
La Letra Ausente
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SECCIÓN: LA TRAMA DEL OTRO
LA REBELDÍA
ACTO QUE MARCA EL TIEMPO
Por: JESÚS NAVA RANERO
A Fernando Villafuerte: rebelde e inquieto buen carnal por el lado de la vida y el saber hasta el último día de su existencia.
Atar la espuela al instante que va
andar al filo que interroga el hartazgo
apostar al murmullo donde empieza el silencio
salir
entrar
atrever el desborde
el desliz de lo absurdo
desoxidar el mapa
la atadura
la lengua
decir el cuerpo liberado el morfema
soñar el sueño que nos vuelve a soñar
rodar los cantos y bailar y alegrar
elebrando sin tregua el momento que alcanza la deriva imposible
empezar
comenzar
retornar a las huellas y de vuelta a huellar…
inquietud de la errancia en la fe de los nómadas*
DE LA NECESIDAD A LA REBELDÍA
Los diversos movimientos que enhebran la historia de la rebeldía se han gestado al interior de un conjunto de representaciones simbólicas que proporcionan y dan sentido a las prácticas de los grupos humanos.
Las relaciones sociales son también relaciones de significación; es la cultura la que hace posible la elaboración de los sentidos que determinan o soportan las prácticas grupales y, a la vez, las acciones de otros grupos que cuestionan los sentidos de estas prácticas y la necesidad de su transformación.
La sociedad y la cultura se constituyen como un “gran todo” complejo y múltiple, que opera a través de un nudo de relaciones que estructuran diversas formas de ser y de estar en el mundo. Por ello ni la cultura ni la sociedad pueden ser vistas o reducidas a una sola expresión hegemónica. A través de su rebeldía, los jóvenes configuran y dan presencia a una serie de demandas y reclamos que expresan su manera de concebir el mundo y el rechazo hacia aquello que les resulta insoportable.
Es por aquello que no se tiene -o que se tiene radicalmente ausente- que el deseo no cesa de insistir en su afán de alcanzarlo. La falta, es el factor constitutivo de la necesidad y la necesidad es el elemento innovador que moviliza el reclamo y la acción de los sujetos y los grupos para conseguirlo. Para el joven Marx 1 ¿será necesario recordarlo? la necesidad es el motor de la historia. A partir del reconocimiento de eso o aquello que falta, es posible sucumbir a la carencia o activar el deseo y las acciones para alcanzar su satisfacción.
El reconocimiento de sus necesidades desde distintas formas del saber no sólo racionales, da sentido a la vida de la nueva generación. Este darle sentido a su tiempo y existencia permite a esta nueva generación moverse de lugar, para darse un lugar, a través de las diversas expresiones que le hacen ser y marcar el tiempo con las particularidades de su estilo.
La puesta en acto de diversos estilos y novedosas maneras de ser produce una situación de conflicto con los patrones establecidos, porque lo nuevo cuestiona lo anterior y lo anterior lucha para mantenerse.
El conflicto, sabemos desde Hegel y con Hegel, constituye la característica esencial del movimiento histórico. Movimiento concebido como unidad y lucha de contrarios.
El devenir histórico de los movimientos de jóvenes por el lado de la rebeldíaha sido permanente y con diversos rostros. Sus demandas han sido establecidas por cada grupo en función de su situación y lo especifico de su momento histórico.
La re-vuelta de los jóvenes no ha cesado de ser vista, desde lo instituido, como un fenómeno violento que altera el orden y provoca malestar; sin embargo su significado, y la lectura que de ello se realiza, varía en cada momento y en cada puesta en acto.
A partir del siglo XVII la irrupción a escena de grupos de jóvenes que se revelan a ser incorporados a la cadena productiva será presentada como “Delincuencia Juvenil”2 y los dispositivos de sanción operarán con el mandato de reestablecer y preservar lo que se nombra “el orden”, apoyados por las leyes y los artefactos de captura y sanción de todo aquel o aquello que no se ajusta o somete a los mandatos establecidos desde la lógica del Imperativo Categórico de la Razón de Estado. Se dirá que la pasión es mala consejera, que la pasión confunde y pierde al desviar de los verdaderos y más altos intereses, y que la razón orienta y disciplina.
CONTEXTO Y REBELDÍA
En el tránsito de la forma de producción artesanal a la forma de producción industrializada, el desencuentro y la disociación que se produce entre el trabajador manual, artesanal, y sus “incompetentes” medios de producción, apabullados por la imponente y eficaz maquinaria industrial, provoca un violento acontecimiento de privatización y expropiación de la tierra y, con ello, de expulsión, desplazamiento de las comunidades y de ruptura de los referentes que articulan, dan vida y sentido a su existencia. Grandes masas de población son expulsadas de sus comunidades; una vez convertidos en masa laboral, pobres y desarraigados, serán obligados a la venta de su fuerza de trabajo. De ser los sujetos de la creación, por la obra o el trabajo salida de sus manos, pasarán a ser tenidos como sujetos de la producción y, por ello, a ser incorporados al Mercado como mercancías; mercancía abaratada, devaluada, casi carente de valor; mercancía no reconocida por su cualidad sino por su capacidad de producir capital para otro. Se dirá, no sin sorna o ironía, que la llamada Revolución Industrial otorgó a cada individuo la libertad para ofrecer-ser como mercancía al “mejor” patrón. He aquí el sarcasmo de la libertad regalada: Eres ¡libre! para intentar conseguir patrón o las mercancías que el poder adquisitivo, si lo tienes, te permita elegir en libertad.
