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La Letra Ausente
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SECCIÓN: LA TRAMA DEL OTRO

EL LUGAR DEL FACTOR SEXUAL EN LOS  REVOLUCIONARIOS MARXISTAS

Por: XAVIÈRE GAUTHIER*

Rrose Sélavy demande si les Fleurs du Mal
ont modifié les moeurs du  phalle: Qu´en pense Omphale?

Rrose Sélavy pregunta  si las Flores del mal modificaron las costumbres del falo: ¿Qué piensa Omphale?
Robert Desnos: Corps et biens.

La actitud de los marxistas revolucionarios es radicalmente opuesta: el problema sexual es menor, accesorio y sobre todo subordinado a la revolución social. La causa de la explotación del sexo femenino son económicas, las mismas de la explotación del trabajador; así, el problema sexual se verá solucionado de por sí cuando haya sido hecha la revolución. Aquí la lucha social es el primero y el último objetivo.

En un número de Partisans consagrado a la sexualidad y su represión, Jean-Marie Brohn escribe que “el problema sexual es un caso particular del problema general de la sociedad de clases y la alienación sexual no es sino uno de los múltiples aspectos que atraviesan de parte a parte a la sociedad capitalista”, y si exige una lucha liberadora de la sexualidad, debe hacerse “supeditándola”, por supuesto, a la lucha por la emancipación del proletariado, única garantía y condición de la emancipación sexual.1

Ya el propio Marx, en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, observaba:

“La prostitución no es más que una expresión particular de la prostitución general del obrero”

Lenin, por su parte, no cesa de invitar a las mujeres de obreros a unirse a la gran lucha proletaria: en ella se encuentra la solución a sus problemas. Considerar esos problemas sexuales en sí mismos sería poner de manifiesto un punto de vista burgués, sería incluso un pecado. Dice Lenin a Clara Zetkin:

“La lista de los pecados, Clara, no ha visto todavía su fin. He oído decir que en sus sesiones de lectura y discusión con los obreros usted se ocupa sobre todo de asuntos del sexo y matrimonio (…) No quería creerlo…”2

Tales asuntos deben supeditarse a la revolución. Lenin se queja de que “… Los problemas sexuales y matrimoniales no son comprendidos como parte de la cuestión social principal y, por el contrario, la gran cuestión social aparece como una parte, un apéndice del problema sexual”, y “tal ocupación ya puede revestir formas subversivas y revolucionarias, que no por ello, en definitiva, deja de ser puramente burguesa (…) No hay lugar para ese género de preocupaciones en el Partido, en el proletariado en lucha y consciente de su espíritu de clase”,3La comunicación es clara.

Ello significa, en el fondo, que verdaderamente no existe un problema sexual: existe un solo problema, el social, que engloba a todos los demás, y hacia el cual deben converger todos los esfuerzos de los revolucionarios.

He aquí la razón por la cual lo que no aparece directamente como lucha de clases no sólo es inútil sino peligroso, en la medida que significa dispersión, esfuerzo marginal. El estudio de cualesquiera cosas que conciernen al sexo está prohibido; se presenta como un despilfarro de fuerzas y retarda el advenimiento de la revolución: “Se me ha dicho que los problemas sexuales son también el objeto de estudio favorito de sus organizaciones de jóvenes (…) Esto es particularmente escandaloso, particularmente peligroso para el movimiento de la juventudes. Tales temas pueden contribuir a excitar al extremo, a estimular la vida sexual de determinados individuos, a destruir la salud y la fuerza de la juventud”.4Se ve que no es solo el tiempo perdido en discusiones lo que se condena, sino también la actividad sexual misma. “Yo no garantizaría la seguridad y firmeza en la lucha de las mujeres cuya novela personal se entrelaza con la política ni de los hombres que corren detrás de cada pollera y se dejan embrujar por la primera dama que pasa. ¡No, eso no va con la revolución! (…) Los excesos en la vida sexual son un signo de de generación burguesa. El proletariado es una clase ascendente. No necesita que se lo embriague, se lo ensordezca y se lo excite”5

Condena, pues, de la actividad sexual en nombre de la eficacia. Tal condena no difiere esencialmente de la pronunciada por la sociedad capitalista: un padre de familia reprochará a su hijo “divertirse” demasiado (lo que significa tener demasiadas relaciones sexuales) en lugar de trabajar; tendrá miedo de una vida debilitante de libertinaje si su hijo tiene demasiadas “distracciones” (es decir queridas). En los dos casos, el amor es considerado como un lujo, algo marginal, algo que “no se hace” y que no es serio.
Las censuras de Lenin se inscribían como reacción contra la célebre teoría del “vaso de agua”, considerada comunista, que presentaba el acto sexual tan simple y anodino como el acto de beber un vaso de agua. Declara Lenin: “Considero a esta famosa teoría del “vaso de agua” como no marxista y, además, antisocial”6. Y añade: “La revolución exige la concentración, la atención de las fuerzas (…) No tolera los estados orgiásticos”7.

