
La Letra Ausente
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SECCIÓN: EL NICHO DE LO ABSURDO
1999-2000 UN ENCUENTRO CON LO COLECTIVO
Por: LAURA PALOMINO GARIBAY / IRENE AGUADO HERRERA
De 1999 al 2000, la Universidad Nacional Autónoma de México vivió uno de los conflictos de mayor duración en su historia. El incremento a las cuotas propuesto por la institución, aglutina a los estudiantes ante un "no al alza de las cuotas". Se inicia un largo camino de muestras de inconformidad; las marchas, paros y finalmente cierre de las instalaciones coloca ante la mirada de la sociedad a un enorme grupo de estudiantes al inicio, y al final uno pequeño, que se organizan en torno a un Consejo General de Huelga (CGH) que adquiere el carácter de representante del movimiento estudiantil.
A lo largo de la vida universitaria la amenaza de incremento a las cuotas que los estudiantes pagan ha desencadenado protestas que paralizaron en varios momentos la vida académica de la institución. Los resultados derivados de las diferentes movilizaciones estudiantiles remiten a recuperar los sentidos que han transmitido a la vida universitaria y que guardan proporción con la vida nacional. En 1929 la autonomía universitaria, en 1968, el abanderamiento de los reclamos sociales, en 1986 la participación institucionalizada son afirmaciones que se pueden sostener e incluso compartir con los participantes en estos movimientos sociales; 1999 muestra elementos no comprendidos que contribuyen a la opacidad de la demanda estudiantil.
Desde la perspectiva del presente trabajo se busca evidenciar los elementos presentes en su discurso, y construir una posible interpretación sobre el sentido de éste movimiento estudiantil. Como estrategia metodológica es conveniente mencionar que se recupera el discurso producido por los miembros del CGH desde dos fuentes, entrevistas y textos que reconocen enuncian su intención como movimiento estudiantil. La interpretación se articula sobre las categorías de participación y organización las cuales se construyeron considerando su insistencia en el discurso y su función como cadena asociativa en diferentes discursos.
El trabajo acerca de las significaciones como productoras de sentido, implica reconocer las dimensiones en las que se lleva a cabo este proceso, se busca recuperar lo histórico, la subjetividad y lo discursivo que se tejen para dar cuenta del sentido que para los estudiantes tuvo la huelga universitaria 1999-2000.
Un elemento a considerar, es el que concierne a la idea de que el lenguaje es el plano donde se ejerce la comprensión, y donde los símbolos remiten al carácter organizativo del lenguaje en un discurso, el cual hace referencia al mundo que lo rodea, y puede ser recuperado tanto del diálogo como del texto y donde el lector articula un discurso nuevo al del texto, realizando una interpretación mediante el lenguaje, la cual implica en un primer momento del proceso una apropiación del texto mediada tanto por el análisis estructural como por la relación que se pueda establecer con otros interpretantes que den cuenta del sentido en torno a un re-decir, aquello de lo que se habla y remite a quien lo pronuncia, y que tiene una función simbólica en tanto pretende expresar, describir o representar la realidad en el entendido de que se encuentra implícito un interlocutor al cual se está dirigiendo. Lo que lleva a una relación referencial, por parte del autor y del lector, la cuál no se realiza en diálogo por lo que ponen en juego las subjetividades de ambos sujetos. Para finalmente transitar a una dimensión interpretativa integrada por categorías derivadas del contenido del texto que remiten a posibles sentidos de este evento.
El movimiento estudiantil de 1999-2000 exige recuperar los orígenes de las diferentes expresiones estudiantiles de huelga en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Existen tres antecedentes recientes de movilizaciones estudiantiles dentro de esta casa de estudios: la explosión estudiantil-social de 1968, el movimiento del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) de 1986 y el movimiento de 1999-2000.
Diversos trabajos se han realizado en torno a estos acontecimientos, destaca el elaborado por Becerra quien menciona que la investigación sobre la participación política de los jóvenes que se realiza en las universidades, permite identificar dos vertientes: el movimiento de 1968 y el análisis del movimiento de 1986-1987, continúa el autor señalando que 1968 fue considerado como el “ejemplo clásico de la acción democratizadora, espontánea y abierta, producto de la percepción de que las vías de acción legal estaban cerradas para cualquier movilización genuina y opositora sin metas definidas” (2000,p.532). En los años setenta los trabajos se caracterizaban por considerar que “la actividad política de la universidad y de los universitarios tenía sentido, si estaba subordinada a un proceso de acumulación de fuerzas, que tendería a desembocar en un choque frontal con el estado y la clase dominante” (Becerra, 2000, p. 532). El movimiento estudiantil aparece con una serie de consignas de reivindicación del sector desprotegido de la sociedad y la búsqueda de cambios estructurales tendientes a consolidar un proyecto social alternativo para el país.