Para que estas masas fueran convertidas en fuerza de trabajo asalariada, fue necesaria la intervención de la “justa” mano del Estado; éste se encargó de legislar, vigilar y castigar, la conducta y la calificación de los asalariados; y, por supuesto, asumió la función de proporcionar a los señores dueños del capital las mejores condiciones de seguridad y de confianza para el ejercicio de su labor de explotación y la multiplicación de su fortuna. Para las masas desposeídas, humilladas y animalizadas -necesario leer la novela Germinal de Emil Zola o el libro Las Prisiones de Kropotkin-, el hecho de no acreditar la pertenencia o la puesta al servicio y las órdenes de un patrón, será visto con sospecha y asociado a la delincuencia.
La intervención de la “ley” asigna a las masas rebeldes el estatuto de delincuentes; Foucault rescata el caso de un muchacho de 13 años, llamado Debésse, quien fue condenado por vagancia en 1840
“Habría indudablemente pasado sin dejar rastro, de no haber impuesto al discurso de la ley que lo convertía en delincuente –en nombre de las disciplinas más todavía que según los términos del código- el discurso de un ilegalismo que se mantenía reacio a estas coerciones. Y que hacía valer la indisciplina de una manera sistemáticamente ambigua como el orden desordenado de la sociedad y como la afirmación de derechos irreductibles. Todos los ilegalismos que el tribunal codifica como infracciones, el acusado los reformuló como la afirmación de una fuerza viva, la ausencia de hábitat como vagabundeo, la ausencia de amo como autonomía, la ausencia de trabajo como libertad, la ausencia de empleo del tiempo como plenitud de los días y de las noches”3
La función de la ley no es el castigo; el castigo se encuentra al servicio de la disciplina como su objetivo esencial. De lo que se trata es de imponer un sentido al comportamiento -como cuando se adiestra a un animal- a través de un proceso de ideologización puesto en juego y reformulado permanentemente, por las Instituciones encargadas de enraizar en cada sujeto los efectos permanentes de su intervención, con el propósito de establecer el estado de sujetación de los integrados integrantes que conforman y confirman a la sociedad en su conjunto.
Al irse fortaleciendo el sistema Capitalista va formulando y estableciendo nuevas formas de control social. La formación de lo que fue llamado el Moderno Sistema Penal en Francia es ubicada por Michel Foucault en 1840, con la apertura del centro de reclusión para jóvenes de La Mettray.4Medio siglo después, en los Estados Unidos de Norteamérica, se realiza un movimiento reformista que da origen a una legislación especial para abordar el problema de los “jóvenes infractores”; tal reforma no fue otra cosa que un intento de atenuar las consecuencias sociales provocadas por la expansión de la industria y la desmedida urbanización. De esta manera los jóvenes, al igual que los trabajadores, también fueron cosificados; las reformas establecidas apuntaron a definir y legislar el estado de dependencia de los jóvenes, en relación al estado adulto, negándoles con ello la capacidad de ser y de actuar a partir de su propia iniciativa. De este modo, una vez instituida y legitimada la visión del joven como dependiente, se pasó a descalificar como delincuencia sus intentos de autonomía. Para Anthony Platt:
“la invención de la “delincuencia” consolidó el estatus social inferior y la dependencia de los jóvenes de clase baja”. 5
El crecimiento acelerado de la población y el auge de la ciencia y la tecnología, trajeron riqueza para unos pocos y el empobrecimiento de la mayoría. La abundancia de productos satura el mercado interno y genera la necesidad de su expansión mundial, ello trae consigo la incorporación de grandes masas de jóvenes al trabajo y a la guerra Los señores del capital refuerzan los medios de control interno e ideologización; Daniel Guerin indaga en torno a las bandas de jóvenes surgidas en Alemania a partir de la primera guerra mundial.