Sin embargo la revolución social, según prometió Lenin, debe suprimir la dominación sobre la mujer. Y, efectivamente, Lenin “se ocupa” de la mujeres. Reclama el derecho al divorcio: “Es imposible”, afirma, “Ser un demócrata y un socialista sin pedir desde hoy la entera libertad de divorcio, pues la ausencia de tal libertad constituye una vejación suplementaria para el sexo oprimido, para la mujer”.8 Participa activamente en el V congreso internacional de lucha contra la prostitución, reclama el derecho de voto para las mujeres. Vio con claridad que la explotación masculina en país capitalista se llevaba a cabo en dos campos: el de derecho y el de hecho “…incluso en la república burguesa (las mujeres) no disponen de los mismos derechos, puesto que la ley no les otorga la igualdad con el hombre; en segundo lugar, y es lo esencia, viven en la esclavitud del matrimonio, son los “esclavos domésticos” que sufren el yugo del trabajo más mezquino, más sombrío, más pesado, más embrutecedor, el trabajo de la cocina y la limpieza que las retiene en el aislamiento de la casa y de la familia”9.

Y Lenin lucha eficazmente para remediar ese estado de cosas: “Para que la mujer sea por completo liberada y realmente igual al hombre es necesario que los trabajos domésticos sean cosa pública y que la mujer participe en el trabajo productivo general”. Y anuncia el éxito total de la tentativa en país socialista: “Entre nosotros, en la Rusia Soviética, ninguna huella a quedado de la desigualdad jurídica entre mujer y hombre. El poder soviético ha abolido por completo la desigualdad particular, innoble, abyecta e hipócrita relativa al derecho de familia y en lo tocante a los hijos”10.

¿Qué sucedió efectivamente en la U.R.S.S.? ¿Cómo se desarrollaban los hechos en ese país, en momentos en que el gran cambio social que en el se cumplía iba lado a lado, se adelantaba y acompañaba históricamente a la revuelta surrealista?

Desde diciembre de 1947 existió la ley de divorcio. El Código de las leyes, publicado en septiembre de 1918 instituía el matrimonio civil. Por último el Congreso panruso de 1926 permitía, junto al matrimonio registrado, un matrimonio no registrado. En ese momento, pues, el matrimonio es prácticamente anulado. El aborto es libre y legal, la regulación de nacimientos oficialmente preconizada, con la prostitución suprimida, la juventud educada sexualmente. Pero las cosas cambiarían muy pronto.

Una de las traiciones a la revolución deploradas por Trotsky es la ley de 1936 que prohíbe el aborto, a la cual seguirán los decretos de 1944, restableciendo el matrimonio y la familia en sus formas tradicionales. En La Revolución Traicionada, Trotsky escribe "Uno de los miembros de la Corte Suprema soviética, Soltz, especializado en cuestiones relativas al matrimonio, justifica la próxima prohibición del aborto diciendo que al no haber en la sociedad socialista desocupación etc; la mujer no puede tener el derecho de rechazar las “alegrías de la maternidad”.11Alegrías que el gobierno impone y la policía se encarga enérgicamente de garantizar. Al menos el Estado podría reconocer que actúa por las mismas razones, exactamente, que las sociedades capitalistas, que los católicos guiados por el vaticano: razones demográficas.