El movimiento estudiantil de 1986-1987, buscó en un primer momento la defensa de la educación pública al considerar que las modificaciones en los criterios de pago deberían obedecer a la opinión universitaria en su totalidad y no tomar las decisiones de manera unidireccional (rectoría). Ante la amenaza de una acción parcial se organiza un movimiento que demanda la realización de un Congreso Universitario de índole resolutivo en lo referente al reglamento de pagos, en un segundo momento se solicita la modificación de los órganos de toma de decisiones, el cuerpo representativo de esta movilización fue el Consejo Estudiantil Universitario (CEU).
Los trabajos de investigación se centraron en el análisis de la movilización juvenil y sus muchas repercusiones,"era una tradición interesada en investigar los aspectos que explican la irrupción de este movimiento (el contexto), y no tanto en explicarse el por qué de su surgimiento (el entorno), independientemente de su origen” (Becerra, 2000, p. 533). De 1986 al 2000, se han desarrollado básicamente dos vertientes de investigación: participación en las universidades en 1968, 1986-1987 y la participación electoral de los jóvenes y los partidos políticos. Tres temas son recurrentes; las estrategias, la cultura política y el reemplazo generacional.
Jaidar (2005) efectúa una interesante investigación del movimiento de 1986, la autora realiza una amplia compilación de documentos, especialmente, sobre el debate entre el CEU y rectoría, el análisis del discurso le permite distinguir la relación dialógica que se estableció entre los actores y va analizando cada uno de los momentos de discusión y las relaciones que se observaron en esos episodios.
Entre los autores que buscaron caminos de análisis distintos, se encuentran Casillas y Álvarez (1987) que destacan el papel de los procesos culturales y simbólicos en la formación del movimiento estudiantil, donde la constitución de nuevos sujetos está relacionada con la creación de marcos de significados y culturas políticas como su objeto de estudio; Zermeño (1988) analiza los significados y las culturas políticas como elementos que redefinen y las situaciones que identifican los límites cambiantes o por el contrario, se muestran incapacitados para reconocer el cambio.
Los trabajos desarrollados en su mayoría realizan análisis económicos, políticos y sociales cuya relación con los fenómenos es innegable, pero no consideran elementos relacionados con la vida cotidiana, los ámbitos de referencia, lo imaginario, la representación, es decir, aquellos elementos que constituyen la subjetividad y que ponen en juego al sujeto.
Actualmente, la investigación sobre jóvenes universitarios muestra dos caminos, a saber: la investigación sobre las opiniones y actitudes de los alumnos universitarios, y el análisis del movimiento estudiantil 1999-2000.
Referente al movimiento estudiantil 1999-2000, existen una diversidad de testimonios que van desde las crónicas periodísticas, los intercambios epistolares, la publicación de comunicados de diversos sectores, y por supuesto el testimonio de los involucrados: las autoridades y los estudiantes. Resaltan los trabajos realizados por Enrique Rajchenberg y Carlos Fazio (2000), Adrián Sotelo Valencia (2000), Hortensia Moreno y Carlos Amador (1999), Teresa Wuest y Patricia Mar (2000), quienes destacan el punto de vista de los principales actores del movimiento estudiantil: los estudiantes. Así mismo existen aproximaciones con un análisis desde la institución como los trabajos realizados por Rodríguez Araujo (2000) Arnaldo Córdoba (1999) o las reflexiones realizadas por diversos intelectuales en la compilación de Nelia Tello Peón, José Antonio de la Peña y Carlos Garza Falla en La UNAM a Debate (2000) .
El 20 de abril de 1999 los estudiantes pararon las actividades académicas, cerraron las instalaciones externas de la institución y el campus central fue dividido con banderas rojinegras y barricadas, cortando el acceso a la vida académica. Las demandas estudiantiles se concentraron en un pliego petitorio de seis puntos , al frente de este movimiento se situó al Consejo General de Huelga quien solicitó a las autoridades el cumplimiento de al menos cuatro de seis puntos de sus demandas para el levantamiento del conflicto.