Las claques, dirá, “no son nada nuevo en Alemania. Nacieron del caos de la guerra y de la pots-guerra… a partir de 1916-1917 ya se podía ver en los suburbios de las grandes ciudades a tropas del mismo pelaje. Estaban en el frente
Y las madres en las fábricas. No había nadie en casa que se ocupase de ellos. La inflación de la posguerra multiplicó esos grupos. Ofrecen a la juventud desarraigada y a menudo privada de vida hogareña, la vida en común, la camaradería, el amor al peligro y a la aventura. Para escapar a la tentación del suicidio crean un mundo imaginario, un mundo basado en preceptos enteramente diferentes a los admitidos por la moral corriente, un mundo abandonado al instinto más desenfrenado, un mundo de odio contra la sociedad que los abandona. ¿Cuál es su lema? ¡WILD-FREI!. Wild-frei, salvajes y libres, rebeldes a toda autoridad: rebeldes y no revolucionarios. 6
Rebeldes, se dice, pero sin noción de la rebeldía; esencialmente jóvenes segregados, abandonados sin identidad y a la vera del mejor postor; si se coincide en que la rebeldía es algo más que una palabra de ocho letras, en el hecho de ser nombrados como rebeldes no está su rebeldía, son, por la vía de sus hechos, rebeldes sin rebeldía, síntoma de una situación que inevitablemente los produce, por ello, estos jóvenes desclasados son incorporados poco después al bando banda de las juventudes hitlerianas; la suástica, como señal de identidad y pertenencia, es prendida como signo de adscripción a su chamarra de cuero; con ello las acciones realizadas en la lógica del exterminio del otro adquieren estatuto de legalidad y legitimidad. Celebrados por el amo se sienten ley, autorizados por el amo se sienten “vergas”, todo penetran y todo destruyen; el otro insemejante es sinónimo de degradación y deterioro de la especie; el otro débil, el otro despreciable, que también son ellos pero no está en ellos verlo, debe desaparecer. El nacional-socialismo destruye a las organizaciones de izquierda ganando la dirección de los movimientos de masas a través de la ideologización de sus necesidades. Incorporados a los dispositivos y espacios militares que ofrecen a los jóvenes un lugar, vivienda, liberalismo sexual, pertenencia a una agrupación e identificación con la nación, los jóvenes quedan reducidos, en su potencial rebelde, a su máxima impotencia.
AMÉRICA AMÉRICA
De este lado del atlántico entre las minorías étnicas se produce una proliferación de las resistencias a la política beligerante impulsada por el gobierno norteamericano. En los guettos habitados por negros y en los barrios habitados por latinos cobra importancia la expresión de grupos de jóvenes que, opuestos al racismo, reivindican la diversidad de su cultura y la oposición a la guerra; por ello, por ese orgullo cultural, oposición y resistencia a integrarse del todo al modelo de vida norteamericano, serán clasificados y tratados como delincuentes por grupos de blancos que apoyan la segregación y los desprecian.
Entre los grupos de jóvenes rebeldes gestados en los años cuarenta destacan los “Pachucos”, hijos de trabajadores emigrantes que en la búsqueda de una mejor forma de vida gestaron una raza de jóvenes mexicano-norteamericanos, en los Ángeles California, que cobra presencia por su vestimenta “Zoot Suit” y un lenguaje “rifa” y “uachese” que hizo estilo y marca en el tiempo; sobre todo en los violentos enfrentamientos contra los Marines Blancos del ejercito de USA en1943. Sobra decir que el acto de no enlistarse para asistir a la segunda guerra, que se dijo mundial, agudizó el rechazo y la segregación hacia ellos por parte del gobierno norteamericano.
REBELDÍA IMAGINARIA Y ACTO REBELDE
Los jóvenes, en la medida que se alejan de la norma, constituyen una provocación que da paso y desencadena todo un ciclo de procedimientos represivos y de estrategias de recuperación que no cesan de insistir hasta doblegarlos, sumándolos a la producción o convirtiéndolos, a través de la moda, en mercancía.
La guerra atraviesa e impacta la experiencia de los jóvenes, los muertos homenajeados suman miles. Permanece la huella del conflicto como una grieta entre la perversión de los discursos que celebran el heroísmo de los muchachos caídos en combate y el acto real, contundentemente real, de los cuerpos jamás encontrados y la insoportable suma de fardos, decorados con “bellas” insignias, de los pestilentes cadáveres devueltos a casa.
En los rostros de los jóvenes de la postguerra, Ernst Fischer reconoce un rechazo al poder político, económico y militar:
“La diferencia esencial entre 1918 y 1945 reside en que, de la primera guerra mundial surgió una gran revolución, en tanto que tras la segunda guerra los ejércitos vencedores se llevaron en la mochila los programas políticos y los sistemas sociales. La realidad ha contradicho las promesas: entre los vencedores se ha producido una brusca ruptura; en lugar de la paz se produjo la guerra fría; y el lanzamiento de bombas sobre Hiroshima y Nagasaki resultó ser, no la última acción bélica de la segunda guerra, sino la primera de la tercera. La herencia recogida por la generación joven fue un montón de escombros: de ciudades, de ideologías y de la fe en el progreso sostenida por sus padres, convertidos en una humareda de grandilocuencia circulando por todo el mundo. El sistema, las instituciones y los padres han mentido (tal es la sensación de los hijos y las hijas)7
La desolación de los jóvenes de la preguerra y la posguerra, se expresa en el texto de Generaciones marcadas escrito por el gran poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brech:
“Mucho antes de que las bombas aparecieran sobre nosotros
ya nuestras ciudades eran inhabitables.
No había alcantarillado que pudieran transportar tanta inmundicia.
Mucho antes de que nos arrojaran en las fosas los grandes mercados,
no teníamos amigos.
Eso que la cal nos comió no eran ya rostros.”
Al acordar el fin de la segunda guerra, entre las potencias más poderosas, comienza para el capitalismo y el socialismo un periodo de consolidación y expansión; la guerra se hace fría y el cálculo por el exterminio del otro atraviesa todas las variantes de lo que es establecido como realidad; en la vida cotidiana, en el campo de la macropolítica y la micropolítica, el diferente es el sospechoso y el enemigo a establecer o a aniquilar. Los imperialismos delimitan sus zonas de influencia y control; la guerra continúa por otros medios: modelos de desarrollo, programas económico-sociales de reconstrucción nacional, préstamos, apoyos condicionados y captación de los mercados.