“La rehabilitación solemne de la familia tuvo lugar-¡providencial coincidencia!- al mismo tiempo que la del rublo, y resulta de la insuficiencia materia y cultural del Estado”, agrega Trotsky. Pero todo se limita a exaltar “las alegrías de la modernidad” y se confía de nuevo solemnemente a la mujer en el papel que le hicieron desempeñar siglos de opresión y particularmente de opresión cristiana: el papel de madre. “La mujer soviética tiene los mismos derechos que el hombre pero ello no la exime del gran y honorable deber que le impuso la naturaleza: es madre, da la vida”.13

(…)

La resolución del problema sexual en su conjunto, en sí mismo y de manera radical, fue sin duda una tentativa abortada por el estalinismo y la burocracia una vez que fue advertida como peligrosa para los mismos dirigentes establecidos en el poder; una tentativa a realizar que Trotsky califica de heroica:

“La revolución intentó heroicamente destruir el antiguo “hogar familiar” corrompido, institución arcaica, rutinaria, asfixiante en la cual la mujer de las clases laboriosas está destinada a trabajos forzados desde la infancia hasta la muerte”.14 Pero hay que confesar que semejante tentativa concluyó en un fracaso. Este fracaso particular se agrega al fracaso de la revolución soviética en su conjunto. Es, a un tiempo, una consecuencia y ciertamente una causa del mismo.

LA PERVERSIÓN Y SU RELACIÓN DE DESTRUCCIÓN CON LA SOCIEDAD.

Hemos visto que Lenin rehusaba interesarse en el problema sexual como tal. En este rechazo y en su desprecio total por el psicoanálisis podemos ver una razón del fracaso de la política de la “emancipación” femenina.”También la teoría de Freud”, le dice a Clara Zetkin, “no es hoy nada más que un capricho de la moda. No tengo confianza alguna en esas teorías sexuales expuestas en artículos, críticas e libros, opúsculos, en una palabra, en esa literatura científica que florece con exuberancia en la sociedad burguesa. Desconfía de quienes están constante y obstinadamente absorbidos por asuntos del sexo, como el fakir hindú en la contemplación de su ombligo”.15Lenin no es el único, de una manera general, los marxistas desconfiaron mucho del psicoanálisis.

Reich trató, sin duda, de conciliar marxismo y freudismo, mostrando que la represión sexual corresponde directamente a los intereses del capitalismo. Pero cuánto naturalismo, cuánto finalismo a la Bernandin de Saint-Pierre subyace en esa teoría que pregona la noción de sexualidad sana, normal, natural, y que “ha podido divinizarla quimera del así llamado amor genital”.16

Centrar u reducir la sexualidad a la zona genitales lo mismo que deslibidinizar el resto del cuerpo; ahora bien, tal desexualización le hace el juego al capitalismo, como lo mostró Herbert Marcuse en Eros y civilización.  No es este el lugar para hacer una crítica profundizada de Marcuse, denunciando sus errores en la interpretación de las teorías marxistas y freudianas (especialmente la confusión que permite que se establezca entre represión social y represión psicoanalítica; su referencia a un hipotético superyó, exterior al sujeto, sobreañadido y que caería sobre él para maniatarlo, se aleja de Freud, para quien el superyó es una instancia interiorizada que, en definitiva, sería la muerte). Sólo retendremos de su obra los elementos apropiados para sostener nuestro planteamiento.

“La libido” escribe, “se encuentra en una parte del cuerpo, dejando casi todo el resto disponible con vista a su empleo como fuerza de trabajo”.17 En nuestra sociedad gobernada por el principio de rendimiento, el trabajo es concebido de modo tal, está alienado de modo tal que no deja lugar alguno a la sexualidad en tanto “principio autónomo que rige a todo el organismo”. La sexualidad es transformada “en una función temporaria especializada, en un medio para alcanzar un fin”.18 Así todas las satisfacciones eróticas generalizadas son convertidas en tabúes “como perversiones, sublimadas o transformadas en auxiliares de la genitalidad reproductora”,

Si tales “flores del mal” son proscriptas de las costumbres sociales, reprobadas por la sociedad con tanta severidad, es porque su liberación pondría en peligro los principios mismos de esa sociedad. “Contra una sociedad que utiliza la sexualidad  como medio para realizar un fin socialmente útil, lo que se dice las perversiones, en cambio, mantienen a la sexualidad como un fin en sí; de tal modo se colocan fuera del principio de rendimiento y lo ponen en entredicho. Establecen relaciones libidinosas que la sociedad debe anatematizar por cuanto amenazan derribar el proceso de civilización que ha transformado al organismo en instrumento de trabajo”.

