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  No.7 Enero-Marzo 2008        TEMA: MESIANISMOS     REVISTA DE MIROPOLITICA Y SUBJETIVIDAD MESIANISMOS

 

Presentación

La letra ausente. Revista de micropolítica y subjetividad

 

CONDICIÓN MESIÁNICA:

RESISTENCIA, DISIDENCIA Y FUTURO

POR: CÉSAR ROBERTO AVENDAÑO AMADOR

 

 

Todavía resulta incómodo en diversos espacios académicos el abordaje de problemáticas sociales con categorías cuyo origen se desprende del bagaje religioso. Incluso ocasiona problema a quienes, sin percatarse de ello, sostienen tesis polémicas en espacios cotidianos que por la vía del discurso introducen subrepticiamente en la producción del saber en ciencias sociales. Así, no resulta extraño que se acepte la afirmación marxista de que “la religión es opio del pueblo” o la freudiana que reza “la religión es una neurosis obsesiva”, la skinneriana que señala que la “conducta religiosa es en esencia supersticiosa”, o la sentencia positivista que predecía la desaparición del saber religioso en la medida que el conocimiento científico avanzara. Si bien resulta cómodo en diversos escenarios cientistas aceptar las anteriores afirmaciones, poco común les resulta, a quienes las aceptan detenerse en el análisis crítico de razonamientos que suponen; que la llegada del proletariado al poder redistribuirá la riqueza y humanizará a las sociedades, que la ciencia resolverá los dilemas humanos, que el conocimiento científico es superior a cualquier otro en la comprensión humana. Sorprende encontrar pocos críticos que coloquen el conocimiento científico en una vuelta a su humanización, en especial a los aspectos que corresponden a la promoción de creencias.

 

Acepto que en estos momentos el conocimiento se encuentra en un estado de incertidumbre, aunque no pocos esfuerzos se empeñan en sostener lo contrario. Las iniciativas extremas que buscan devastar el orden natural nos coloca en riesgo, la organización social deshumaniza las relaciones de grupo, instituciones y sociedades, el proyecto neoliberal aparece como una sentencia de muerte, sus productos resultan amenazantes de un futuro que se percibe poco claro para las generaciones venideras, en este contexto los denominados “científicos” asumen el encargo de continuar con la inercia destructiva. En escenarios parecidos, el pasado ilustra los modos en los que se ha propiciado la irrupción de dispositivos “salvadores” que operan en la creatividad colectiva. Derivan en la organización, el sueño, la esperanza, la imaginación colectiva, se hace posible organizar, vivir y pensar el mundo de modo distinto, desde distintos lugares y con dosis considerables de mesianismo; la religión en el pasado, la sociedad secular en la ilustración, la ciencia también participa de esquemas mesiánicos y en ella algunos campos de conocimiento se han distinguido por su producción “salvadora”; de enfermedades, fanatismos, retrocesos, engaños, falsaciones, etc.

 

En el caso de los movimientos de resistencia o disidencia social, seguimos sosteniendo que no pueden reducirse a condiciones económico-políticas o a condiciones político-institucionales, se hace necesario apelar, para su comprensión, a las condiciones vitales de existencia, esas que permiten resolver dilemas inmediatos, donde la existencia adquiere sentidos cercanos para resolver lo más apremiante y sentidos distantes para sostener las prácticas cotidianas que apuntan a un futuro mejor, o distinto al que se vive.

 

Por ello, resolvimos presentar un número provocador y abordar el campo de lo mesiánico, con el afán de explorar una ruta vinculada a la producción de esperanzas y apelar a la imaginación sociológica para indagar con prudencia crítica un campo demasiado adjetivado negativamente en el contextoí latinoamericano y particularmente entre los científicos dedicados al estudio socio-humano. Eso que se ha denominado mesianismo y que frecuentemente se le emplea para descalificar a políticos, religiosos, luchadores sociales o cualquier iniciativa tendiente al beneficio colectivo que además tiene la virtud de fortalecer movimientos de resistencia y disidencia. En el entendido que supone un estado de permanente producción de sentidos de futuro inmediato y a largo plazo, frente a un estado de opacidad y privación de producción de valores sostenido desde distintos poderes y donde se hace difícil identificar producción de espera de mejores condiciones de existencia.

 

El pasado inmediato

 

Los eventos que se desataron en la segunda mitad del siglo pasado en América Latina enriquecieron sobremanera las expresiones de mesianismo vinculadas a la circunstancia de la región. Diversos movimientos enfrentaron el avance imperial y recientemente la llamada globalización, expresión acabada del avance de poderes centralizados en grupos familiares, ha multiplicado las formas de resistencia a los poderes hegemónicos y ha diversificado los modos en los que se expresan las disidencias. De particular interés para la región son; la revolución cubana y sandinista, los procesos electorales de la república de Chile que llevo a Salvador Allende al poder y la derrota de los regímenes militares de la región.

