No.9 ABRIL-JUNIO 2008    TEMA: DECIRes Cuerpo     REVISTA DE MIROPOLITICA Y SUBJETIVIDAD 
la letra ausente Revista de micropolítica y subjetividad

 

 

La Letra Ausente
 www.laletraausente.com

SECCIÓN: LA TRAMA DEL OTRO

ALICIA EN MIS OJOS:
TRES ESPEJOS

Por: TANIA SANDOVAL NAVA

 

La lectura de “Alicia  en el País de las Maravillas” y de “A través del espejo” de Lewis Carroll interroga la visión que tengo de mí y del mundo.

Me pregunto en qué puntual  momento lo que “llegó” a mis ojos se  convirtió en visión, en la imagen del “mundo” como propia mirada.
Me pregunto en qué preciso  instante mis pupilas vacías comenzaron a ver.  
¿Me enseñaron a ver?
¿Quién habita mis ojos?
Si mis ojos son ojos que aprendieron a ver ¿Cómo dar cuenta de eso que rebasa los límites de mi “propia” mirada?
¿Es posible mirar más allá de las formas que perciben mis ojos?
¿Es posible que el mundo pueda ser diferente, más angosto o más amplio que las fieles certezas con que observan mis ojos?
¿Es posible que vea sin “pagar” por mirar?
¿Cómo ver lo que existe más allá de la vista que limita mis ojos?
 
Me pregunto qué será lo que los ojos miran cuando aún no ven.

Pienso en el montón de sensaciones que nos inundan y rondan al nacer y que no logramos ubicar ni relacionar con nada.
Pienso en el absoluto vacío inicial en los ojos.

Me pregunto que ven los ojos que nos ven y si la mirada de los otros nos hace ver.

Me sorprendo pensando mi mirada; seguramente en ningún otro momento había pensado en mis propios ojos como visión del mundo o en aquello que nos hace ver.

 

Primer espejo.

La lectura de Lewis Carroll me recordó la experiencia que viví en Chiapas cuando por necesidad un grupo de personas tuvimos que atravesar una parte de la Selva Lacandona y nos alcanzó una densa oscuridad nocturna. Advertí que para “caminar” en la selva  me amparaba demasiado en mis ojos y que mis ojos resultaron ciegos para ver. También me percate que los indígenas que nos guiaban lograban ver con algo más que sus ojos; ellos veían a través de su escucha y también con la nariz y seguramente también con el resto de su cuerpo; conocían la ruta y se desplazaban como “Juan por su casa”: “Ya lo oliste compadre, anda ahí, anda ahí” y hablaban de la presencia de algo que yo no había ni siquiera escuchado; hablaban con tal seguridad de  un animal y hacían referencia con un alto grado de precisión al sitio donde se encontraba; un simple lamparazo, que no duraba más que un instante, era suficiente para verlo a través del reflejo de la luz en sus ojos . Yo, sin embargo, a pesar de escuchar lo que decían, o más bien sin capacidad para escucharlos, no dejaba de sentir la presencia  de un feroz y enorme animal que nos asechaba y asaltaba por todos lados; luego supe que se había tratado de un mapache y  en otro momento de algo parecido a un jabalí.

También recuerdo que la misma distancia recorrida a pleno sol, ya de regreso, resultó ser un pasaje por la selva sin mayor misterio; aquella inacabable travesía nocturna no duró más de dos horas y ello también me sorprendió.
También recuerdo que en aquel recorrido a oscuras por la selva una especie de pánico me agarro de los talones; mis pasos se tornaron inseguros, mis piernas no eran firmes y, a pesar de ir en grupo, me sentía sola y como a merced de esa situación inédita y ajena hasta entonces para mi. A momentos mi cuerpo dejaba de ser mi cuerpo, mis brazos extendidos se convirtieron en la tensa extensión de una vara  que llevaba agarrada con mis manos, en un intento de disminuir esa especie de inevitable sensación de que en algún momento iba a caer, tropezar o chocar con algo.