Para los jóvenes se elabora un modelo de integración al desarrollo nacional: joven es aquel que se integra, el que responde con fidelidad al deber ser y hacer, el que cumple con lo establecido, el que se educa y prepara para servir y ser útil al Estado, el que se entrega con fidelidad, como realización propia, al servicio de su sociedad. Ser joven es poner el entusiasmo y la vitalidad al servicio de la reproducción del poder y el capital: la juventud, dirán los amos, es un divino tesoro.
El capitalismo internacional establece diversas formas de subordinación ideológica que sustentan y sostienen su modelo de desarrollo; ello configura programa de homogeneización, con diversos rostros, al que deben integrarse los jóvenes:
Jean Monod analiza el dispositivo y muestra el lugar asignado a la juventud en este proceso:
“El peligro de la crisis de identidad en la adolescencia parece haberse atenuado desde la postguerra. Todas las concepciones sociales de la juventud convergen de ahora en adelante en un mismo fin: fabricar adultos según el modelo moderno, socializar las masas, perpetuar la estructura de clases y convertir a la juventud en un simple periodo de transición hacia la realización de ese modelo.; al igual que de manera general, la idea que anima a los herederos de la civilización industrial es imponer su tipo de civilización, su tipo de hombre y su ideología a todo el planeta. Pero ya hemos pasado de una forma de difusión cultural destinada a la expansión de Occidente, a una forma de supervivencia mediante la represión interna de las divergencias. Estamos llegando al límite del sistema. No es un conflicto antiguo que se retrasa; por el contrario, es un conflicto nuevo que adquiere forma tanto con las guerras externas, vestigio del colonialismo, como con las sordas tensiones internas que nuestro sistema se esfuerza por ahogar: solamente que las guerras externas ya no son solución de los problemas internos, ya que estos problemas están cada vez más relacionados con las generaciones”.8
La generación de los años 50s, decepcionada de los movimientos de masas, se muestra escéptica hacia las ideologías que pregonan los partidos políticos en general; el dispositivo electoral que estos sostienen ha mostrado su perversa finalidad; reducir, a través de la elección de uno entre varios amos, el potencial del que elige a la mera impotencia. El amo una vez elegido y sustentado en la legalidad de su elección intercambia aceptación por sumisión: quieres mi amor, entrégame tu amor; quieres la vida, entrégame tu libertad; quieres la libertad, entrégame tu vida.
La rebeldía de los jóvenes se sostiene en el rechazo y la oposición al mortal dispositivo que les exige, para no ser ubicados como indeseables, morir simbólicamente; esto es, ceder su deseo de ser, adaptarse, renunciar a ser más allá y por fuera de los dispositivos establecidos para conformar y dar sentido a su existencia, dar “vida” y celebrar un ser sin ser; de lo que se trata radicalmente es de aceptar como propio el deseo de otro y de existir para realizarlo.
A través de la rebeldía los jóvenes vislumbran la posibilidad de no cederse o entregarse a los lugares asignados para ellos desde la lógica del poder y el capital; la posibilidad de distanciarse de los dispositivos de captura que el poder establece y, con ello, la necesidad de distinguirse de esa masa informe de diferentes rostros que bailan sin saberlo la misma danza.
La rebeldía, dirá un joven alemán de 19 años:
“es la última posibilidad de ser libres”9
La ruptura de los jóvenes con ese entorno que unifica por medio de un dispositivo presentado con diferentes rostros y estrategias que cierra el espacios a la diversidad de apuestas, se produce en un primer momento a través de la forma de vestir; los rebeldes forajidos del sistema incorporan a su atuendo chamarras de cuero, pantalones de mezclilla estrechos, pelo largo con copete y patillas, y un gusto desmedido por el rock and roll.
A mediados de la década de los cincuenta surge en Norteamérica la generación beat, en Alemania los halbstarken-kravalle, en Inglaterra los teddy boys, en Francia los blousoun noirs, y el fenómeno se extiende por Europa; en Polonia los holigans, en Rusia los stiliague, en Dinamarca los anderupen, en Holanda los nozen, en Italia los vitelloni; y en América Latina, entre otros, los patoteros en Argentina, en Venezuela los pavitos, y en el norte y centro de México los pachucos, cholos y rebeldes sin causa.
Por su atuendo y la lengua con que logran nombrarse rebelan una otra manera de ser y de estar en el mundo, reclaman ser y se atreven a ser; hacer en acto, hacer aquí, hacer ahora sin apuesta al futuro, hacer que reclama satisfacción inmediata; ya no es una fase de preparación para llegar a la adultez, es lo que se opone al mundo adulto, pero también lo que va más allá del mundo adulto cuando logra ser al marcar el tiempo con su estilo y su trazo.
