiere saber, de lo sintomático que no “anda”, de lo que se da contra todas las contras, y aún así, tiene algo para trazar, para textuar, o pretextuar.
Y parece que algo no anda, parece que algo se muestra como indomable, como imposible de meter en las cuatro paredes de la racionalidad, el sujeto desde lo mas recóndito de su sentir, todavía puede dar cuenta de que algo no anda muy bien, de que las cuestiones de las curas instantáneas y la erradicación de los malestares nada dicen del sujeto, nada dicen de la pregunta por el deseo.
Los más novedosos artilugios pretende eliminar la falta en el sujeto, la falta que posibilita el deseo y la pasión humana, pues parece ser que enfundados de avances en la elaboración de celulares hiperfuncionales, alimentos que sólo tienen como cometido provocar placer en la boca de quien consume(oralidad, goce sin parar), video juegos de virtualidad infame, etc., la única opción que se propone para el sujeto del consumo es ser completo o morir en el intento (la no-necesidad del otro y la infinita soledad que este supuesto implica es la “razón” de ser de infinidad de síntomas que la modernidad y la llamada posmodernidad trajeron consigo: a-norexia, a-dicción, de-presión, bulimia, entre otros).
El mundo del sin lazo social, del no saber qué es lo que se está viviendo, ¿cuál es la posición del uno en el mundo?, porqué el valemadrismo, el Be Yourself, el Just do it (el American way of death) parecen ser los clichés a seguir, sólo imágenes en donde la figura del otro de la relación está eliminada, borramiento radical del otro como referente del ser en el mundo. Decía William Blake que había que escupir sobre el agua estancada, pero más allá de escupir ante la levedad del discurso de la repetición viciada habría que tratar de indagar porqué pasó lo que pasó. Porqué de repente el exceso causo decesos, por qué la dialéctica del consumo sólo trajo anorexias, adicciones, soledad, por qué el sujeto de la modernidad se presenta como sujeto del deseo de Otro intachable: deseo de ser intachable-completo al igual que el Otro, amo que provee la necesidad y los plus del pequeño esclavo deseoso de ser un amo gozoso.
A continuación aparece el texto de nuestro “informante”, quien pidió que a cambio de analizar lo dicho en la entrevista optáramos mejor por darle un vistazo a lo que el ha trazado sobre su posición en el entramado de las drogas. Su reflexión:
La llamada “drogadicción” ó “farmacodependencia”
La “drogadicción” en nuestro tiempo
Bravo López Víctor Alejandro
La banda fiestera, aprovechando de sus estados anormales, gustan dar el roll por la ciudad, viendo todo pasar como si se tratase de una película, rara e intensa; necesidad de placébica ruptura, la cosa, miedo interno incrustado en lo mas recóndito de la morfínica razón…
Dice la OMS: "Droga" es toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce una alteración, de algún modo, del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y es, además, susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física o ambas. Y continúa diciendo: "Farmacodependencia" es el estado psíquico y a veces físico causado por la interacción entre un organismo vivo y un fármaco, caracterizado por modificaciones del comportamiento y por otras reacciones que comprenden siempre un impulso irreprimible por tomar el fármaco en forma continua o periódica a fin de experimentar sus efectos psíquicos y, a veces, para evitar el malestar producido por la privación".
La anterior definición, bonita y chingona, acaba por desmadrar a la bandita que como yo, han terminado muchas veces hasta el culo de borrachos, pachecos o X estado. Hoy día, echando un vistazo dentro de esa cosa llamada internet, podemos encontrar infinidad de definiciones, que encasillando a un fenómeno tan complejo y extraño, lo terminan por desvalorar, limitándolo a esquemas, verdades legales reciclables. No es extraño encontrar rolando por la calle a “vagos” fumando mota, “borrachines” tirados en el suelo, niños inhalándose unas “monas”, etc. La jungla de asfalto es de lo mas densa y exclusiva, es en ella donde cada quien, le encuentra un sentido de ser a esa masa de carne nombrada por muchos teóricos “cuerpo”. El cuerpo dentro de la cotidianeidad, “la vida”, podría terminar siendo un medio o conducto para llegar a otro lugar; nuestra nave espacio-temporal ó cuerpo es el gran templo, “refugio de la erupción de Pandora”. Siendo el cuerpo la sede de lo privado y lo publico (por ahora me enfocare a lo privado), se convierte éste en una herramienta para “fiestear”.