Ahora me pregunto, no sin tener en cuenta la aventura de Alicia, si para alguien, que no fuera yo, esa sensación de sentirse extraviada y a merced de un “otro” mundo pudiera resultar placentera.

Me pregunto por la suma de sensaciones que podríamos haber referido, si cada uno de los integrantes de aquel grupo hubiera tenido la oportunidad de compartir su vivencia y el  relato de lo que sintió y pensó en aquel momento.

También me interrogo porque sentí más miedo que placer, y si eso necesariamente tendrá que ver con la imagen que tengo de mi cuerpo, la manera como me he apropiado o no de él y de la forma de ubicarme en el mundo.

Ahora digo más y me pregunto:

¿Por qué puedo decir que este cuerpo que digo es mi cuerpo, es mi cuerpo?

¿Qué “poder” tiene Alicia para entrar al espejo sin llenarse de angustia y sin perderse?

En la selva, es posible decirlo, me aferré a la certeza de mi ser, ahí, en un intento de no perderme; podría decir que estaba demasiado en mí como para evitar dejarme escapar y hasta para anticiparme al enorme animal imaginario que en cualquier momento, ya lo dije, podía no sorprendernos sino sorprenderme.

 

Segundo espejo.

En mayo del 68 los jóvenes, no sólo franceses, proclamaron de diversas formas “La imaginación al poder”, la creatividad al poder, la sexualidad al poder, la alucinación al poder.

Los muchachos y muchachas, en esos años y los que siguieron, no dejaron de meter el cuerpo. 

Los muchachos de los sesentas fumaron marihuana y experimentaron con aquello que los hizo alucinar.

Con lo que llamaron “la honda” llenaron el mundo de sonidos estridentes y pintaron el mundo de colores vivos, se plantearon la liberación del cuerpo y el cuerpo pasó a hacerse  más presente por el lado del placer y la búsqueda de nuevas experiencias de interacción y convivencia, las comunas fueron una apuesta, los jóvenes se volvieron artesanos y recrearon y recuperaron diversas formas de subsistencia haciendo lo que les gustaba, se sabe que cambiaron sus hábitos alimenticios y también que hicieron del espacio una especie de trinchera desde la que proclamaron el amor y la paz; estas diversas maneras de habitar el mundo crearon otro mundo, otra manera de verlo y saberlo mundo.

También recuerdo la foto de una bella “Alicia” vestida con atuendo de colores, cabello suelto y un rostro iluminado por una hermosa sonrisa; la veo avanzar frente a la hilera de policías o soldados colocando una viva flor en el cañón de las armas que sostienen, apuntando hacia los jóvenes, entre sus manos. Esa imagen de esa otra bella “Alicia” quedó grabada en mí y me parece que se necesita mucho valor y mucha convicción para meterse en ese territorio, avanzar firme, girar la situación y retornar airosa.

 

Tercer espejo.

La Alicia de Lewis abre la posibilidad de pensar que la realidad puede ser de otro modo; abre la posibilidad de tomar distancia con respecto a la manera de pensar el mundo y de pensarnos a nosotros en el mundo.

Alicia cuestiona los límites de la razón; pienso en otra consigna también del mayo de Alicia:

“Debajo de los adoquines esta el mar”

¿Es tan extraño o difícil pensar que pueda ser así?        

En una publicación electrónica, a la que se accede tecleando laletrausente.com, se lee en la presentación del número cinco, dedicado a los movimientos gestados por la rebeldía juvenil, que “los griegos tenían la lozanía de llamar al discurso de la razón el discurso del Amo” y que para ir más allá del discurso del amo la apuesta de los rebeldes tendrá que sostenerse en el “desvarío”.