Simon Frith refiere que en esos años surge el término quinceañero, teeneager, para distinguir sobre todo a los jóvenes de la clase obrera dedicados a formas de consumo y diversión que los diferenciaban de los jóvenes consumidos y consumidores de la imagen creada por el mercado. Pronto “quinceañero” y delincuente fueron términos asociados y difundidos por la sociología positivista: lo delincuencial radicaba en su estilo joven, extremadamente alegre, agresivo y exclusivo:
“Cierto miedo hacia el mundo de jóvenes impermeables a los intereses de los adultos y con actitudes pandilleriles había existido al menos desde principios de siglo; la imagen del pandillero adolescente hacía tiempo que poseía gran potencial provocador.”10
REBELDÍA Y MERCADO DE LA “REBELDÍA”
La creación de monopolios permitió al capitalismo desarrollar la ciencia y la tecnología; la apropiación de los medios de producción del saber y la transmisión manipulada de los saberes, permitió a este imperio controlar la poderosa industria de los medios masivos de incomunicación y con ello tenerlos a su disposición para la transmisión y propagandización de sus ideas. La imagen que el poder transmite de la realidad y de lo que en ella ocurre de acuerdo a sus intereses, hacen que lo que fue necesidad de diferenciación y resistencia, a un mundo fundado en la alienación y el exterminio del otro, se convierta en una tendencia hacia la uniformidad diferenciada que funda modas. La moda, a su vez, abrirá un nuevo ciclo de ideologización y manipulación de las necesidades emergentes de otros grupos, neutralizando su inconformidad al quedar reducida a su mera apariencia. De este modo la “rebeldía” es convertida en una “jugosa” forma de vestir que innova los mercados y la multiplicación del capital. A la vez, la distribución masiva de la imagen de la juventud rebelde, es acompañada de la producción y promoción de “ídolos juveniles” en los que se personifica el símbolo y se encarna el mito: “Si me visto o re-pito lo de él... también yo soy como él”... esta insistente ilusión de ser lo que el otro es y de poseer la tenencia que se le atribuye, revela la posición enajenada de la juventud consumidora de imágenes y por ello su impotencia.
Con la creación del rock and roll los jóvenes producen una nueva manera de expresión revestida de un conjunto de significados en permanente reelaboración: festivo, apasionado, agresivo, sensual, inconforme, alegre, erótico, vital, en fin, rebelde.
Con Elvis Presley se produce el primer ídolo juvenil y se da inicio a las operaciones que van a hacer del rock un gran espectáculo millonario; progresivamente Elvis va moldeando su imagen a favor de los valores del sistema, hasta llegar en pocos años a cortarse el copete, ponerse el uniforme y cumplir con el servicio militar. De alguna manera, más allá del éxito que obtuvo como rey del rock, Elvis muere al vender su potencial rebelde. Su muerte real dio cuanta del vacío de su existencia y de su intento por hacerla soportable a través del creciente y desmedido consumo de drogas que concluye al arrojar su cuerpo, como un costal inerte o un gordo escupitajo, al satisfecho rostro de los dueños del negocio del rock and roll.
El proceso que va del potencial rebelde a la imagen convertida en mercancía de este potencial, alcanza su máxima expresión con el fenómeno de la beatlemania; estos jóvenes nacieron en Liverpool durante la guerra contra Alemania y viven su adolescencia en ese puerto íntimamente vinculado a las redes comerciales norteamericanas. En 1954 ese ritmo de jóvenes llamado rock and roll llega a Inglaterra; a partir de entonces los grupos musicales surgen por doquier en todo Liverpool; la música deja de ser patrimonio exclusivo de los músicos y muchos jóvenes quieren tocar, cantar, bailar y ser como Elvis. Surgen los Teddy Boys caracterizados por su extraña y violenta manera de vestir: pantalón de mezclilla entubado, chamarra negra de cuero y abundante copete envaselinado. Un año después se denomina “teddy boys” a todo joven que vista como tal y guste del rock and roll. Dirá John Lennon:
“Yo no era realmente un teddy sino solo un rocker; me las daba de teddy, pero si me hubiera encontrado con uno de verdad, con cadena y navaja, me habría paralizado de miedo”11
Con el nombre de Beatles, que proviene de beat, este grupo surge a principios de los sesenta encabezado por John Lennon y manejado por el productor Brian Epstein:
“Éramos cuatro amiguetes… éramos una banda que sobre todo se lo montaba muy bien. Nos hicimos músicos en Liverpool, Hamburgo y otras salas de baile. Lo que provocábamos cuando tocábamos rock duro era fantástico y no había nadie en Inglaterra que nos hiciera sombra.
Fue Brian quien nos puso los trajes y todas esas cosas y nosotros lo hicimos muy, muy bien. Teníamos que vender, ya sabes, entrar al circuito de las mercancías (…), llegó al extremo de decirnos “mirad, si os cortáis el pelo llegaréis a…” En aquel tiempo lo llevábamos más largo de lo que se ve en las fotos. Generalmente era recortado o trucado por los fotógrafos; también para las fotografías del colegio te arreglaban el pelo el día anterior, o para ir a una fiesta. De cualquier manera los padres siempre insistían en que te cortaras el pelo. Pero hay unas cuantas fotografías privadas, con el pelo escondido por detrás, que muestran la maravillosa melena que teníamos aquellos días. Había muchos pelos largos entre los teddy boys.
