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La Letra Ausente
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SECCIÓN: DE CUERPO PRESENTE

HAMBRE DE SUJETACIÓN

Por: MERLINA RODEA ROLDÁN

Crear para ver: Amar Amando

UNA APUESTA POR EL AMOR EN EL SIGLO XXI

“… hay que mirar la vida, mirarla de frente, hay que amar la vida, conocerla por lo que es, amarla por lo que es y después colocarla en su sitio. Los años siempre […] entre nosotros los años siempre, siempre […] las horas… “[Película: Las horas (basada en la novela de Virginia Wolf, la olas)]

Las horas como cápsulas  de sueño de vida, de sueño de muerte… de Eros y Tánatos. Alguien tiene que morir aunque sea un poco para que valoremos la vida; alguien tiene que mirar, amar y conocer la vida para después colocarla en su sitio… alguien: nosotros tenemos que hacerlo. No es posible que la vida ande arañando los tobillos del ruego y se vista de melancolía, de muerte, que la gente viva en la duda de estar, en la “insoportable levedad del ser” , en la horrida hechura de la nada. No es posible ver el levantamiento del hedonismo y la individualidad como nuevos soportes de los seres venideros, no es posible pensar en la anulación del deseo, en la aniquilación de la vida,  pintada, disfrazada de olor a cadáver y de paso de muerto. Hay otros modos de ser y estar como mujer y como hombre, de compartir el enigma sin tener que abrazar la propia imagen en el espejo, sin tener que borrar la demanda del otro, sin tener que ser ciegos o sordos a la vida.  

Las mujeres reniegan de ser madres, borran al hijo y si por error llega este, le borran o le tragan reprochándole la falta fálica, restregándole en la cara que aquello que una vez se dijo “hombre” ante ellas no existe, hoy las mujeres son las mujeres completas, las lagartas con falo, quieren ser también hombres. Los hombres por su parte son la interrogante andando, la asunción de la etiqueta reclamando por igualdad (nunca por equidad) la misma belleza y la misma exaltación, quieren lucir en la pasarela. Se creen y aceptan sin cuestionar a la mujer fálica, es cómodo después de todo, ser sólo el objeto sexual, el acompañante de lujo o la afeminada pareja del macho que reafirma la etiqueta que hereda del padre caído, el de antes de la barbarie sexual genérica.

Me parece que el  ser contemporáneo, es decir, lo que se ha construido como Sujeto (y por lo tanto subjetividad) desde el surgimiento de la burguesía  hasta hoy ha sido transmutado y lo que encontramos es un sujeto que tiene hambre de sujetación , es un ser que busca las ataduras de la vida, mismas que tantas veces no halla… y si halla no sabe cómo demandar su vida, en el peor de los casos no sabe qué demandar.        

Las situaciones sociales que se narran desde los noticieros y de la información popular barata hablan de una sociedad que halla su goce en el sadismo y el masoquismo, en el extremo pues, y eso puede ser bien cierto, pero, me parece sin duda que existe el otro lado, el lado que muestra la más horrenda de las verdades mientras se maquilla y tiene como telón de fondo el hedonismo, el narcisismo, los cuerpos de la anorexia que desafían constantemente a la muerte,  la homosexualidad y la bisexualidad, el suicidio.

Este último, el lado del hedonismo, se acerca mucho a la perversión, roza y coquetea cínicamente con el goce, con el plus del placer. La demanda satisfecha hace síntoma, aparece precisamente en la sordera y la ceguera histéricas, hace síntoma en el cuerpo enfermo que grita asidero urgente. La situación de este sujeto se parece mucho a la del obsesivo que duda de sí mismo y del otro, que huye a la demanda y se niega a la escucha, que borra la presencia del otro. Tiene de neurótico que sin aceptar no deja de desear lo imposible tras no saciarle lo posible. Resultante en perverso pues,  desafiante de la ley y lo que es por ella establecido, le  reconoce pero no le acepta y además se coloca a las veces como objeto de goce sin por ello dejar de ser el amo, sin dejar de colocar al otro como cosa. 