La sociedad como tal y el sistema organizacional de ésta no pueden permanecer estáticos. El movimiento y el fluir, antítesis del mantenimiento, son necesarios. Es en este caso que la fiesta se convierte en un espacio donde se puede cuestionar, transformar e inclusive anular parte integral de un sistema de verdades bellas ó rancias. El cuerpo farmacodependiente, un templo en constante festejo, por llegar a ser esa parte molesta y evidente del engranaje social (una mirada distorsionada de lo aparentemente real), termina por ser excluida a lo más recóndito de la moral “pitera”, de la ética, de lo más malo, de lo pervertido y lo feo (con lo anterior no quiero decir que se tenga que odiar al padre).
El andar fiestero puede llegar a convertirse realmente en eso… en una fiesta. Poder probar los colores por instantes mágicos, sentir un miedo escalofriante entregándose a la incertidumbre, beber y beber, son estados que muchos engranes no llegarían a entender ni siquiera entrándole a la misma fiesta. El melancólico alcohólico, el niño “monoso” del metro, el joven de las mandíbulas trabadas por la piedra, el homicida de la lengua azul, todos ellos engranes “defectuosos”, claro ejemplo de lo que no se debe ser y hacer, todos ellos SOMOS necesarios para el mantenimiento óptimo del poder inconsciente y pervertido, que busca por medios desesperados, sobrevivir acosta de pretextos; SOMOS UN PRETEXTO.
El narcotráfico y los medios
Hoy día es fácil encontrar en la televisión, programas de debate “intelectual” donde los actores dejan mucho que desear; un payaso vestido de payaso (Víctor Trujillo), un hombre vestido de mujer ex conductora del reality show Big Brother (Adela Micha), un viejo maniquí cubierto de plastas y plastas de maquillaje (López Dóriga), en fin, todos ellos, hablando de temáticas de impacto social, pero nada pasa de ahí, de solo parlotear.
Seria interesante analizar la postura de cada uno de los personajes que con “amable entrega” nos hacen llegar hasta nuestros hogares, las hazañas del poder.
Es cagado ver por ejemplo como los conductores de ciertos noticieros de televisión al cierre de cada noticia vomitada a los oídos de los Televidentes, hacen algún gesto de aprobación y desaprobación, como si en éste se insinuara a la audiencia un juicio de moral pitera. Hay que observar con sospecha cómo desde que el gobierno Panista se instalo en el poder, las noticias acerca del narcotráfico han ido en aumento. La mayoría de las noticias transmitidas por medios informáticos abordan la “temática” con más énfasis de lo que se ha acostumbrado anteriormente.
Mientras nuestros oídos estén acotados por las bocas de nuestros actores comunicativos, nuestras cabecitas harán juicios valorativos cerrados, prefabricados en la industria de la mentira y la muerte. La guerra contra el narco es una de las “mamadas” más ricas que he conocido en mi corta trayectoria de vida.
No es raro escuchar decomisos históricos de “droga”, cateos de viviendas, erradicación de narco tienditas, captura de chinos traficantes de pseudoefedrina, incremento de penalización al consumidor de narcóticos… infinidad de mamadas que hacen del actor político, un héroe nacional.
Ahora bien, si analizamos detenidamente los spots publicitarios que al comienzo de la campaña derechista PANISTA se hicieron notar en varios canales de televisión abierta, se pueden oler las semillas de miedo que ahora, con todas esas mamadas de los decomisos y las decenas de muertes que hasta ahora han ocurrido en la llamada “lucha contra el narco”, son frutos maduros.
Es fácil implantar el miedo a las mamásas y a los papáses que preocupados por el bienestar y salud de sus hijos, votaran en perfecto sentido de bienestar y progreso, por un candidato que abogue por la vida “sana”, el deporte y la disciplina escolar (cagado escuchar: ¡pruebas de dopaje para todos los jóvenes de primarias y secundarias!).
Felipón Vs. Drogas
Todo es una mamada, un pinche pretexto pitero.