Se inició un periodo largo de búsqueda de salidas, se agudizaron las diferencias internas y externas de los involucrados en este problema. Por diferentes puntos de la ciudad de México se realizaron marchas; los estudiantes irrumpían la vida cotidiana, abanderaban una solicitud de “no al alza de las cuotas”. Se organizaron diferentes estrategias para defender el paro de actividades; las asambleas en las diferentes escuelas se convirtieron en los principales espacios de toma de decisiones de los involucrados. Muy pronto destacaron características de este movimiento: asambleas multitudinarias, reivindicación del movimiento como eminentemente estudiantil, ruptura con el profesorado, enfrentamiento con las autoridades, dificultad de negociación, actos de violencia en diferentes lugares, rupturas a lo interno de la organización estudiantil, en fin, una serie de expresiones de difícil comprensión alrededor del conflicto, y después de 210 días de inactividad, ante la mirada de la sociedad civil, sin el cumplimiento de las demandas del pliego petitorio, la autoridad hace uso de la fuerza pública para recuperar las instalaciones.
Varios aspectos de este movimiento estudiantil destacaron a lo largo del tiempo, sus líderes, sus formas de organización, su “actitud” frente a la autoridad, su comportamiento interno, su relación con la prensa, etc., a partir de lo cual se han construido diversas interpretaciones de este conflicto.
Es a partir de lo anterior que el propósito del trabajo es recuperar el sentido del movimiento estudiantil de los jóvenes universitarios del Consejo General de huelga.
"El CGH es un movimiento estudiantil que pelea por preservar la educación como un derecho social y por introducir la democracia en el sector educativo.” [...] "Los cegeacheros tenemos claro que la lucha por el derecho a la educación y la defensa de su carácter público y gratuito, además de su necesaria transformación, tanto para mejorar su calidad como para orientarla hacia los intereses de una nación independiente, soberana y justa”.
En el marco de una sociedad en transición económica, la reivindicación de la educación como derecho social, confronta las políticas estatales con las expectativas de promesa de herencia generacional del joven universitario, también destaca el imaginario que sobre el futuro del país posee este sector de la población, situación que marca una diferencia irreconciliable con la racionalidad dominante, la expectativa de una nación independiente soberana y justa anudada al carácter público y gratuito de la educación, evidencian una imposibilidad de encuentro, el futuro tiene sentidos diferentes, el del CGH se encuentra en la no pertinencia, en el lado de las naciones que no se incorporan al desarrollo económico por destinar su capital a políticas de alcance social donde no hay ganancia monetaria. La independencia y la soberanía en un mundo donde el futuro marca la caída de las fronteras adquieren un sentido imposible. Así la demanda de gratuidad que en otras épocas era sinónimo de consolidación de la actividad del estado, en ese momento es improcedente dado que se abandonaron esas funciones estatales.
Dentro de lo no dicho también se puede identificar los imaginarios que se acentúan, el desarrollo y el progreso para el estudiante remiten a considerar el espacio formativo como un espacio de facilitación de la movilidad social ya que la universidad creó un papel determinante, enlazó el acceso a una sociedad de privilegios con la educación, colocó la formación profesional en el lugar de los méritos para la sociedad. El lugar diferenciado de incorporación institucional como trabajadores dependía del aval universitario a manera de garantía social.
Es importante señalar que la tensión entre el rumbo que supone el CGH y el rumbo del desarrollo económico obedezca a ignorancia de las políticas de crecimiento económico nacionales y mundiales. Este sector, el cual ha disfrutado de la educación gratuita durante su formación previa, también es el producto de las políticas curriculares y pedagógicas nacionales, cabría preguntar ¿No les proporcionó conocimientos del rumbo del país el esquema educativo en que se formaron, toda vez que aquél se finca con base en las propuestas internacionales?
En síntesis, los jóvenes universitarios que crecieron al amparo de las instituciones educativas son ahora inoportunos, como inoportuna es la presencia y organización de las instituciones que en otra época garantizaban la consolidación de un estado nacional.