           
ASIRSE AL ESPEJO: DE IGUALES SEXOS

En una época en que la homosexualidad se incrementa y se manifiesta sin represión, en una época donde la intelectualización de la mujer y las posibilidades de “tener” el poder, es decir, donde la mujer tiene a disposición la posibilidad de ser fálica y concretar la obturación de la falta, nada queda a la posibilidad del complemento. Si partimos de la idea psicoanalítica de que la pareja no existe pero existe la petición de obturar la falta que se dirige al otro, al situarnos en las relaciones amorosas de los sexos iguales, hallamos que no hay qué obturar; lo que se dice amor desde ellos es una amor narciso, un amor instalado en la fijación primaria, el amor hacia si mismo, el amor del espejo que no puede ofrecer más que el eterno engaño de saberse completo y en el goce del hundimiento en las aguas maternas del propio reflejo.

 

JUGAR A SER COMPLETO: PIEL SIN REPLIEGUE

La bisexualidad es también un aspecto cultural que sino reciente, si igualmente significativo como la homosexualidad. El bisexual juega “tener” los dos sexos, a ser la completud, nada le falta, nada lo llena, el bien puede complacer, prestarse en ocasiones a ser objeto de goce para el otro y a la vez tomar como objeto de goce al otro. No hay pues sujeto alguno, no hay ser en falta, en lugar de eso hay falla paterna, no reconoce nada y no quiere oír del reconocimiento que el otro le ofrece. No soporta la demanda.

La bisexualidad más que la homosexualidad me parece se acerca a lo que se nombró patología del amar en la neurosis obsesiva. La cultura  que se gesta al interior de nuestra época, la que se viene delineando de manera perversa y sutil desde que nos envolvió el capitalismo y la creciente occidentalización,  ha dado lugar a la generación de dioses, el ser como Dios, el hombre es Dios y últimamente la mujer es Dios. Ante el deseo de “tener” como hombre, de “ser” como hombre, lo que una mujer como mujer puede ser es tachado, borrado, anulado, mujeres en posición de hombres, fálicas… hombres en posición de mujer, negando la propia representación fálica, necesaria para el equilibrio psíquico del ser, hombres gozando perversamente la castración, en el terreno de lo real. La negación de lo que supedita la biología. 

Lo dicho es terrible si pensamos en la expresión futura del caso, cuerpos cada vez más enfermos, cabezas vueltas al pie de sí mismas, suicidios cada vez en niños más pequeños que no quieren “pagar la deuda” –como gusta decir a Jesús Nava-, locos llenando las esquinas porque no hallaron otra opción que guardarse y confirmarse bajo sólo una certeza: la suya, donde nadie más cuenta. Mujeres y hombres sin posibilidades de esperanza y de esperanzar, sin proyectar otras vidas: los hijos no entran en el deseo del sujeto, “parejas” nuevas que dedican su día entero al trabajo, a la producción en masa, y rinden culto a los cuerpos escultóricos, objeto de lujo para el otro, que igualmente debe indicar a través de su imagen el status de vida, la vida en soledad,  con el único objetivo de acumular posesiones: puro y exclusivo goce.

 

Reinventar Amor: a la Cultura 

“Quienes no recuerdan el pasado están condenados a revivirlo” (Dethiville, L.; 1987)

La apuesta va por el lado del replanteamiento de la existencia humana, iniciando por el ¿qué somos? de Kant  y el ¿qué venimos a hacer aquí? de Foucault. ¿Qué somos al hablar de amor, al hacerlo? ¿Qué venimos a hacer aquí bajo el nombre del amor? Si bien es cierto que los sentimientos, incluido en ellos el Amor, son un invención burguesa, una creación constructiva que ha posibilitado la humanización del ser pero que también en sus extremos ha llevado al utilitarismo y en tanto al borramiento del mismo, no quedan sino más preguntas acerca de ¿Cómo resolverse sujeto deseante cuando ya no hay quien llame a desear bajo le nombre de la vida, es decir, bajo el nombre del Amor, del Eros de que hablara Freud y del deseo como más tarde lo plantea Lacan?