Operativos contra el narco
Es cagado observar que la mayor parte de la policía judicial que existe en el país, es de lo más brutal que tenemos. Ellos son gorilas preservadores del orden, todo síntoma público debe ser erradicado. Los llamados operativos contra el narcotráfico, y en especial los que se hacen por “Ecatepunk”, han sido la caída de mucha bandita fiestera. Últimamente, los que se hacen pasar por guardianes del orden público, bienestar y progreso, les han dado literalmente “en la madre” a varia bandita pacheca con lo que me gustaría llamar secuestros exprés. Estos gorilas, con el poder en las manos y los dedos, son capaces de meter su dedo en el culo de la bandita. Su propósito ultimo, el varo. Ya salir a la calle con un toque, prenderlo, fumarlo, pedalearlo, es sinónimo de aventura y peligro. Los predadores asechan a lo lejos disfrazados de la abuelita que vende tortas, Bon Ice, etc, ellos rastrean tu andar, su mirada no la apartan, miras alrededor y miras si relativamente no hay pedo, prendes el toque, ellos esperan a que te des unas cuantas fumadas para agarrarte bien pacheco, tu paladeas, ojos de gato, catorrazos en la espalda, tu compita en la pared abierto de patas y sin tenis.
Pero no hay pedo… los guardianes del orden con su gran sentido de compasión y benevolencia te dicen: pues háblales a tus jefes, solo va a ver paro de esa forma, ECHÁLES una llamadita, mira güerito, tú me caíste bien, te voy a hacer el paro, tú solo háblales a tus jefes y arreglamos esto en corto. El negocio de oro por excelencia de la policía judicial ha sido siempre ese, el de la cacería, y actualmente en estos años de crisis, mas aún. Los precios suben, los juguetes o tanga para la esposa también suben de precio. Las tarifas de rescate andan alrededor de los cinco y diez mil pesitos, entonces podríamos hablar que el salario de esos chingones estaría en un promedio de diez a quince mil por día jodido, mas comisión.
La policía judicial y federal, como nuevas herramientas para combatir el narcotráfico son solo nuevas formas de lucrar. Siento que esta nueva forma de lucro esta llevando a la banda fiestera a lugares mas escondidos de la esfera social, la irreverencia y la hipocresía social son inevitables.
La comercialización de las drogas
Según la OMS existen dos tipos de droga. La mala y buena. Dentro del marco de las drogas legales tenemos una gran cantidad de fármacos y productos sintéticos, producidos en masa para la masa. Haciendo un análisis del grado adictivo de las drogas legales, tenemos por ejemplo que el tabaco y el alcohol son de las más corrosivas que existen en el mercado. Es en este caso que el consumo en masa se convierte en negociazo redondo que no solo beneficia a las empresas que las producen (drogas), sino también son pauta para que se creen nuevas necesidades y con ello nuevos mercados; el caso de los tratamientos para dejar de fumar y beber es el mas obvio. Actualmente en el mercado un tratamiento de parches nicotinosos se cotiza alrededor de los 460$. Lo anterior suele ser una burla. Las personas engañadas piensan que realmente esas cosas la van a ayudar, pagan y pagan, tratamientos que como mínimo duran tres meses.
Al parecer las adicciones, en pleno siglo XXX (no es error de dedo y literalmente es XXX), son la gallina de los huevos de oro.
La parte cruda
Lo cruel del asunto es que la droga cuesta, y en estos tiempos mas.
Mí diplomado por internet, Astrología Tarotista, me faculta para hacer la siguiente predicción: la banda se extingue…
Entonces…
¿Así acaba todo?
CHA…
¡…!
Notas:
La reflexión final está basada en el texto “El Psicoanálisis y la razón moderna” de Daniel Gerber, 2002, el cual aparece en el número 16 (Diciembre del 2002) de la Revista electrónica Acheronta.
Algunas de las referencias que dan pretexto a este estudio son las siguientes:
Alfredo Moreno. (2006) Cuerpo, toxicomanía y psicoanálisis. Revista de Psicoanálisis y Cultura. Número 23 – Octubre2006. En red: www.acheronta.org
Braunstein, N. (2003) El goce. Un concepto lacaniano. México: Siglo XXI.
Burroughs, W. (1984). Yonqui. España: Bruguera Libro Amigo.
Freud, S. (1929) El malestar en la cultura. T. XXI. Argentina: Amorrortu. (Novena reimpresión, 2006)
Freud, S. (1927) El porvenir de una ilusión. T. XXI Argentina: Amorrortu. (Novena reimpresión 2006)
De Certeau (2004). La cultura en plural. Argentina: Nueva Visión.
Mier, R. (2002). El acto antropológico. La intervención como extrañeza (13-50). En Tramas. Subjetividad y Procesos Sociales. México: UAM-X
Roudinesco, E. (2000) Por qué el Psicoanálisis. Argentina: Paidós
Szasz, T. (1990). El chivo expiatorio como droga o la droga como chivo expiatorio. España: FC
