Lo inoportuno, lo improcedente lo que señala las limitaciones, lo que irrumpe en el nuevo orden, corre el riesgo de constituirse como lo extraño que, como afirma Bauman (2001) debe ser aniquilado.
“Este movimiento es distinto porque todos los movimientos anteriores tenían líderes. La misma rectoría, las autoridades universitarias y el Estado le reprochaban al movimiento que escondía a sus líderes, que la rotatividad, algo que este movimiento ha reivindicado todo el tiempo, era una forma de esconder a los líderes, lo que a mí me parece completamente estúpido. La rotatividad, la revocabilidad y la toma de decisiones colectivas, más que pretender esconder a los líderes, pretende desaparecerlos. Reconoce a los sujetos como tales y por lo tanto aquí todos somos capaces de asumir una tarea, un cargo, una comisión o también, a final de cuentas irnos a lavar los trastes, trapear, hacer lo que sea necesario. Creo que ahí es donde está lo importante del movimiento y que va a llegar un momento en que, tal vez, la gente va a llegar a analizarlo más profundamente"
Señalar la no existencia de líderes remite a adscribirse en un marco de igualdades, a colectivizar decisiones, formas de participación, a igualarse con los otros, construye un vínculo colectivo de responsabilidad, el sentido de esta propuesta es mostrar el carácter específico del movimiento, construir una visión común que oriente las acciones de los participantes, en ese sentido, es factible ubicar que lo común remite a los colectivo e identitario.
En México, principalmente los grupos indígenas, han sido los colocados en este lugar, las zonas rurales, el campo ha contenido durante largo tiempo a grupos de indígenas que crecieron periféricos a la integración económica del estado. Las políticas de índole nacional aplicadas por el estado, bajo la promesa de crecimiento agrícola y apoyo al campo, conservaron alejada la presencia de estos grupos.
Las inconformidades y reclamos de estos grupos aparecieron con mayor fuerza cuando sus condiciones de vida llegaron a la miseria y el abandono del pacto social del estado fue demasiado evidente. Las formas que han adquirido estos reclamos se pueden observar en los movimientos sociales que se han dado en los últimos años. Los pueblos indígenas de Chiapas son una de las formas actuales de estas protestas que han marcado la vida de los mexicanos, su aparición con interés de reivindicar su existencia y solicitar el respeto a sus estilos de organización en el contexto del país, deberían colocar sobre la mesa la discusión del rumbo del estado.
Durante un tiempo el estado creaba el orden, y los mecanismos para constituirse como su garante y protector, cualquier extraño que quisiera interferir con su tarea, era encausado o eliminado, se creaban políticas de integración o formas de aniquilación para recuperar la estabilidad que reinaba.
En palabras de Bauman (2005), los extraños de cierta forma tenían un lugar significativo puesto que retroalimentaban al estado con su existencia en la construcción de formas disciplinares. Las instituciones creaban mecanismos para diluir las diferencias, principalmente culturales creando semejanzas con los modelos nacionales. “La idea de “identidad”, una “identidad nacional” en concreto, ni se gesta ni se incuba en la experiencia humana “de forma natural”, ni emerge de la experiencia como un “hecho vital” evidente por si mismo” (p.49).
Cuando el estado-nación avanza en su descomposición, la exclusión se convierte en una estrategia continua, se acentúan las fronteras del orden, lo que no se puede encausar es mejor alejarlo. En el terreno de lo colectivo la experiencia de los grupos minoritarios, de las comunidades que han permanecido, de recuperar sus estrategias para sobrevivir cuando la libertad no tiene recursos unidos, en palabras de Bauman (2001) “Comunidades naturales de origen” (236) hacia las que se mira con esperanza como los dignos albaceas de la racionalización, la superación de la aleatorización que el estado nación fue incapaz de hacer. La libertad embriagadora y la horrible incertidumbre quieren tener un final feliz.
“La modalidad organizativa que se propone es la que se recupera del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, “Fue nuestro camino siempre que la voluntad de los más se hiciera común en el corazón de los hombres y de las mujeres, de mando. Era esa voluntad mayoritaria el camino en el que debía andar el paso del que mandaba. Si se apartaba su andar de lo que era la razón de gente, el corazón que mandaba debía cambiar por otro que obedeciera. Así nació nuestra fuerza en la montaña, el que manda obedece si es verdadero, el que obedece manda por el corazón común de los hombres y las mujeres verdaderos.”
