
La Letra Ausente
www.laletraausente.com
SECCIÓN: AULLIDO
UNA NOCHE DE CUERPO DESABRIDO
Por: NANCY GUTIÉRREZ HERRERA
Algo presiona mi cuello, despierto sobresaltada pero sin movimiento alguno. Una vez más contemplo entre sombras la grieta enmohecida en mis párpados, lleno mis pulmones de un vago suspiro contaminado de ausencia. He deslizado mi mano entre las sábanas para cubrir mi frente desabrida, esta noche, como hace tantas, también me he negado el lejano consuelo del humor a sal.
No puedo soportar el aliento de su sueño sobre mí. Desprendo su brazo del rededor de mi garganta y lo abandono en la almohada. Me incorporo tratando de no mover la cama; cierro los ojos.... ¡vamos! Como pesa mi cabeza entre las manos.
Por el espejo veo la ciudad reflejarse en mi espalda, la luz de la ciudad rompiendo el espacio de la ventana y dibujando cada vértebra de mi cuerpo valiéndose de un trozo desgarrado de luna en el cielo ¿tiene algo de vivo esto? De nuevo náuseas; sino hubiera vomitado todo antes de dormir, pensaría que quiere ser expulsado, quizá mi abdomen se contraiga sólo por costumbre.
Un cigarrillo, dos, tres... cinco; ahora la ausencia se ha contaminado de humo y se resiste a entrar a mi pulmón. Ya de pie, a un costado de la cortina, ese cuerpo sudoroso sobre la cama me da asco: efervescente entre la sal de su piel.
Recorro vigorosamente mi cuerpo: el cuello, los senos, mi vientre... todo, con las manos abiertas, y lo único que quedó impregnado es una ligera fragancia de olor marrón, derramada también en las sábanas.
Este lugar no pertenece a mí, lo único que recuerdo constante es el cuerpo desmayado sobre la cama, es el mismo, tantas personas y es el mismo: fuerte, voluminoso, frágil, viril, y hasta con un hueco entre las piernas. Me he enredado en sus cabellos largos y he comido de sus senos, le he sentido penetrar mi cuerpo y raspar mi cuello con su crecida barba con fallidos intentos por excitar mi deseo rozándome la piel, a veces con su textura lisa y carnosa; a veces con sus crujientes huesos y erizada tez... ahora mismo le veo sumido en la oscuridad y no recuerdo si me hundí bajo su vientre o le dejé raspar mi piel. Sólo lo siento fuera de mí, extraño a mí.
Constante al reloj el sueño me ha abandonado a la misma hora. Al otro lado de la ventana la ciudad sigue, pasa y no se conforma con su desperdicio sobre mi cama robando mi identidad, no se conforma con brillar frente a mí, ni con invadir mi habitación y lastimar mi espalda, también me arranca el sueño justo a tiempo para sentir morir la noche.
La ciudad bajo el sol, aislada de mí, del otro lado de la ventana: inmunda y perdida...
Pero hoy tú me mirarás y no volverás a pasar, no saciaré más tu desdén, mira cómo rompo la ventana que me separa de ti, mira cómo me río de que me abortaras de tu vientre, maldita hija de mi alma putrefacta... me huyes ¿verdad? Tu asqueroso desperdicio ha saltado de mi cama para correr a tus brazos, siente cómo regresa a ti: sudoroso y agotado.
La noche agoniza análoga a tu último aliento... ¡no rías! Haré que no muera como siempre, te la voy a robar y te la secuestraré dentro de mí, no amanecerá jamás... de noche para siempre.
La noche oscura con su desgarrado trozo de luna latiendo en mi pecho, la noche oscura limpiando la ausencia de mis pulmones... se han ahogado mis ojos y ha quedado limpia esa grieta que estuvo enmohecida... dejo pasar el aire hacia arriba de mí.
Me he desecho de mi cuerpo desabrido por la ventana y le miro caer con la noche en su interior.