Éramos unos deliciosos mugrientos. Fuera de Liverpool, cuando bajábamos hacia el sur con nuestros atuendos de cuero, no caíamos bien a los promotores de las salas de baile. Opinaban que parecíamos una pandilla de asesinos. Las cosas se estaban poniendo como decía Epstein “Si no os ponéis un traje…” y todos pedimos un buen traje. Un bonito y austero traje negro de hombre…
La música de los Beatles murió entonces, al igual que los músicos. Este es el por qué jamás llegamos a perfeccionarnos como músicos. En aquel momento nos matamos a nosotros mismos por hacer aquello. Y eso era el final.”12
Lo que para John Lennon era el final, para la historia oficial aparece como el comienzo de la beatlemanía, fenómeno social que se vuelve mundial, a partir de 1963 con la llegada a Norteamérica de los Beatles, distribuyendo la imagen de cuatro chicos guapos, elegantes, limpios, exitosos, inquietos, “alocados” pero bien portados. Para esa época miles de entusiasmados jóvenes acudieron a sus conciertos y las ventas de discos rompieron marcas en el mercado de la música popular. El precio del éxito, dirá John Lennon, al narrar su historia, fue el producto de habernos prestado a establecer la imagen de un inofensivo, sano, bello y exitoso rebelde que los padres podían aceptar.
La historia posterior de los Beatles es otra cosa; sobre todo cuando se hacen dueños de su propia disquera y retornan, luego de haber obtenido cuantiosos recursos, al intento de ser por ellos mismos vía la propia experimentación sensorial a través de las drogas, la meditación, la yoga y en el campo de la música. Ese momento en el que se convierten permanentemente en objeto de la crítica y de ataques por parte del poder, que intenta sorprenderlos y mostrarlos como forajidos y transgresores de la ley, en un intento de acabar con su influencia en los jóvenes y el arrastre multitudinario: los beat retornan por el lado de rebeldía, vía la creación que los implica personalmente y por el lado de la crítica política. Dirá John Lennon:
“Cuando empezamos: el rock and roll era la revolución básica para la gente de nuestra edad y nuestra situación, que necesitábamos algo sólido y nítido para canalizar toda la represión que sufríamos.
Resulta elemental cuando eres maltratado, como yo lo fui, odiar y meter a la policía como enemigo natural y considerar al ejército como algo que saca fuera a todo el mundo y les deja muertos en cualquier lugar; quiero decir de la dignidad, que es asunto básico de la clase obrera y que sin embargo a ti se te deteriora al hacerte mayor, cuando tienes familia y te integras en el sistema. (…) En aquella época pensaba que los trabajadores debían hacerse notar, pero con el tiempo me di cuenta que es el mismo arreglo que dan a los negros: les permiten ser corredores, boxeadores o gente del espectáculo. Esa es la elección que te permiten; ahora el marginado es un pop star, que es realmente lo que estoy diciendo del líder obrero. Como dije en Rolling Stone, sigue siendo la misma gente la que detenta el poder, el sistema de clases no ha cambiado un ápice. Por supuesto que en este momento hay un montón de gente dando vueltas con sus pelos largos, parados o teñidos y algunos tipos de clase media con sus preciosos atuendos. Pero nada a cambiado excepto que todos nos preocupamos un poco más de la ropa y de parecer rebeldes solamente en la imagen, dejando que los mismos bastardos controlen todo.”13
Hace rato que te cuelgan pies
te corren pasos
que te andan prisas y te colman
las enredaderas
hace rato que las rutas te andan
que retornas vueltas
que te elevas al sótano
y caminas sin puerta
hace rato que desbordas furor
rehuyes vértigos
que envuelves gritos
con el ultimo silencio de la moda
y sacas chispa sin gastar la suela
hace rato que te ausenta el espejo
que desprecias al que te desprecias y
te sientes ley
hace rato que te niegas a pagar la deuda
de tu nombre y tu lengua
que te cuelgas largo
arrogante
fatal
impotente de inútil
impuntual y sin tiempo.**
Acudamos amorosamente a Gérard Pommier agradeciendo y desmintiendo su escritura; si escuchamos los ritmos de su tono al teclear esa es su apuesta.
“La desaparición de la esperanzas revolucionarias en los últimos años pervirtió el sentido de toda liberación: se volvió culpable de las opresiones que se ejercieron en su nombre y de las que se ejercieron en su contra. La tierra prometida del revolucionario se evaporó cuando fue alcanzada. Éste se abandonó a sí mismo cuando llegó a sus fronteras, sus pies se volvieron ligeros al acercársele, una lenta elasticidad amortiguó sus pasos hasta detenerlos y su paraíso siguió siendo inviolado. No sabemos si ese edén existe porque nadie lo conoció, sólo que el que se acerca a él se siente más ligero, se disuelve. ¡Mejor es renunciar a pensar en el mañana! El calificativo de “intelectual” se volvió un insulto, y la noción de progreso engendra una incredulidad creciente. El mundo posmoderno escapa no sólo al relato, sino también a la nostalgia del relato. La ausencia del ideal no es un nuevo ideal. Respetuosamente marginalizados, los ideales de ayer se vuelven una disciplina exótica del turismo intelectual. Si aparece un nuevo ideal, queda desacreditado de antemano en nombre de sus hermanos del pasado, y no tiene ninguna consecuencia en su lugar de nacimiento. Emigra: la subcultura de la minorías se vuelve la cultura de otros grupos y paga el precio de un desplazamiento de clase, o de un cambio de país. El estilo rock o gay, o punk se convierten después en la cultura de los suburbios, o de los golden boys, y pierden su alma y su razón.