Los surrealistas quisieron esta liberación del Eros. La consideraron una fuerza subversiva. Su posición está muy cerca de la de Marcuse cuando este último escribe: “En un mundo de alienación, la liberación de Eros operaría inevitablemente como una fuerza destructiva, fatal, como la negación total del principio que gobierna la realidad represiva”.19

La liberación de Eros y su relación destructiva con la sociedad nos aproxima a Sade. Los surrealistas lo convirtieron en uno de sus héroes, una de sus grandes figuras liberadoras que hayan sacudido nuestro mundo. Breton escribe en “El marqués de Sade ha vuelto a ganar”:

Nunca cesó de lanzar las órdenes misteriosas
que abren una brecha en la noche moral,
por esa brecha veo
a las grandes brechas crujientes con la vieja corteza minada
disolverse.20

No obstante, en Sade la perversión sólo puede tener valor transgresivo en el seno de una sociedad que la rechaza y condena: son las propias instituciones las que fabrican las perversiones. Quizá más que para la sociedad, es para la especie y sus normas que las perversiones constituyen un peligro y una amenaza. Tienen sin duda un valor disolvente, y Klossowski, en Sade mon prochain, les atribuye “una función de denuncia de las fuerzas oscuras disfrazadas de valores sociales por los mecanismos de defensa de la colectividad”.21Pero tales llamadas perversiones manifiestan sobre todo “la insubordinación de las funciones del vivir”. 22  he ahí por qué el acto sodomita es el tipo mismo y el representante más puro de la monstruosidad integral, ya que “ataca precisamente, en el individuo, la ley de propagación de la especie. No sólo mediante una actitud de rechazo, sino mediante una agresión: al mismo tiempo que es un simulacro del acto genésico, constituye una irrisión”. Además, “en tanto transgrede la especificidad orgánica de los individuos, tal acto introduce en la existencia el principio de la metamorfosis de los seres, los unos en otros”.23

La “especificidad orgánica” de la mujer (reproductora madre) es renegada por Sade, es escarnecida, y los valores tradicionalmente ligados a esa función -los valores “femeninos”- pueden caer del lado de los hombres a la vez que cumple el movimiento inverso: deslizamiento hacia las mujeres de los atributos ligados a la virilidad.

Considerada generalmente como presa de una sensibilidad desbordante e incontrolada, de una sinrazón inverbalizable, la mujer se convierte en portavoz de la razón: es Juliette, en La nouvelle Justine ou lñes malheurs de la vertu (La nueva Justine o las desdichas de la virtud”). Y al igual que los cuatro historiadores de Les cent vingt journées de Sodome (Las ciento veinte jornadas de Sodoma”), Julieta suscita el deseo y regula el orden y desenvolvimiento de los placeres sadeanos mediante el poder de la palabra. Su discurso narrativo cumple un papel lógico y metodológico. La mujer supera y sorprende al hombre con los proyectos y programas de placer y seducción perversos que elaboran y organizan los infinitos recursos de su imaginación. “En verdad eso es demasiado libertino para mi”24declara el caballero a su hermana, Madame de Saint-Auge, instigadora de los goces en La philosophie dans le boudoir (“La filosofía en el tocador”).

Semejante desvío de las funciones podría fácilmente inscribirse en la línea surrealista, consiste en desviar a los objetos de sus funciones, en suma: en desviar a los objetos de sus funciones, en suma: pervertirlos, subvertirlos. Un portabotellas, expuesto por Duchamp, deviene objeto de arte (o de anti-arte, poco importa aquí). De la misma manera, la mujer se vería sustraída del papel que le toca generalmente y que, por un proceso de reificación, se ha considerado natural.

Estamos lejos, ahora, de la reivindicación comunista, que en el mejor de los casos otorgaba a las mujeres los mismos derechos cívicos y políticos que a los hombres. Permitir que las mujeres lleguen al poder, es franquearles el acceso al poder masculino e implica que ellas deben adherir a los esquemas, los mitos y los fantasmas masculinos.

El método es sensiblemente idéntico al que consiste en “blanquear” a los negros so pretexto de que son explotados sólo en tanto negros… Sin embargo, los negros tienen una cultura propia, la que poseían antes de la esclavitud, y los partidarios del black power enarbolan su negritud. ¿Y las mujeres? La palabra femineidad está marcada con el sello de una dulzona abnegación conferida por los hombres. Preferimos proponer el termino “femeninitud” que, como el de negritud, violentamente se hace cargo del desprecio de los “dominantes”. Y deberíamos dejarle a ese vocablo, entonces, su carácter desconocido.