No puedo decir, porque no tengo elementos para sostenerlo, que en la Alicia de Lewis Carroll haya implicaciones políticas y que este autor se haya propuesto cuestionar los límites de la razón; digo y sostengo lo que a mi me hace decir y también comento que después de su lectura ya no me es posible mirar lo que miro sin interrogar o poner en cuestión mi forma o manera de mirar las cosas. ¿Por qué miro lo que miro, qué es lo que ha hecho y hace que mire así; qué hay detrás o más allá de mi mirada? Ahora sé que si quiero lograr ir más allá de lo que soy necesito aferrarme y explorarlo.

Quiero cerrar este breve ensayo de pie frente al espejo:

Si estoy de frente mi espalda no se ve y la imagen que devuelve el espejo solamente es el reflejo de mi superficie; es decir, una imagen superficial ¿Esa soy yo? ¿Es posible saber de mí sin hablar conmigo? ¿Es posible que yo no me sepa?

La imagen que el espejo devuelve siempre es parcial porque uno no puede verse todo:

Cuando giro mi cuerpo para mirar la parte que se oculta a mi vista, al tiempo que esta se muestra la anterior se esconde, algo escapa de mí.

Ya lo veo; soy la parte visible además de la oculta; soy también aquella parte en mi que no alcanzo a mirar, ni siquiera a nombrar.

¿Qué hay “detrás” de la imagen que nos muestra el espejo?

¿Es posible saber lo que no sé de mí sin preguntar quién soy para no cuestionarme? 

Desde mi punto de vista, no hay nada menos frágil que la capacidad  para admitir la realidad que nos “desnuda” o aquella realidad que parece poner al descubierto lo que de nosotros no queremos admitir o reconocer como propio.

 

CONCLUYO

¿Es posible decir que en Alicia se muestra el deseo de saber?

¿Cada experiencia nos transforma?

¿Sólo se aprende de aquellas experiencias que nos hacen crecer o también de aquellas que nos muestran pequeños?   
¿Tememos o deseamos saber lo que no sabemos?
¿Por qué la actitud de someter y dominar a través del saber?
¿Por qué la realidad debe ser como dictan las formas que se imponen como verdaderas?

Me parece que Lewis Carroll muestra otra manera de acceder al saber a través del encuentro con lo desconocido, vía la propia experiencia.

A diferencia del escritor que dice de  él a través de sus personajes; el científico, que penetrar la realidad con el propósito de conocerla para dominarla, poco o nada se muestra.

Me pregunto:

Si lo que soy tiene que ver con lo que me hicieron ser, también lo que llamamos realidad corresponde a un modelo que reproduce y, si esto es así, al igual que yo  también en ella algo de la realidad se oculta.

¿Quiénes, cómo y por qué determinaron que la realidad debe ser así y no de otra manera; a quiénes beneficia que esta realidad se mantenga, reproduzca y perfeccione y a quienes afecta? 

¿Cuál es el sentido de afirmar una manera de vivir como la verdadera y de descalificar otras?

¿Qué hace posible en Alicia que no retroceda ante algo que es totalmente diferente a lo que ella esta acostumbrada a ver o de aquello en lo que ella vive?

Pregunto, más allá de la ficción de Lewis:

¿Podría una niña o un niño soportar que sus muñecos le hablen? o ¿en qué momento una niña o un niño adquieren la razón que les indica que eso no es posible y que suponer lo contrario los ubica en la locura? y, con esto, ¿en qué momento un niño o una niña aprenden que es equivocado o un signo de locura pretender que la realidad y lo que la sostiene puede ser diferente?

¿En qué momento la cultura y la razón nos hacen perder la habilidad para atravesar el  espejo?

¡Bienvenido el espejo que nos saque de nosotros mismos; bienvenido el encuentro a través del  desencuentro!

 

Bibliografía.

Lewis Carroll; Alicia en el país de las maravillas.
Ibid; A través del espejo.

 

 

 

 

    

____________
____________
____________
____________
____________

La Trama del Otro

De Cuerpo Presente

El Nicho de lo Absurdo

Aullido

Coloquio de Soliloqios

El Ombligo del Poder

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Moshe RosenthalisMoshe RosenthalisMoshe RosenthalisMoshe Rosenthalis