La modernidad vació el cielo en los ideales para realizarlos en la tierra, y ahora la posmodernidad rechaza estos retoños secularizados. Ya no se cree en ellos. ¿Para qué? No lo sabemos. El hoy ya no aprende de las lecciones de ayer para soñar con un final edénico o con un final sin fin. Ayer la sociedad vivía en una tensión apocalíptica que tenía a todo el mundo en vilo, hubiera participado o no en la revolución, hubiera esperado o no la resurrección. Ahora el presente se propulsa mientras va consumiendo su propia herencia, se deshereda cada día. Avanza negando lo que hizo hace un instante, fiel a la ciencia que, por principio reniega de sus certezas: deja un rastro en los ideales que la engendraron. La superficialidad suprimió a su madre y los hombres no dejaron de ser mensajeros. Cada uno de nosotros privados del ideal transmisible, se comporta como si fuera el último hombre. Para comprender y gozar de lo heredado habría que trasmitirlo. Pero, ¿en nombre de quién lo haría? Nosotros mensajeros, ignoramos nuestro mensaje, salvo que lo transmitamos a nosotros mismos.
Sin ti, mi herencia sigue en afrecho. Tengo menos pensamientos para el futuro que para hoy: los eché, sólo me queda el vacío. Nada es más pesado que este vacío: salto para sacármelo de encima, arriba, abajo, hago gimnasia aeróbica, hago fitness, ¡arriba! (...) los posmodernos no luchan, van en un tren cuya locomotora no tiene conductor.”14
Aún más, acudo al bello olvido que olvidó olvidar; viene a la escritura de este texto Las alas del deseo, esa maravillosa película en la que se advierte el tedio de los ángeles frente al monto de tanta alineación causada por la ausencia de creación y real deseo; recurro a uno de los diálogos internos del viejo Homero:
“El mundo parece ahogarse en el crepúsculo como al principio pero yo narro, como al principio, en mi cantinela que me sostiene a salvo, por el relato, de las revueltas del presente y protegido para el futuro. Se acabó el remontarse muy atrás de antaño. El ir y venir a través de los siglos... ya sólo puedo pensar de un día para otro. Mis héroes ya no son los guerreros y los reyes, sino las cosas de la paz, todas iguales entre sí: las cebollas se secan, tan valiosas como el tronco del árbol que atraviesa el pantano. Pero nadie ha logrado aún cantar una epopeya a la paz. ¿Qué le ocurre al hombre que no puede seguir fascinado por mucho tiempo, que se deja apenas narrar por alguien? ¿Debo renunciar ahora? Si renuncio, entonces la humanidad perderá su narrador. Y si alguna vez la humanidad pierde su narrador, al mismo tiempo habrá perdido su infancia. ¿Dónde están los míos, los simples, los primigenios? Nómbrame musa, al pobre cantor inmortal quien, abandonado por sus mortales oyentes, ha perdido su voz. Él, que del ángel del relato, se convirtió en el ignorado o burlado organillero, fuera, en el umbral de la tierra de nadie.”15
Hemos llegado al tiempo de los Estados monstruos que Nietzsche tan puntualmente previó y nadie mejor para decirlo que el gran cronopio Julio Cortazar:
“El mundo en el que despertamos cada mañana se parece más y más a las pesadillas que soñamos durante la noche, en vez de traernos una bocanada de aire puro y el sentimiento de estar despierto, la lectura matinal de los periódicos no es más que una sucesión de horrores, de vaticinios siniestros, de nuevas y más abrumadoras pesadillas. Vivimos un tiempo en el que todo parece confluir hacia un lento suicidio planetario.
(...)
Pero algo aún peor espera al mundo en esta ciega escalada de ambición y de codicia. A medida que esta escalada progresa sus efectos se vuelven incluso contra ella, y hace años que los hombres sensibles denuncian angustiosamente la escalada del imperio bárbaro, así como la catástrofe ecológica sin conciencia ni previsión del futuro, la contaminación del suelo, de las aguas, la ruptura de los ciclos biológicos, la certidumbre de que dentro de pocas décadas la humanidad entera, sin excepción, se hundirá en un lento crepúsculo de agonía.”16
Para concluir este ensayo cedamos la palabra a los atinados comentarios y certeras preguntas con las que José Alberto Concha González interroga el andar descalzo de lo hecho y por hacer-ser:
“Y al final llegamos. Ya estamos en la última estación. Próximos al paralelo cero, se acabaron las magnitudes viejas, tendremos que inventar otras nuevas con las cuales poder contar.
La última estación se llama “nihilismo radical”. Las montañas son altas, los senderos, angostas quebradas, la niebla espesa ¿Habrá paso más allá? ¿Podrá cruzarse tal desfiladero andando? ¿Qué sufrimientos y sacrificios deparará la travesía?