“Cuando haya sido rota la infinita servidumbre de la mujer, cuando viva por ella y para ella, y el hombre –hasta hoy abominable- haya saldado su deuda, ella será poeta, también ella: ¡la mujer encontrará lo desconocido! ¿Sus mundos de ideas diferirán de los nuestros? Ella encontrará cosas extrañas, insondables, repugnantes, deliciosas, y nosotros las tomaremos, las comprenderemos”.25

Los revolucionarios marxistas, por su parte, tienden a reducir la diferenciación sexual y a eliminar una de las “vocaciones”26atribuidas a la mujer: la de ser un objeto de deseo. Ciertamente sería más interesante que, por el contrario, también el hombre pueda ser visto como objeto de deseo. Uno y otro sexo serían así,  a la vez acción, objeto de contemplación y objeto de posesión.
Y en cuanto al hombre surrealista ¿cómo se presenta en sus obras? ¿Qué lugar ocupan las alusiones a su apariencia física, a su belleza?

Esta manera de plantear el problema evitaría los términos tradicionales de una filosofía humanista (la mujer, ser humano, es concebida y usada como un objeto). En realidad, el hombre no es menos “objeto”. En términos freudianos, sólo en su situación edipiana: ésta lo constituye y determina. En términos marxistas, es “hombre objetivo”: macho o hembra, se define por su situación económica. “No es la conciencia la que determina la existencia, sino la existencia la que determina la conciencia”.27

El héroe sadiano goza de la posibilidad de ofrecerse como objeto de deseo. Así como las heroínas pueden ser lesbianas, los hombres pueden ser pederastas activos o pasivos. Dolmancé, en La filosofía en el tocador, insiste en el “placer delicioso”28que pueden gustar las mujeres “metamorfoseándose en hombres” y sobre su propio placer al metamorfosearse en mujer: “¡es tan dulce cambiar de sexo, imitar a una puta, entregarse a un hombre que nos trata como a hembra y llamarlo nuestro amante y llamarnos a nosotros su querida! ¡Ah, mis amigos, cuanta voluptuosidad”29

Tal metamorfosis corporal no se cumple sin violencia y precisamente el papel del trabajo sádico es operar la transformación. El perverso sadeano ejerce violencia sobre su propio cuerpo y sobre el del prójimo. Al extender el goce a órganos inútiles para la procreación, pulveriza los límites del cuerpo funcional.

También por un acto violento el cuerpo “real” es, al mismo tiempo, negado y afirmado, destruido y construido por Bellver: “(…) un detalle, una pierna, no es perceptible, accesible a la memoria y disponible, en una palabra: no es real más que si el deseo la toma fatalmente como una pierna. El objeto idéntico a sí mismo carece de realidad (…) Cuando la mujer se encuentre en el nivel de su vocación experimentable, accesible a las permutaciones, a las promesas algebraicas y susceptibles de ceder a los caprichos inconvenientes del montaje retardado o del desmontaje, entonces se nos informará definitivamente acerca de la anatomía del deseo, mucho mejor de lo que lo hace la práctica del amor”.30

El cuerpo, inteligentemente cortado en pedazos, puede ser dividido en un gran número de elementos, cada uno de los cuales “Vivirá triunfalmente su propia vida”,31o multiplicado al infinito en una serie de imágenes que se repiten. Se le sustraen elementos, se le añaden miembros. Tales operaciones algebraicas (“La ebriedad es un número, escribía Baudelaire”) abren al deseo un campo de ilimitadas posibilidades, donde el deseo puede desbastar y crear. Y a partir de entonces los amantes podrán escribirse una carta de amor como ésta: “¿Quieres que arreglemos mañana el sombrero de negros tulipanes de su matriz y que tratemos en la ocasión de levantar tu piel, a partir de la grupa, a lo largo de tu espalda, hasta velarte el rostro, excepción hecha de tu sonrisa? (…) En cuanto a mi, me pregunto si llevaré el ceñido pantalón confeccionado con tus piernas sin costura, ornamentado en sus lados interiores con falsos excrementos. ¿Y crees que abotonaré sobre mi pecho, sin desfallecimiento prematuro, el chaleco pesado y tembloroso de tus senos? Cuando esté inmovilizado bajo la pollera plisada de tus dedos (…), entonces soplarás sobre mí tu perfume y tu fiebre para que en plena luz del interior de tu sexo brote el mío (…).32

En Bellver como en Sade, el cuerpo propio se pierde, acoge al de otro y ambos se enredan para desembocar en una especie de andrógino (tal la Juliette de Sade).