 

A estos acontecimientos en América Latina, le acompañaron cambios sustanciales en otras latitudes que fortalecieron la expresión de mesianismos que auguraban futuro a los grupos sociales desplazados de las decisiones y el beneficio del reparto de la riqueza. La resistencia Vietnamita con Ho Chi Min, el comunismo de Mao en China, la primavera de Praga en Checoslovaquia y la revolución de los claveles en Portugal hacían pensar en el advenimiento de un mundo mejor, donde el eje orientador de los posibles nuevos mundos era la desaparición de la propiedad privada.

 

En efecto, el conjunto de movimientos sociales tendientes a la disolución del llamado capitalismo aspiraba destruir la propiedad privada. Con ello, se esperaba una redistribución del poder decisorio y de la riqueza generada, los pobres podía esperar un mundo más bondadoso, donde las clases sociales cedieran lugar a una clase trabajadora que se beneficiara colectivamente de los bienes producidos socialmente.

 

En los tiempos que corren, particularmente en América Latina, diversos gobiernos de izquierda que han llegado al poder, toman la estafeta con la decisión de defender la riqueza como un bien colectivo, reivindican a los sectores marginados, con la consecuente provocación y escándalo de los medios de comunicación aliados a los poderes económico-políticos. Se esfuerzan por descalificar las propuestas, así sea mediante la agudización del encono social, Hugo Chávez, en Venezuela, Evo Morales, en Bolivia, nuevamente el sandinismo en Nicaragua, y casi Andrés Manuel López Obrador en México. Analistas “prestigiosos” de los medios se han dedicado groseramente a calificarles de mesías, sin oposición mediática se dedican a repartir calificaciones, “peligrosos”, “locos”, “enfermos”, “trasnochados”, “socialistas pasados de moda”, sin ser capaces de escuchar a quienes comparten las lecturas de estos “mesías”, población numéricamente en crecimiento que escuchan, leen y proyectan un clamor compartido por los más vulnerables, golpeados y olvidados socialmente.

 

Baste recordar que en buena medida, occidente se forjo bajo la protección de mesías que abonaron en la producción de esperanzas, se propusieron recomponer los sueños sociales, lograron movilizar multitudes y coronaron su esfuerzo con la irrupción de movilizaciones sociales que han permitido avanzar hacia sociedades más sensibles, comprensivas y tolerantes en diversos aspectos de la vida social.

 

El mesías y los mesianismos sociales, no pueden reducirse al despliegue de lecturas simplificadoras que sobredimensionan aspectos “negativos” implicados en personas o grupos sociales que promueven un reparto más equitativo de la riqueza del mundo. El reparto desigual es un hecho social, hay pobres, muchos de ellos mueren sin atención medica, sin recursos, en nombre de la defensa social se les margina y orilla a dar cause a la producción de expectativas que suelen materializarse en luchadores sociales, por ello no negamos a participar de una lectura simplista que emplea el argumento del “mesías” o el “mesianismo” para descalificar cualquier esfuerzo que abone a la equidad.

 

Más todavía. El mesianismo no es una condición que condense sólo las prácticas sociológicas, alcanzan dimensiones personales, hay una presencia mesiánica en cada uno, cotidianamente se expresa en los esfuerzos encaminados a salvarnos o salvar a otros de esas condiciones que solemos comprender como “estados de perdición”. O qué no asumen los “expertos”, “analistas” políticos o los “responsables” de noticias dicha condición mesiánica, cuando se dedican a “advertirnos” de los riesgos de seguir al “mesías” condenado por sus ideologías y pretensiones mesiánicas. Suponer que la “población”, el “pueblo” o la “sociedad” no es capaz de autorregularse, se comienza a pisar el terreno resbaladizo del mesianismo.

 

Podríamos extendernos en los ejemplos, con los enunciados arriba basta para sostener la importancia del tema abordado en este número, el rico contenido teórico nos introducirá al complejo mundo de los mesías y mesianismos, no agotamos sino introducimos en un tema que no es sencillo de digerir y que apenas y esbozamos algunas de las aristas contenidas en esta expresión social, tan cercana para considerarla con seriedad y tan dinámica para reconocer a quienes con desfachatada sencillez pretender condenar un mundo social que espera su momento, en un momento en el que les ha tocado vivirse en la marginalidad con las únicas alternativas; resistir o disentir, si no es que ambas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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