La raíz ontológica de todo lo que es ha desaparecido. Lo que es, ha sido desustanciado, desposeído de toda esencia ¿Esto es el fin? ¿No hay vía más allá? Sabemos el nombre de la última estación, nihilismo radical, pero ¿Dónde nos subimos a este tren? ¿Cuál fue la estación de partida?
(...)
Nietzsche pensó que cuando el hombre dejara definitivamente de buscar paraísos más allá de la estrellas se decidiría finalmente a ser el sentido de la tierra. Nietzsche era muy conciente de las dificultades de tamaña empresa cuando dice:
“Más aún también cuando se manda a sí mismo tiene que expiar su mandar. Tiene que ser juez y vengador y víctima de su propia ley.”
Ningún hombre podría estar a la altura de tales exigencias, pero la superación del hombre llevaría al alumbramiento de una nueva figura: el suprahombre.17
Esto es, el más allá de eso que se dice “el hombre” puesto en el lugar del hombre.
¿Quién más si no el rebelde podría sostener e intentar realizar tal cometido?
Queden las siguientes notas como punto de partida del siguiente ensayo:
-El rebelde, si a de serlo, tendrá que ir más haya del esclavo y de el amo que también es él. Y es verdad que si no es fácil dar con ambos, por el monto de negación, resistencia y confrontación que ello moviliza (el Estado lo llevamos dentro), mucho menos es posible salir airosos: lo que no quiere decir que sea imposible.
-Sea el rebelde el que insista y apuntale el encuentro, por la vía de los hechos, de un mundo radicalmente humano a favor de lo humano.
-Para ello es necesaria la abolición en lo colectivo y en lo individual del lugar del amo y del esclavo, que asegure el tránsito de lo vertical a lo horizontal; esto es, del poder ejercido por unos cuantos, al poder colectivo.
-Necesario que lo colectivo no soslaye lo particular ni que lo particular soslaye lo colectivo.
-Necesario un orden que dé cabida a lo diverso y múltiple; a lo que es y a lo que será; necesario un orden en permanente reordenación; necesaria la movilidad, la promoción de la movilidad y por ella el permanente cambió.
-Necesaria la permanencia de lo que hace estructura y necesario el cambio a través de las obras y la recreación permanente.
-Necesaria la ciencia y la Cultura y la recreación de la ciencia y la Cultura.
-Necesaria la Historia y la historia por ser vía nuestro hacer.
-Necesario el cuerpo y la recreación permanente de las derivas cuerpo.
-Necesaria la utopía y el permanente derivar de la utopía.
-Necesario, independientemente de estar colocado en posición de hombre, de mujer o bisexual, asumirse en falta;18ello como condición de posibilidad para moverse del lugar del amo y del esclavo, al lugar del rebelde o del revolucionario; y también, como determinante, para hacer posible desestructurar la lógica del exterminio del otro que funda y sostiene la racionalidad occidental, que atraviesa y determina, en sus efectos, la vida cotidiana
¡¡Necesario apostar sin cesar de apostar!!
NOTAS
1.- Marx, Carlos. Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Ed. Grijalbo, Col. 70., No. 29, México, 1968.
2.- Platt, Anthony. Los “salvadores del niño” o la invención de la delincuencia. Ed. Siglo XXI, México, 1982, p. 19.
3.- Foucault, Michel. Vigilar y castigar. Ed. Siglo XXI, México, 1977, p. 297.
4.- Ibid., p. 305.
5.- Platt., op. cit., p. 117 y 188.
6.- Guerin, Daniel. La peste parda, Ed. Fundamentos, Madrid, 1977, p. 63-64.
7.- Fischer, Ernst. Problemas de la generación joven. Ed, Ayuso, Madrid, 1975, p. 16.
8.- Monod, Jean. Los barjots. (Ensayo de etnología de las bandas de jóvenes), Ed, Seix Barral, Barcelona, 1971, p. 374-375.
9.- Fischer, op, cit. P. 74.
10.- Frith, Simon. Sociología del rock. Op. Cit., p. 126.
11.- Citado en “Homenaje a John Lennon”. Revista Rock-Pop, México, No. 24, Enero 1981, p. 16.
12.- Miles, (Editor), John Lennon visto por si mismo, Ed. Júcar, Madrid, 1982, p. 35-36.
13.- Idem, p. 93 y 97.
14.- Pommier, Gerard, Los cuerpos angélicos de la posmodernidad, Ed. Nueva Visión, Argentina, 2002, p. 10-11.
15.- Wenders, Wim, Las alas del deseo (film), Alemania, 1987.
16.- Appel, texto inédito de Julio Cortazar cedido a la Jornada por Ugne Kavelis, primera compañera y editora del enormísimo cronopio.
17.-Concha, González, José Alberto, El vertigo, www.geocities.com/symbolos/enconch.htm, abril 2004.
18.- Nava, Ranero, Jesús, Decir de Lilith-decir de mujer: Adán y el exterminio del otro; en la letra ausente No. 4, sección El ombligo del poder, www.laletraausente.com, enero 2007.
* Nava, Jesús, Errancia. ** Nava Jesús, Imposturas.