EL ARTE, COMO LA REVOLUCIÓN ES UN ACTO DE VIOLENCIA CORPORAL

El acto de violencia por el cual la metamorfosis del cuerpo puede ser la revolución o puede ser el arte. Los surrealistas lo supieron: hacer la revolución, escribir o pintar no puede ser un gesto parcial o inocente. Esta en juego muy otra cosa que los cambios sociales o las facultades creadoras. El riesgo es total: esta en juego el cuerpo.

“(…) mientras no se haya cambiado la anatomía del hombre actual, no se habrá hecho nada ni por la poesía ni por ninguna clase real y CORPORAL  de LIBERTAD!¡ Más para poner remedio (…) se requiere una guerra, una guerra verdadera con armas, municiones y hombres dispuestos a todo”.33

(…)

Carne, fornicación, goce, es el cuerpo humano el que está en juego en la revolución, en la baza o el pozo, la apuesta que se juega en ella. Y es también en el plano corporal que Antonin Artaud sitúa el más profundo de los cambios revolucionarios. La revolución puede ser hecha, escribe, “con la condición de que el hombre no se piense revolucionario únicamente en el terreno social, sino que crea que debe serlo también y sobre todo en el plano físico, fisiológico, anatómico, funcional, circulatorio, respiratorio, dinámico, atómico y eléctrico.

* Xavière Gauthier; es el autor del libro Surrealismo y sexualidad. Editado por Corregidor en el año de 1976 en Buenos Aires: de este importante y magnífico ensayo, de 244 pag, decidimos publicar este fragmento no sin agradecer al autor su pasión y su contribución a la documentación y análisis de este importante movimiento. Por supuesto que es un texto que invitamos a consultar y leer en su totalidad. Gratitud también a la editorial.                          

Notas:

1.- Brohn, Jean-Marie: “La lutte contre la represión sexuale” en Partsans, números 32/33, octubre-noviembre de 1966, ps. 39 a 46 (p.39).

2.- Marx, Kart: Manuscrits de 44, París, Ed. Sociales, 1962, 174 ps. (p.85).

3.- Zetkin, Clara: “Notes de mon carnet”, en Lénine tel qu´il fut, París, Bureau d´edition, 1934, ps. 207 a 219 (p.211).

4.- ibid.(p. 211).

5.- ibid (p. 216).

6.- ibid (p. 217).

7.- Lenin Vladimir: De l´emancipation de la femme, París Boreal d´edition, 1939, 75 ps. (p. 73).

8.-   ibid (p. 74).

9.-   ibid (p. 17).

10.- ibid (p. 50).

11.- ibid (p. 58).
12.- Trotsky, León Davidovitch: La revolution trahie, París, IV Internacionale, 1961,
211 ps. (p.129).

13.- ibid (p.130). 

14.- ibid (p. 125).

15.- Zetkin, Clara: “Notes de mon carnet”, en Lénine tel qu´il fut, op. Cit. (p.211).

16.- Lacan, Jacques: Ëscrits, París, Le Senil, 1966, 912 ps. (p. 54).

17.- Marcase, Herbert: Éros et civilisation, París, Ed. de Minuit, 1963, 239 ps. (p 53).

18.- ibid (p. 47).

19.- ibid (p. 47).

20.- Breton, André: “Le marquis de Sade a regagné”, em L´air de l´eau, comprendido en Clair de terre, Paris, Gaillimard, 1966, 194 os. (p.165).

21.- Klossowki, Pierre: Sade mon prochain, precedido de Lê philosophe scélérat, Paris, Lê Seuil, 1967, 188 os. (p.87).

22.- ibid (p. 26).

23.- ibid (p. 32).

24.- Sade, R. A. F. de: la philosophie dans le boudoir, en: (euvres complètes, t. XXV, Pauvert, París, 1968, 316 ps. (p,20).

25.-Rimbaud, Arthur: (Euvres complètes, París Gallimard, 1946, 825 ps. (p.256).

26.- “El fin de la mujer, aquí en la tierra, su vocación evidente.es el amor,” (Michelet.)

27.- Marx Kart: Prefacio de la Contributión de la critique de l´économie poplitique, Paris, A. Costes, 1954, 306 ps. (p.29)

28.- Sade, R. A. F. de: la philosophie dans le boudoir, op. cit.(p,20).

29.- ibid.

30.- Bellmer, Hans: “Anatomie de l´amour”, en: Le surréalisme en 1947, París, Maeght, 1947, 140 ps. (p.108).

31.- ibid.

32.- ibid.

33.- Artaud, Antonin: “Lettres à André Breton”, en L´éphémère, núm. 8, 1968 (p.50).

 

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