Los significados que se cruzan en el campo de la organización manifestada en tanto movimientos sociales, están en el llamado a los iguales, “de corazón” de “participación” se filtra el sentido de lo comunitario, lo que hermana a grupos étnicos, a las minorías. El estudiante deviene en minoría, por su posibilidad de inserción laboral, por su promesa de futuro; se hermanan de pronto con otra minoría, la de los indígenas, ambos grupos excluidos de las políticas de bienestar social, los extraños del orden del consumo, de la competencia, más aún si hablan de la organización de grupos en una sociedad donde impera lo individual, estos extraños (los universitarios) se adscriben a la organización indígena quizá como una posibilidad de lograr la supervivencia, aprender de este grupo de extraños cómo permanecer en un orden social que los considera amenaza.
Gran parte de la historia del joven, en el plano de los movimientos sociales adopta una suerte de unidad motivada en gran medida por la segregación que tiene que ver con la insuficiencia de las instituciones para insertarlos, sin dejar de advertirlos como un riesgo, como algo que amenaza permanentemente al sistema. Muy a pesar de que éste último ha dejado de ser fuente de abastecimiento de su bienestar. Para el caso mexicano, esta latencia gradual está también dada en los espacios urbanos y de educación superior, en donde se sitúan regularmente los puntos de conflictividad.
Es así también que enajenándolo de su participación social, el joven sea visto como un conjunto de coetáneos que pueden poseer un sentimiento de contemporaneidad, toda vez que una historia de acontecimientos es compartida por el recuerdo de lo que les da cierta identidad como grupo de edad endoculturizado en un mismo tiempo y contexto. Esto se debe según Touraine a que la invocación del sujeto aún está constreñida por la situación social, su herencia cultural y la historia de su personalidad, sin lograr combinar las libertades personales y las decisiones colectivas.
En el marco de esta discusión el futuro de la diferencia se construye y le da significado a la libertad. La teoría comunitaria y el liberalismo son ideologías modernas creadas bajo condiciones modernas, donde el individuo, tiene la posibilidad de elegir.
La diferencia de los liberales es diferente de la de los comunitarios, en los liberales la refieren en el sentido de lo externo, en las posibilidades de elección de formas de ser y de vivir, la de los comunitarios es de tipo interiorizado, se relaciona con la determinación, con el destino, y se relaciona con la incapacidad de considerar otro tipo de vidas.
La libertad acotada, regulada por el estado, adquiere significados ilimitados toda vez que el límite lo establece el individuo, puede elegir y tener una vida propia, los lazos sociales limitan, desafían la propuesta comunitaria donde el origen constituye destino
Los sentidos redimensionados en las sociedades de consumo de búsqueda de libertad individual o de libertad de la comunidad dan salida a una realidad abrumadora, la que señala la incertidumbre, el abandono, la libertad sin recursos, aquella que coloca la diferencia nuevamente en el lugar de la exclusión, la que evidencia la carencia de un proyecto de integración que muestra los límites de sobrevivir, de permanecer. Ahora la libertad adquiere limitaciones en su potencialidad, y, en la medida que el compromiso es individual, la libertad acentúa la condición social. Es en ese espacio donde las comunidades étnicas se convierten en los interlocutores más aguerridos, como comunidades minoritarias están luchando por mantenerse, luchan por conservarse como tales, es decir como comunidades. Esto significa que están luchando por algo más que sus derechos como individuos, y por encima de la lucha de los derechos individuales, está la supervivencia, lo que significa la continuación de la comunidad a través de generaciones futuras.
Mandar y obedecer, una estrategia que remite a prácticas ancestrales que han permitido la organización de las comunidades en escenarios indígenas donde el compromiso es con la colectividad, donde el colocarse en el lugar del otro redimensiona los derechos y libertades individuales.
Tello Peón N, De la Peña Mena J. A. y Garza Falla C. (2000). Material de particular importancia en el presente trabajo puesto que recoge las principales crónicas periodísticas de debate sobre el conflicto de la UNAM en periódicos como Excélsior, El Universal, La Jornada, entre otros.
Al inicio del conflicto se presentó un “pliego petitorio” con seis puntos, después de las primeras aprehensiones de los estudiantes se incluyó un séptimo punto que incluía la liberación de los detenidos.
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