¿Qué queda? ¿Qué hacer? ¿A quien llamar? ¿Qué decir?  Sin abandonar la esperanza nos hace falta el replanteamiento del mundo y sus expresiones culturales, reinventar el amor, levantar lo caído, levantar al padre, a la representación del padre en la cultura pero no a través del llamado a la madre fálica sino a través de un replanteamiento de los sexos,  a través del reconocimiento de lo humano, donde la mujer puede dar creadores.

Es preciso el atravesamiento por el acto analítico y a su vez el atravesamiento analítico en el sujeto para que por lo menos halla una posibilidad de cuestionar el ofrecimiento que se nos hace al llegar, al ser arrojados en una cultura que cierra la posibilidades de alternativa, al tiempo que invita a una vida llena de goce. Se nos olvida a veces que (sin caer en la proporcionalidad de una relación lineal) se sufre en la misma magnitud que se goza, y sufrir y gozar acerca al sujeto a su muerte, en un acto así el placer y el dolor no ven lugar. 

Es preciso tender por los medios posibles un asidero donde el sujeto halle esperanza, enseñar al sujeto a labrar su propio sitio y a “inventar” desde sus imposibles, sus propias posibilidades, tirar el altar de lo dado como hombre y como mujer, jugar a borrar las etiquetas y a hacer presente una alternativa, una que no sesgue al sujeto y lo hunda más en su propia alienación, las consecuencias de eso sólo han sido sufrimiento: confusión y crisis de identidad, aumento de la locura, SIDA, divorcios, fracasos del ser que tarde reconoce que eso que deseó nunca fue su deseo sino un deseo que aceptó sin mirar y preguntar ¿por qué? ¿para qué? ¿cómo es que eso y no otra cosa? Se sabe que es necesario que la muerte haga presencia para ver la cara de la vida pero no es necesario que la muerte se convierta en un estilo de vida, ni que cada vez sea más trágica  o deprimente, más sufrible.  No es necesario que la misma vida sea un eterno sufrimiento que exalte lo muerto.

Después de todo “el muro siempre tiene grietas”. No podemos sobrevivir en el mismo lugar sabiendo lo sabido, sabiendo la circunstancia, no podemos pasar sin ver, sobre todo si aún se piensa en proyectar a un sujeto como hijo (a) en este mundo. Pero no basta saber, sin duda lo dicho requiere de un trabajo complicado pero no incapaz de generarse, implica pues, el propio atravesamiento de lo que humano nos cuenta para hallarnos en posibilidad de llamar a otro sujeto a desear, es decir, significa sabernos sujetos deseantes y transmitir el deseo por desear, lo que únicamente es posible si nos atrevemos a colocar en el mismo lugar privilegiado -que otras representaciones- a lo imaginario –como lo sugiere sabiamente Víctor Alvarado- y hacer realidad lo que nos dicta el sujeto que nos suena dentro: a hacer real el deseo que impulsa nuestra voluntad de ser y estar, de vivir: el Eros que toma forma simbólica en lo cotidiano mientras alguien lo llama Amor o voluntad de Vida: Hambre de Sujetación

REFERENCIAS

Kundera, M. (1996) La insoportable levedad del ser. Mex., Tusquets Editores. Es una novela que viaja del sinsentido del  nihilismo y la asfixia de la vida ligth propuesta por el afuera,  al sentido urgente de la vida, donde incluso,  los más pequeños y triviales detalles se vuelven fundamentales.
2Heller, A. (1993) Teoría de los sentimientos. Mex., Fontarama.
3 De ahí el título del presente texto: hambre de sujetación, solicitando que el otro nos reconozca en el lugar de lo humano.  
4 Mc Dougall y cols. (1987). El diván de Procusto. Argentina, Ed. Nueva Visión.
5 Marlats, M. C, cols. (1994) La función del amor en la tragedia modernaEl trabajo de la transferencia. Manantial, Argentina

 

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